Formas de ayudar a las almas del Purgatorio

El párroco, en su informe, hace resaltar que la acción desarrollada por María Simma no es sólo ayudar, ella misma, a los difuntos, como siempre lo hizo, sino también hacerse celosa promotora de la ayuda de los vivos a las almas del Purgatorio y a los moribundos.
En todos sus encuentros con la gente, y también en las páginas de su diario, siempre indicó, con insistencia, los medios de ayuda, pedidos también por las mismas almas: … Misas, Rosarios, ofrecimiento de los sufrimientos, Vía Crucis, obras caritativas; entre estas, sobre todo, ayuda a las Misiones que, a decir de las almas, son de grandísima eficacia para los difuntos.
Se indican luego medios menores de ayuda que s suscitan nuestra sorpresa y curiosidad, y por eso quiero referirlos, en parte, textualmente:
“EI encender velas ayuda a las almas: ante todo porque esa atención de amor les da una ayuda moral: luego porque las velas son benditas y disipan las tinieblas en las que se hallan las almas. Un niño de 11 años, de Kaiser, pidió a María Simma que orase por él. Estaba en el Purgatorio porque, el día de los fieles difuntos, apagó en el cementerio las velas encendidas en las tumbas y robó la cera para diversión.
Las velas benditas son de mucho valor para las almas. El día de la Candelaria, María Simma debió encender dos velas por un alma, mientras soportaba por ellas sufrimientos expiatorios “.
“Echar agua bendita mitiga los sufrimientos de los difuntos. Un día María Simma pasando echó agua bendita por las almas. Una voz le dijo: “¡Mucho más aún! “.
“Todos los medios no ayudan a las almas de la misma manera. Si durante su vida alguno tiene poca estima por la Misa, no le aprovechará mucho cuando estará en el Purgatorio. Si alguno no tuvo corazón durante su vida, recibe poca ayuda. quienes pecaron difamando a los demás deben expiar duramente su pecado. Pero quien en vida haya tenido un buen corazón, recibe mucha ayuda “.
“Un alma que había descuidado de asistir a Misa, pudo pedir ocho Misas para su alivio, porque durante su vida mortal había hecho celebrar ocho Misas por un alma del Purgatorio”.
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Cruz y confesión

En la Pasión según San Juan Jesús confiesa ante Pilato:

“Para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la Verdad”

 

Cuál es la verdad que Jesús confiesa? La Verdad del Amor infinito del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo que nos perdona los pecados.

 

Hay un sacramento en el que nosotros tenemos la oportunidad de dar testimonio de la verdad, de nuestra verdad: la confesión.

“En la confesión  reconocemos que hemos entendido algo de lo que el Señor hizo por nosotros en la cruz, y lo sigue haciendo en cada comunión”. 

En la Comunión Jesús se nos da subjetivamente con todo su amor.

Nosotros lo recibimos objetivamente en nuestra boca, más allá de que lo hagamos con total conciencia y reconocimiento.

En la Confesión, en cambio, cada uno puede imitar la entrega total de sí mismo que hace Jesús, haciendo un esfuerzo subjetivo por reconocer y entregarle sus pecados. Jesús ya los conoce, conoce los pecados de cada persona, y los asumió en la Cruz y pidió al Padre perdón por todos: Padre, perdonalos porque no saben lo que hacen. Y cuando yo hago el esfuerzo por clarificar mis pecados y pido perdón, me igualo un poquito con Jesús. Por supuesto que siempre recibo la absolución objetivamente, pero el esfuerzo personal me acerca a Jesús en mi pequeña medida: doy testimonio de mi verdad. No puedo hacer que la Sangre de Cristo lave los pecados de todo el mundo, pero sí puedo hacer que caiga con precisión sobre mis faltas de amor y que me cure y me perdone allí donde yo sólo se que necesito ser purificado y perdonado.

Al clarificar con pena íntima y con dolor en qué he pecado estoy dando testimonio de la Gracia de Dios contra la que fallé y también de la Gracia que me perdona. Estoy dando testimonio personal de la eficacia del sacrificio de Cristo en la Cruz. Hago el esfuerzo para que lo que él hizo y dio por mí –su Sangre- no sea en vano. Le permito que llegue líbremente allí a donde fue dirigida la efusión de esa Sangre bendita: a perdonar los pecados del mundo. Dejarlo que me perdone mis pecados es colaborar con Cristo en su tarea redentora. No puedo mejorar mucho este mundo: mis acciones buenas son una gota de agua en el océano, pero sí puedo ofrecer el mar de mis pecados para que una gotita de la Sangre del Señor los purifique todos y pueda su Espíritu reinar en mi alma sin tristezas, estando en comunión plena con el Señor.

En otros sacramentos sólo recibo (el bautismo de niño, la comunión…), sin mucha conciencia. En la confesión también puedo dar. Aunque parezca paradójico el hecho de dar mis pecados es mucho más que sólo dar mis pecados. Porque el pecado siempre implica una gracia mayor a la que desprecié, rebajé o contrarié. Al purificarme de mis pecados dejo que brille el don mayor de la gracia que se me dio. Al pedir perdón por haber ofendido a mis padres, por ejemplo, confieso el amor que les tengo y ese amor al quedar purificado de una ofensa momentánea brilla en todo su esplendor.

 

La vida de los cristianos siempre es paradójica. Es participación de la Vida de Cristo, muerto y resucitado. Y esta participación en la Cruz y la Resurrección no es algo que se de según una lógica humana, como si primero viniera la muerte y luego la resurrección. En la confesión sacramental es donde mejor se ve esta unión misteriosa entre muerte y resurrección. Cuanto más clara es la confesión de mi pecado como muerte –con mayor conciencia y con mayor dolor y pena- mayor es la experiencia de la resurrección que siento al ser perdonado.

 

Confesarme en Viernes Santo, día en que no se celebra la Eucaristía ni los demás sacramentos de vida, es la mejor manera –la única, la más personal- de participar de la Redención del Señor, aportando esa materia –mis pecados- con los que la Misericordia infinita de Dios obra maravillas.

Dios-94

El Libro de la Verdad Volumen 1 para descargar

 EL LIBRO DE LA VERDAD
Volumen 1 (español)
La Biblia” El Pueblo de Dios”
Iglesia Católica (español)

Honor a quien honor se merece

Juan Pablo II-3

La Mantilla

En la sección de preguntas y respuestas de una popular revista católica, una mujer hizo esta pregunta, “¿Porqué será que las mujeres están empezando a usar nuevamente la mantilla?” Quizás pensó que Roma había cambiado sus enseñanzas y ahora quería que las mujeres volvieran a usar mantillas.     Este folleto tiene la finalidad de enfocar la mantilla en su relación con las enseñanzas de la Iglesia, las Sagradas Escrituras y la Tradición Sagrada. Esperamos que arrojará luz sobre algo que en sí mismo pueda parecer insignificante, sin gran importancia en relación con el mensaje del Evangelio; pero que al ser mal interpretado, es como un hilo que al jalarse en un suéter puede deshilar todo el suéter.     Puede preguntarse: ¿Cuándo y por qué la Iglesia cambió la enseñanza de que la mujer debería cubrirse la cabeza al asistir a servicios dentro de una iglesia? La respuesta es que la Iglesia nunca ha cambiado esa enseñanza. El Magisterio no ha dicho nada que indique que se haya abolido llevar  una mantilla. Usted podrá extrañarse y decirse a sí mismo, “¡Estoy seguro que esto no puede ser verdad! Nadie, a excepción de unas cuantas anticuadas que no toleran cambios, llevan mantilla en estos días. De hecho, hasta se nos ha dicho que usar mantilla podría ser señal de soberbia, ya que “estaríamos llamando la atención hacia nosotras mismas.” Con esta lógica, una estaría obligada a volverse nudista si el nudismo se hiciera popular. ¿Y qué de las primeras mujeres que dejaron de usar la mantilla? ¿No lo hicieron desafiando las enseñanzas de la Iglesia con el propósito explícito de llamar la atención? Vean cómo semejantes afirmaciones parecen absurdas cuando se enfrentan a la lógica. ¿A quién se le ocurre pensar que se cometería el pecado de orgullo por tratar de ser fiel a lo que la Iglesia ha enseñado durante aproximadamente dos mil años? Usted también podría ser una de las miles de mujeres a quienes se les ha informado que el uso de la mantilla es una antigua costumbre judía, símbolo de la opresión de la mujer – cuya costumbre proviene de un pueblo que trataba a las mujeres como a ganado. Esta declaración fue hecha durante una ceremonia matrimonial desde el púlpito de una iglesia católica. Las lecturas escogidas por la pareja contrayente se relacionaban a la sumisión de la esposa a su esposo. A la pareja le gustaba esta lectura pero al sacerdote no. Luego también está la mujer inválida que contó que había dejado de usar su mantilla hacía ya muchos años, después de que un sacerdote le dijera que ya se encontraba enferma y que la mantilla la hacía parecer aún más enferma. (¿Qué pasó con la tolerancia, la diversidad y la caridad cristiana?) Yo compartí con esa señora unas cuantas anécdotas relacionadas con la mantilla y ella gustosamente volvió a usar su mantilla, y se ve muy bien. Luego está el sacerdote que dijo que las mujeres que usaban mantillas estaban tratando de dar la impresión de ser “las más santas de todas.” Mi respuesta habría sido, “No es esto mejor que ‘las más mundanas’ o que ‘las más sensuales de todas’?” ¿Existe alguna duda de por qué tantas almas han abandonado la mantilla y también la Iglesia?
Doctrinas de la Iglesia     Tal como se dijo anteriormente, la Iglesia nunca ha cambiado sus doctrinas en cuanto a que las mujeres usen una mantilla. Lo más cerca que se puede llegar a este hecho, es que no se mencionó en el nuevo Código de Derecho Canónico publicado en 1983. Aquéllos que utilizaron este razonamiento dicen que las buenas católicas ya no tienen la obligación de usar la mantilla a causa de ello. Los estudiosos del Derecho Canónico saben que de ninguna manera se dijo que las mujeres no deberían de usar una mantilla. Pero, sólo por argumentarlo, digamos que el nuevo Canon habría dicho que las mujeres ya no deben usar una mantilla, que por supuesto no lo ha dicho. Aún tendríamos el período desde aproximadamente 1969 hasta 1983, cuando otras mujeres a través de los Estados Unidos  ya estaban abandonando el uso de la mantilla en violación directa del Código Canónico. Así que está claro que el Reglamento de la Iglesia no puede ser responsabilizado por el abandono de la mantilla, ya que había sido abandonada por muchas desde 1968, unos quince años antes de la publicación del nuevo Código. Por eso es que sería engañoso tratar de justificar su desobediencia utilizando la nueva ley. Reconocemos que a la vasta mayoría de las mujeres se les dijo que el Vaticano II había iniciado el cambio. (Por favor lea los documentos para encontrarlo. ¡No está allí!) Y como ellas, muchos católicos que se apoyan en el clero para las enseñanzas, fueron muy mal dirigidos.      En 1973, un periódico católico reportó que las mujeres podían botar sus pañuelos. (La palabra pañuelo se utilizó para burlarse del hecho de usar una mantilla como algo insignificante.) El artículo hacía referencia
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a un documento procedente de Roma en el que se decía que el uso de una mantilla era de menor importancia. Convenientemente omitieron mencionar lo que habría motivado este comentario. Esto fue en respuesta a la solicitud de algunos liberales pidiendo a Roma permitir la ordenación de las mujeres. Su argumento era el siguiente: Ya que la Iglesia habría permitido a las mujeres quebrantar la Ley Canónica, las Sagradas Escrituras y la Tradición en lo referente a la mantilla, entonces ¿por qué no quebrantar las enseñanzas de la Iglesia en cuanto a la ordenación de las mujeres? (Esta es la consecuencia normal de una desobediencia desenfrenada, nunca satisfecha.) Como usted puede ver, la declaración de Roma en cuanto a la mantilla se refiere, fue muy apropiada. El uso de una mantilla es de poca importancia cuando se le compara con la ordenación de las mujeres. Es muy sencillo para una mujer rebelde entrar a una iglesia sin una mantilla, pero no podrá en rebeldía ordenarse a sí misma. Tales mujeres desafiarán cualquier doctrina si se les interpone en el camino de lo que quieren lograr.      La mala información y las verdades distorsionadas no tenían como único objetivo la mantilla, sino que fueron responsables en gran parte del colapso de la asistencia a la Misa y de la creencia en la Presencia Real de Nuestro Señor en la Eucaristía. La asistencia a la Misa bajó de un 70% en la época del Concilio hasta un 25% hoy en día. Ningún negocio podría soportar esta pérdida y sobrevivir; sólo la Iglesia fundada por Cristo puede lograrlo, pero no sin haber causado gran sufrimiento a los hermanos y hermanas en Nuestro Señor. Parece que quienes distorsionan la verdad tienen una determinación demoníaca para continuar con su engaño diabólico sobre los hechos.
“Sólo es una pieza de tela”       Fuimos inducidos a creer que el asunto de la mantilla era una reliquia insignificante del pasado. Pueda que se le haya dicho que “sólo es una pieza de tela”. Una declaración como ésta es difícil de manejar para un teólogo, cuanto más para el católico promedio. Así que respiren profundamente y yo les demostraré cómo se puede responder lógicamente a tales declaraciones.     Visualice a una madre y un padre que acaban de perder a su hijo en el campo de batalla, un hijo que dio su vida en defensa de su patria. Estos padres se encuentran con un joven que está escupiendo y quemando la bandera de los Estados Unidos de Norte América. ¿Cómo suponen ustedes que esta pareja reaccionaría? ¿Es posible que se sientan enormemente molestos? ¿Puede usted comprender por qué se molestarían? Aun sin haber perdido un hijo, aquéllos que aman a su patria serían provocados a la ira. Luego imagínese al joven volteando hacia ellos, viendo su frustración y diciéndoles: “¿Cuál es su problema? ¡Sólo es un pedazo de tela!”. El joven estaría en lo cierto diciendo que sólo es un pedazo de tela, pero su declaración no sería completamente honesta. La bandera está siendo escupida y quemada por lo que representa, no por el material del que está hecha. Ahora bien, una persona que ni ama ni odia a los Estados Unidos, pueda que sea indiferente a la situación; pero aquéllos que han escogido tomar partido en el asunto no pueden ser indiferentes.    Ahora pasemos de la tela de la bandera a la tela de la mantilla. Las feministas odian la mantilla, no porque sea una pieza de tela sino por lo que representa, siendo ello la sumisión. (Espero que ya haya leído el folleto sobre la sumisión; de lo contrario, hágalo.) La hostilidad que albergan las feministas hacia el orden establecido por Dios en el hogar, se manifiesta en su desdén a la mantilla, al igual que el odio del joven hacia su patria lo manifiesta quemando la bandera. Lo que la mayoría de la gente desconoce es el hecho de que las feministas quemaron públicamente sus mantillas (más en la página 13).    Para entender el significado de todo esto, uno tiene que reconocer que en todo debate existen tres grupos; con la mantilla, tal como con la bandera, los sentimientos corren muy profundos. Tenemos a aquéllos que odian el orden de Dios en el hogar; a los que son indiferentes, posiblemente por su ignorancia; y a los que conocen y entienden por qué el orden de Dios es de suma importancia. Estos últimos son una minoría. Sin embargo, con la educación adecuada y el deseo de seguir la Santa Voluntad de Dios, el hogar se puede reorganizar, pero no sin enfrentar a aquéllos que se han unido en la lucha malévola del mundo materialista.
Hechos para consideración     En el nuevo Código de Derecho Canónico, Can.21, se lee: Cuando existe duda, no se presume la revocación de una ley precedente, sino que, las leyes posteriores se han de relacionar con las más recientes,
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conciliándose ambas en tanto sea posible.  Mis queridos lectores, si la ley relativa a la mantilla hubiera sido revocada, lo que no ha sucedido, aún así tendrían ustedes que armonizar con esta última que requería el uso de la mantilla. Luego en el Can.27, leemos: La costumbre es la mejor intérprete de la ley. La mantilla tiene a su favor dos mil años de costumbre. (El rosario ni siquiera se le acerca a esto. Sin embargo, ¿a quién se le ocurriría tratar de convencer a las personas de no rezar el rosario? Ni estuvo el rosario nunca en el Derecho Canónico ni en la Biblia.) La desinformación con relación a la mantilla es una distorsión siniestra de una verdad (la sumisión) que es odiada por algunos, tanto o más que el odio profesado a la bandera.     Quiero compartir con ustedes unos cuantos hechos acontecidos durante los últimos treinta años para ilustrar que este asunto de desacreditar el uso de la mantilla ha sido un complot de aquéllos determinados a destruir a la familia. Muchos en la Iglesia no se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo y continúa lo mismo hasta hoy en día. Igual que muchos padres de familia en la casa, muchos padres en la Iglesia no ven que las cosas están sucediendo hasta que les pegan en la cara. Y aún entonces no están seguros de lo que sucedió. (Las mujeres casadas saben de lo que estoy hablando.) Cuando los pastores están preocupados y no son vigilantes, los lobos están allí para aprovecharse de la situación. El Obispo Maurice Schexnayder, un santo obispo en la Diócesis de Lafayette allá en los años setenta, al referirse a la mantilla, tomó la Biblia y leyó de 1 Corintios 11. Y luego dijo: “Esta es la palabra de Dios; la Iglesia no puede cambiarla.” ¿Estaba el Obispo Schexnayder en lo cierto o no? Más tarde él nos escribió diciendo que podía asegurarnos que la Iglesia nunca ha cambiado sus enseñanzas sobre la mantilla.       Al preguntarle a su antecesor si es pecado cuando una mujer desobedece las enseñanzas de la Iglesia al no llevar una mantilla, él contestó: “Sería pecado si ella sabe lo que está haciendo.” Podríamos asumir que la manera de evitar que la gente peque sería manteniéndolas en la ignorancia. Pocos son ahora los que están enseñando. La mayoría descartan las explicaciones por tratarse de “cosas no esenciales”. Ahora bien las “cosas no esenciales” se ha convertido en una expresión muy popular hoy en día. Cuando la escuchen, por favor pregunten al que use esa expresión: “Exactamente,  ¿qué es esencial?”. Pues cuando relegamos todo al plano de lo no esencial, ¿porqué debemos pertenecer a una iglesia en particular? Todos estamos conscientes de que uno puede ir al Cielo a través de cualquiera de las más de veinte mil distintas denominaciones cristianas, por lo que podríamos concluir que la Iglesia Católica se ha convertido en una “cosa no esencial”. Lo he dicho en muchas ocasiones: “Lo que está pasando en la Iglesia es lo mismo que está pasando en los hogares.” A través del tiempo, el rol del padre de familia ha degenerado y se ha convertido en una figura boba, que busca divertirse y no tener compromisos, eludiendo responsabilidades. No tiene una visión de lo que debería ser una familia saludable y francamente no le interesa averiguarlo. Me apresuro a mencionar que no todos los padres de familia ni todos en la Iglesia caen dentro de este grupo, pero muchos de ellos sí. He aquí nuestro problema. El rechazo de la mantilla es solamente una manifestación exterior de un problema interno. Las personas inteligentes saben que aquéllos que verdaderamente tienen éxito son los que hacen lo que los fracasados creen que no es necesario (las cosas no esenciales). Alguien podría evitar quebrantar cualquier doctrina de la Iglesia y, aún así, destruir su matrimonio. Los católicos que tienen un buen matrimonio van más allá de la letra de la ley. Ellos van al espíritu de la ley y son libres de la ley porque han ido más allá de la letra de la ley. Esta es la verdadera liberación, ir más allá de la letra de la ley; no es libre quien intenta conseguir permiso para quebrantar la ley mediante una continua desobediencia.    El Padre John A. Hardon, un sacerdote jesuita, era un hombre muy santo y a la vez un teólogo sumamente inteligente. Fue consultor para la Santa Sede por más de treinta y un años. Entre sus más de treinta libros publicados se encuentra el Catecismo Católico. Allá a mediados de los años 90, llamé al Padre Hardon. Le pregunté si las mujeres todavía debían usar la mantilla; su respuesta fue enfáticamente que “Sí”. ¿Podría el Padre Hardon también estar equivocado?      Aquí voy a citar algo dicho por un obispo a quien seguramente todos conocerán, el Arzobispo Fulton J. Sheen. En su libro Three to Get Married (Tres para Casarse) puede leerse: San Pablo se refirió a Cristo como la Cabeza invencible del cuerpo y esto porque: “… la cabeza de la mujer es el varón…” (1 Corintios 11:3). Es muy probable que la Prohibición Divina contra las mujeres que aparecen en la iglesia con sus cabezas descubiertas esté relacionada con esta idea. ¿Acaso dijo el buen obispo “Prohibición Divina”? ¡Caray! Ahora bien, cuando volvemos al frente del libro se lee: “Nihil Obstat; John M.A. Fearns, STD; Imprimatur: Francis Cardinal Spellman. El Nihil Obstat y el Imprimatur son declaraciones que este libro
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no contiene errores de doctrina ni de moral”.  ¡Ah, caray! ¿Podrá estar también equivocado el Obispo Sheen? ¿Y qué del Imprimatur, el Cardenal Spellman? ¿Estará equivocado el Cardenal también? Pues estas son personas altamente estimadas y que dicen que debe de usarse la mantilla. Traten de encontrar gente confiable, como éstos, que les digan que la ley ha cambiado y pídanles que les revelen la fuente de su información. Pregúntense esto a sí mismos: si el Papa quisiera descartar la mantilla, ¿por qué los cuatro presidentes que han visitado al Santo Padre en Roma han recibido indicaciones de que sus esposas y sus hijas deben llevar una mantilla? No olviden que, con excepción del Presidente Kennedy, todos ellos eran protestantes.       Para dar validez adicional a mi enfoque, hubo un artículo en una popular revista para mujeres que nos habla del dilema de una dama con la temible mantilla. Esa mujer, que lideraba una de las organizaciones feministas, relataba su visita papal con el pontífice reinante en ese tiempo, el Papa Pablo VI. A ella se le dijo que debía ir de vestido y ponerse una mantilla para su visita papal. Ella contó que no tenía problema con usar vestido, pero sí tenía problema con llevar una mantilla. Ella procedió a explicar cómo, junto con una amiga, combinaron una mantilla con una peineta, hormada de tal manera que la mantilla no le tocara la cabeza. A diferencia de nuestras buenas mujeres católicas, esta feminista sí estaba bien enterada del significado detrás de la mantilla.
Palabras     Algo que los liberales hacen muy bien es usar palabras para promover su propia agenda destructiva. Por ejemplo, cuando van en contra de las enseñanzas de la Iglesia, usan la palabra DIVERSIDAD; cuando un católico devoto hace algo que desagrada a los liberales -aunque esté totalmente de acuerdo con lo que enseña la Iglesia – ellos usan palabras como DIVISIVO y NO ESENCIAL (en un futuro folletito hablaremos más sobre las cosas no esenciales). Solamente usted puede decidir a quien escuchará; el fruto de sus elecciones se manifestará en su calidad de vida y la de su familia. Generalmente nos toca lo que merecemos. Una buena elección produce buenos resultados; una mala elección, malos resultados.    Concluyamos este asunto con su desenlace. Hemos demostrado que aunque pocos en la Iglesia defienden el uso de la mantilla, está claro que fue la desobediencia de la época lo que ocasionó que cayera en desuso. Se ha demostrado que ni la Iglesia ni el Papa dijeron nunca que las mujeres deberían de abandonar la mantilla. Siendo así, ¿de quién están recibiendo órdenes las mujeres católicas?  O poniéndolo de otra manera, ¿quién tiene mayor influencia en nuestras mujeres católicas? La respuesta está en el Manual de la Organización Nacional de las Mujeres. Por favor, lean con cuidado las siguientes citas tomadas de dicho Manual. Tiene información muy interesante que ustedes realmente necesitan conocer y reflexionar sobre ella. Bajo Resoluciones Religiosas encontramos: “Ya que llevar las mujeres la cabeza cubierta en los actos religiosos es un símbolo de sometimiento en muchas iglesias, la Organización Nacional de las Mujeres (O.N.M.) recomienda que todos las asambleas hagan un esfuerzo para que todas las mujeres participen en “quitarse la mantilla a nivel nacional” enviándoselas al jefe encargado de sus grupos de acción. En la reunión de primavera de los grupos de acción de las mujeres y la religión, esas mantillas se quemarán en público en protesta por el status de segunda categoría de las mujeres en todas las iglesias (Diciembre de 1968)”.     Debemos, pues, reconocer que estas feministas tuvieron mucho éxito en lograr que las mujeres católicas no sólo rompieran el Derecho Canónico, sino que se declararan en contra de las Sagradas Escrituras. Las feministas fueron verdaderamente valientes y, tristemente, sus esfuerzos se vieron recompensados en contra suya y en contra de todas las mujeres en los Estados Unidos. Continuemos: “Tomen la iniciativa para unir a las mujeres de todas las denominaciones y grupos religiosos para que trabajen juntas, a fin de apoyar los esfuerzos para que se reconozca el derecho de las mujeres a ser ordenadas sacerdotes en los grupos religiosos que aún les niegan ese derecho.”  Como se ha mencionado anteriormente, es imposible detener a una mujer que entra con rebeldía a una iglesia sin usar una mantilla. Pero que logren ser ordenadas sacerdotes es algo mucho más difícil. Ya han pasado treinta años y aún están luchando por ello, mientras que nuestro clero (en su mayoría) ha izado la bandera blanca.      Por último, sin restarle importancia, tenemos esta cita: “La O.N.M. va a desafiar el status que goza la Iglesia Católica de no pagar impuestos, por intentar ganar votos en el Congreso para que se revoque la ley a favor del aborto (Abril de 1971).”
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Como se ha dicho previamente, esas señoras quemaron sus mantillas (banderas). ¿Notaron la actitud que tenían acerca de la Iglesia Católica? ¿Podría ser usted una de sus seguidoras mal informadas? ¿Por qué querría católica alguna seguir las prácticas promulgadas por esa gente? Sería muy difícil encontrar una explicación lógica para justificarlo.       Un libro que yo recomiendo mucho es Slouching Towards Gomorrah (Inclinándose hacia Gomorra) por el juez Robert Bork. El libro Radical Feminism (Feminismo Radical) dice: “Incluso el vocabulario del movimiento refleja el fascismo. La retórica apocalíptica y llena de odio de las feministas radicales expresa sus ansias de hacer daño. Una revista radical que usa las siglas de la Organización Nacional de las Mujeres, (las cuales son NOW en inglés, que significan AHORA en español), declaró en su portada: “AHORA es cuando debemos retomar el control de nuestras vidas; AHORA no es tiempo de asimilarnos con los titiriteros burocráticos que quieren controlar, degradar, torturar, matar y violar nuestros cuerpos; AHORA es cuando hay que darle una patada a la ingle del patriarcado. AHORA ES TIEMPO DE LUCHAR: SIN DIOS, SIN AMO, SIN LEYES.”      ¿Sabían ustedes todo esto? ¿Creen que nuestras buenas mujeres católicas habrían abandonado sus mantillas si hubieran sabido esto? ¡No lo creo!
EL COMENTARIO BIBLICO DE JERONIMO     En el capítulo 11 de 1 Corintios, San Pablo advierte a las mujeres respecto al uso del velo. (Nota de la Traductora: En la época se usaba el velo, que cubría no sólo la cabeza sino también el cuello y parte del rostro. La mantilla, de uso actual, cubre solamente la cabeza). Lo siguiente proviene del Comentario Bíblico de Jerónimo  y explica por qué San Pablo escribió esa carta.     “Algunas mujeres cristianas, influenciadas tal vez por la atmósfera liberal de la cosmopolita ciudad de Corinto y animadas por la actitud hacia su libertad de las “sabelotodo”, asistían a las asambleas sin llevar velo. Pablo desaprueba ese comportamiento como impropio en la mujer, pues Dios ha establecido una jerarquía, tanto en la esfera natural como en la religiosa, en la cual la mujer está subordinada al hombre. Esa subordinación jerárquica de la mujer debe reconocerse en su comportamiento y forma de vestir. El velo es un símbolo de esa subordinación.”      Esto ocurrió hace dos mil años y posiblemente ha ocurrido muchas veces más desde entonces. Estamos seguros que empezó a ocurrir de nuevo en 1968. Pero no teníamos a un San Pablo que diera la alarma.      Bueno, allí está, señoras. El balón está en sus manos. Les hemos presentado unos cuantos hechos sobre el porqué se dejaron de usar velos y mantillas. Y ni siquiera tocamos el aspecto del respeto, lo cual sería en sí mismo una razón maravillosa para que las mujeres usen mantillas. Este es solamente un folleto; tomaría un libro cubrir todo lo que hay que decir referente a la mantilla y a quienes se oponen a su uso.                                                                         Puntos de Reflexión     ¿Por qué decía San Pablo que las mujeres deberían de cubrirse, si no fuera importante? ¿Por qué ha tenido la Iglesia la tradición de usar velos y mantillas por casi dos mil años, si no fuera importante? ¿Por qué la Iglesia lo legisló en el Derecho Canónico, si no fuera importante? ¿Podría la Iglesia ser realmente santa y sabia, y no obstante ordenar algo durante dos mil años que fuera una señal de opresión de la mujer? ¿Creen ustedes realmente que la Iglesia ha estado equivocada por dos mil años y que ha sido sólo en los últimos años que se ha vuelto sabia? Si hoy en día somos más sabios y conocedores, ¿por qué en 1870 sólo había 81 divorcios por cada 100,000 parejas casadas y en la actualidad más de la mitad de los matrimonios acaban en divorcio? Y finalmente, para el lector que no está de acuerdo con todo esto: ¿ha leído las vidas de los santos? Si no lo ha hecho, lea unas cuantas y luego lea de nuevo este folleto. Creo que usted verá las cosas de manera muy diferente después de hacerlo.

Un niño protestante

Un niño protestante de seis años a menudo había escuchado a sus compañeros católicos rezar el Avemaría. Le gustó tanto que la copió, la memorizó y la rezaba todos los días.

“Mira, mamita, qué bonita oración,” le dijo a su madre un día.

“No la digas nunca más” respondió la madre. “Es una oración supersticiosa de los católicos que adoran ídolos y piensan que María es diosa. Después de todo, Ella es una mujer como cualquier otra. Vamos, toma esta Biblia y léela. Contiene todo lo que debemos de hacer.”

A partir de ese día, el pequeño dejó de rezar su Avemaría diaria y dedicó más tiempo a leer la Biblia.

ENCONTRÓ A MARÍA EN EL EVANGELIO

Un día, leyendo el Evangelio, vio el pasaje sobre la Anunciación del Ángel a la Virgen. Lleno de gozo, el chiquillo corrió a su madre y le dijo:

“Mamita, encontré el Avemaría en la Biblia que dice: ‘Llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre las mujeres’. ¿Por qué la llamas una oración supersticiosa?” Ella no contestó.

En otra ocasión, encontró la escena de la salutación de Isabel a la Virgen María y el hermoso cántico del Magnificat, en el que María anunció: ‘desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones’.

Ya no le dijo nada a su madre y comenzó a rezar nuevamente el Avemaría cada día, como solía hacerlo. Sentía placer al decirle esas hermosas palabras a la Madre de Jesús, Nuestro Salvador.

REIVINDICA PUBLICAMENTE A MARÍA

Cuando cumplió catorce años, un día oyó que su familia discutía sobre Nuestra Señora. Todos dijeron que María era una mujer común y corriente. El niño, luego de oír sus razonamientos erróneos, no pudo soportarlo más y, lleno de indignación, los interrumpió diciendo:

“María no es como cualquier otro hijo de Adán, manchado de pecado. ¡No! El Ángel la llamó LLENA DE GRACIA Y BENDITA ENTRE LAS MUJERES.

María es la Madre de Jesús y en consecuencia, la Madre de Dios. No existe una dignidad más grande a la que pueda aspirar una criatura. El Evangelio dice que todas las generaciones la llamarán bienaventurada, mientras que ustedes tratan de despreciarla y hacerla menos. Su espíritu no es el espíritu del Evangelio ni de la Biblia que proclaman es el fundamento de la religión cristiana.

LA CONFESIÓN MARIANA FUE DIVISIVA

Fue tan honda la impresión que causaron las palabras del chico en su madre, que muchas veces lloró desconsolada:

¡Oh, Dios, temo que este hijo mío se unirá un día a la religión católica, la religión de los Papas!

Y en efecto, poco tiempo después hijo se convenció que la religión católica era la única auténtica, la abrazó y se convirtió en uno de sus más ardientes apóstoles.

Y unos años después de su conversión, el protagonista de nuestra historia se encontró con su hermana ya casada. Quiso saludarla y abrazarla, pero ella lo rechazó y le dijo indignada:

Tú no tienes idea de cuánto amo yo a mis hijos. Si alguno quisiera hacerse católico, primero le enterraría una daga en su corazón que permitirle abrazar la religión de los Papas.

Su ira y su temperamento eran tan furiosos como los de San Pablo antes de su conversión.

SU HERMANA DESCUBRE LA FE CATÓLICA EN MEDIO DE LA TRIBULACIÓN

Sin embargo, su hermana pronto cambiaría su manera de ser, tal como le ocurrió a San Pablo en su camino a Damasco.

Sucedió que uno de sus hijos cayó gravemente enfermo. Los médicos no daban esperanzas para su recuperación.

Tan pronto se enteró su hermano, la buscó en el hospital y le habló con cariño, diciéndole:

“Querida hermana, tú naturalmente deseas que tu hijo se cure. Muy bien, pues entonces haz lo que te voy a pedir. Sígueme. Recemos juntos un Avemaría y prométele a Dios, que si tu hijo recobra la salud, estudiarás seriamente la doctrina católica. Y que en caso de que llegues a la conclusión que el Catolicismo es la única religión verdadera, tú la abrazarás sin importar los sacrificios que esto te implique.”

Su hermana en principio se mostró reacia, pero como deseaba la recuperación de su hijo, aceptó la propuesta de su hermano y rezó con él un Avemaría.

Al día siguiente, su hijo estaba completamente curado. La madre cumplió su promesa y se puso a estudiar la doctrina católica.

Después de una intensa preparación, ella recibió el Bautismo en la Iglesia Católica junto con toda su familia. Cuánto le agradeció a su hermano que hubiese sido un apóstol para ella.

EL NIÑO EVANGÉLICO SE CONVIRTIÓ EN SACERDOTE

Esta historia la relató el Padre Francis Tuckwell en una de sus homilías.

Hermanos, terminó diciendo, el niño protestante que se hizo católico y convirtió a su hermana al Catolicismo, dedicó su vida entera al servicio de Dios, él es el sacerdote que les habla.

¡Cuánto le debo a la Santísima Virgen, Nuestra Señora!

También ustedes, mis queridos hermanos, dedíquense por completo a servir a Nuestra Señora y no dejen pasar un solo día sin decir la hermosa oración del Avemaría así como su rosario.

Pídanle a Ella que ilumine la mente de los protestantes que están separados de la verdadera Iglesia de Cristo fundada sobre la Roca (Pedro) y contra la cual ‘las puertas del infierno nunca prevalecerán’

Dios y el maligno

Un día Satanás y Jesús estaban conversando. Satanás acababa de ir al Jardín del Edén, y estaba mofándose y riéndose diciendo:
Si Señor. Acabo de apoderarme del mundo lleno de gente de allá abajo.
Les tendí una trampa, usé cebo que sabia que no podrían resistir. Cayeron todos!
¿Que vas a hacer con ellos? Preguntó Jesús.
Ah, me voy a divertir con ellos. Respondió Satanás. Les enseñaré como casarse
y divorciarse,
cómo odiar
y abusar uno del otro,
a beber
y fumar y por supuesto, les enseñaré a inventar armas y bombas para que se destruyan entre sí.
Realmente me voy a divertir!
¿Y qué harás cuando te canses de ellos? Le preguntó Jesús.
Ah, los mataré. Dijo Satanás con la mirada llena de odio y orgullo.
¿Cuánto quieres por ellos? Preguntó Jesús.
Ah, tu no quieres a esa gente. Ellos no son buenos. ¿Por qué los querrías tomar. Tu los tomas y ellos te odian. Escupirán a tu rostro, te maldecirán y te matarán. Tu no quieres a esa gente!! ¿Cuánto? Preguntó nuevamente Jesús. Satanás miró a Jesús y sarcásticamente respondió:
Toda tu sangre, tus lagrimas, y tu vida.
Jesús dijo: HECHO!
Y así fue como pago el precio.
NOTAS:
No es curioso lo fácil que es despreciar a Dios y luego preguntarse por qué el mundo se está yendo al infierno
No es curioso cómo alguien puede decir ‘Creo en Dios’ y seguir a Satanás.
No es curioso que envíes miles de mensajes con chistes a través del correo electrónico, los cuales se riegan como pólvora, pero cuando empiezas a enviar mensajes que se refieren a El Señor, la gente lo piensa dos veces antes de compartirlos?
No es curioso que cuando llegue el momento de re enviar este mensaje, lo vas a dejar de enviar a muchas de las personas que tienes registradas en tu libreta de direcciones pues no estás seguro(a) de lo que vayan a pensar de ti.
No es curioso cómo la gente puede estar más preocupada de lo que los demás piensen de ellos que lo que piense Dios.
Oro por todo aquel que re envíe este mensaje a todos los destinatarios de la libreta de direcciones, ellos serán bendecidos por Dios de una manera especial.
Envíenlo también a la persona que te lo envió.
QUE EL SEÑOR LOS BENDIGA GRANDEMENTE!!!!!.
Las 10 cosas que Dios no te preguntara’
1-Dios no te preguntara que modelo de auto usabas; te preguntara a cuanta gente llevaste.
2-Dios no te preguntara los metros cuadrados de tu casa; te preguntara a cuanta gente recibiste en ella.
3-Dios no te preguntara la marca de ropa en tu closet; te preguntara a cuantos ayudaste a vestirse.
4-Dios no te preguntara que tan alto era tu sueldo; te preguntara si lo ganabas limpiamente.
5-Dios no te preguntara cual era tu titulo; te preguntara si hiciste tu trabajo con lo mejor de tu capacidad.
6-Dios no te preguntara cuantos amigos tenias; te preguntara cuanta gente te consideraba su amigo.
7-Dios no te preguntara en que vecindario vivías; te preguntara como tratabas a tus vecinos.
8-Dios no te preguntara por el color de tu piel; te preguntara por la pureza de tu interior.
9-Dios no te preguntara por que tardaste tanto en buscar la salvación; te llevara con amor a su casa en el cielo y no a las puertas del infierno.
10-Dios no te preguntara a cuantas personas compartiste este mensaje; simplemente te preguntara si te dio vergüenza hacerlo…..
Jesucristo dijo: ‘ Si tu me niegas frente de tus amigos, Yo te voy a negar frente a mi Padre’
Anda… te animo a COMPARTIRLO con los demás….12
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