Pregunta el cristiano

Cristo cruz benito

 

Pregunta el cristiano
Piadoso y clementísimo Señor, ¿por qué te vestiste de carne humana, y quisiste bajar del cielo a la tierra?
[Responde Cristo]
Para que el hombre terreno (a quien su culpa había derribado) pudiese con mi favor y ayuda subir desde la tierra al cielo.

—¿quien a ti (que eras inocente y estabas libre de pecado) forzó a padecer muerte y dolores por los pecados?
El amor grande que tuve al hombre, para que lavado él con mi sangre, se hiciese hábil para morar en el cielo.

—¿Por que tienes los brazos tendidos en ese madero, y los pies juntos y traspasados con un clavo?
Porque de una parte y de otra llamo las gentes del mundo, y así las vengo a juntar en unión de una misma fe.

—¿Por que estando en esa cruz, tienes inclinada la cabeza, y los ojos humildemente abajados y puestos en tierra?
Porque con esta figura enseño a los hombres a no levantarse con soberbia, sino bajar humildemente la cerviz, y ponerla debajo de yugo.

—¿Por que estás en esa cruz desnudo, y por que está ese rostro y ese divino cuerpo tan consumido y tan flaco?
Porque con esto quise enseñarte a despreciar las riquezas y bienes del mundo, y a padecer hambre y pobreza conmigo.

—¿Por que tienes cubiertos los lomos con un velo de lienzo? ¿que es lo que me significa esa cobertura real?
De aquí quiero que aprendas que me agradan los cuerpos limpios y castos, y que aborrezco toda torpeza y fealdad.

—¿que quieren decir esas bofetadas, salivas, azotes, corona de espinas, y los otros tormentos de la cruz?
Que tenga paciencia en las injurias y no quiera dar mal por mal el que desea sobre las estrellas del cielo vivir en perpetua paz.
La vida es breve, el trabajo pequeño, el galardón grande y que durara para siempre.
Mas si alguno hay que no sienta la grandeza del premio, a lo menos muévalo el miedo del destierro de aquella cárcel infernal.
Y aquellos fuegos que nunca se apagan, y aquellas tinieblas que nunca resplandecen, y aquel gusano que siempre muerde, y aquella miseria que nunca cesa.
Porque tales cosas están guardadas para los que agora tiene cautivos el fugitivo deleite, engañándolos con diversos halagos.
Ofreciendo riquezas a los avarientos, descanso a los perezosos, torpes pasatiempos a los carnales, vino precioso a los amigos del vientre, pompa y fausto a los soberbios, y despojos a los esforzados.
Con estos cebos, engañado el pueblo miserable, olvidado de su propia salud, camina derecho y corre a su perdición.
Y ni oye mis amonestaciones, ni hace caso de mis ejemplos, y finalmente no tiene cuenta con mi juicio.
Pues cuando venga este horrible juicio, este día será día de ira, día de nieblas y de torbellinos.
Cuando los cielos se estremecerán y sacudirán de si las estrellas, que caerán del cielo en la tierra.
Entonces espantará al mundo la luna con su cara sangrienta, y el sol se oscurecerá, y esconderá sus rayos.
Todas las cosas temblaran, y el mundo se acabara, y hasta los coros de los ángeles se estremecerán.
Una llama de fuego abrasador volará por el mundo, y la mar y la tierra quedarán hechas una foguera.
Entonces vendré yo con gran poder y majestad, asentado en una nube resplandeciente.
Al derredor de mi vendrán millares de santos gloriosos y millares de espíritus bienaventurados.
Luego una trompeta daré un terrible sonido de lo alto, el cual rasgue las tierras y llegue al profundo de los infiernos.
Y luego sin tardanza resucitarán todos aquellos que perdida la lumbre de la vida, nuestra gran madre la tierra recibió en su grande gremio.
Y estará toda esta compañía resucitada delante de mi justo tribunal, esperando con temeroso corazón la terrible sentencia de mi juicio.
Ninguna cosa secreta ni escondida pasara sin examen, aunque sea lo que el hombre pensé dentro de su corazón.
Y según los méritos se dará a cada uno su galardón: a unos vida perpetua y a otros muerte que nunca morirá.
Oh pues hombres miserables, que estáis enredados con tantos engaños, mientras tenéis poder ahora, sacad vuestros pies de ese lazo.
Abrid los ojos y velad, porque el día oscuro de este tiempo no os tome cerrados los ojos y cargados de sueño.
Mirad con cuán ligera carrera huyen y se pasan los tiempos, y cómo las horas apresuradas no saben sentir tardanza.
Dichoso aquel que emplea bien los días de la vida, y piensa que el fin de el será hoy o será mañana.

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JESUS POR MARIA

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