El purgatorio, una revelación particular

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NO SEAIS CURIOSOS !
Estas son las palabras que me dirigió un alma, al termino del gran conocimiento que el Señor le permitió ofrecerme sobre el Purgatorio; ésta alma expiaba allí graves faltas desde hacía mucho tiempo, y se me manifestó varias veces para que rezase e hiciera rezar a los demás por su liberación. Esto es lo que me dijo:

¡No intentes escrutar nunca el designio de la Justicia divina!
Muchos hombres se hacen preguntas sobre el número de los elegidos, e inciden con ello en el camino del error.
El juicio de Dios nunca es comparable con el de los hombres,
y muchos se verán sorprendidos en el día del juicio final,
viendo salvadas almas que en una falsa idea de la Justicia Divina hubiera condenado a la perdición,
y condenadas a otras a las que algunas veces se tuvo por santas.
¡No seáis curiosos!
Rogad por nosotras, que tanta necesidad tenemos de nuestra caricativa ayuda, de todas las buenas acciones,
de vuestros sufragios.
Aprende bien todo esto y hazte una regla estricta:
por la misericordia infinita de Dios hay, ciertamente muchas más almas salvadas que condenadas.
Pero hay que rezar siempre por los difuntos, por muy brillante que haya sido su reputación de piedad e incluso de santidad.

De lo único que podemos estar seguros es de que un alma que ha sido beatificada está en el Cielo.
Para todas las demás almas,
incluso los llamados ” siervos de Dios”,
no hay regla general.
Muchos están aún el Purgatorio dolorosamente,
¡ pues nadie se ríe de la Justicia de Dios!
Así, mientras el Señor te lo permita,
no dejes de rezar por aquellas almas cuyo proceso de beatificación está abierto;
varias están con nosotros, y esas oraciones las ayudarán y consolarán.
¡Alabado sea Jesucristo, nuestro dulce Salvador !
El alma desapareció tras esta invocación.
Me quedé algo entristecido, pero me repuse pronto, meditando en lo que me había dicho. En todas estas cuestiones, lo realmente importante es rezar con confianza, sin buscar saber más cosas, o peor aún imaginarlas.
Durante ese mismo día, se me mostró un gran número de almas que entraban en la eternidad: en el Purgatorio, la mayoría, pero también muchas, desgraciadamente, ¡caían
en el abismo de la condenación eterna! No digo nada sobre esto, porque el terrible misterio del infierno pertenece al
secreto de Dios. He visto a todas estas almas como una lluvia abundante (eran millones ) y entre todas, sólo una entró directamente en el Cielo; era un niñito resplandeciente que debió de morir a los dos o tres años de edad. Su ángel de la guarda le llevaba en brazos, elevándose con él hacia el Paraíso, dejando en el Cielo sombrío una larga estela de luz irisada. Había miles de almas de niños que a pesar de sus pocos años, debían pasar rozando el Purgatorio. Era rozarlo solamente, pero tenían que pasarlo así… y muchos bebes que iban como angelitos al limbo.
Entre las almas que iban al Purgatorio he visto a personas de toda edad y condición: niños ( de 5 años o poco más), adultos, adolescentes, personas de edad, etc. Ví sacerdotes, religiosos, monjes, políticos, obreros, artistas, pobres, ricos, de
todo.Era emocionante. Había miembros de mi propia familia. Y también toda clase de personas que conocí en otro tiempo, lo cual me causó a la vez un dolor vivo y un alivio profundo.
Los juicios del Señor son insondables y se equivoca uno a menudo queriendo juzgar temerariamente la suerte eterna de personas que se han conocido mucho.
Los juicios del Señor no son comparables a los nuestros. El juzga en sus Sabiduría Infinita, y nosotros según nuestra visión humana, a menudo limitada.
También se me mostró que santos oficialmente canonizados han pasado por el Purgatorio, y tuve la alegría de conocer a otros que que fueron derecho al Cielo. Estos son muchos menos que los que van al Purgatorio, y se equivocan, verdaderamente, quienes se imaginan que la Misericordia de Dios puede ir unida a una especie de paternalismo sensibledro que para todo encontrase excusas y justificaciones. ¡Oh no, esto no es así ! Oración, oración, oración.

del libro el Purgatorio. Una revelación Particular .Ediciones Rialp

 

Oremos:

Ofrecer el sacrificio por el descanso de los difuntos (…) es una costumbre observada en el mundo entero. Por eso creemos que se trata de una costumbre enseñada por los mismos Apóstoles. En efecto, la Iglesia católica la observa en todas partes; y si ella no creyera que se les perdonan los pecados a los fieles difuntos, no haría limosnas por sus almas, ni ofrecería por ellas el sacrificio a Dios.

San Isidoro de Sevilla
Sobre los oficios eclesiásticos, 1

Debemos ayudar a los que se hallan en el purgatorio. Demasiado insensible seria quien no auxiliara a un ser querido encarcelado en la tierra; mas insensible es el que no auxilia a un amigo que esta en el purgatorio, pues no hay comparación entre las penas de este mundo y las de allí.

Santo Tomás
Sobre el Credo, 5, 1. c., p. 73

ORACIÓN A SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
¡Oh glorioso Taumaturgo y Protector de las almas del purgatorio, San Nicolás de Tolentino! Con todo el afecto de mi alma te ruego que interpongas tu poderosa intercesión en favor de esas almas benditas, consiguiendo de la divina clemencia la condonación de todos sus delitos y sus penas, para que saliendo de aquella tenebrosa cárcel de dolores, vayan a gozar en el cielo de la visión beatífica de Dios. Y a mi, tu devoto siervo, alcánzame, ¡oh gran santo!, la más viva compasión y la más ardiente caridad hacia aquellas almas queridas. Amén

__________ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN
POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Dulcísimo Jesús mío, que para redimir al mundo quisisteis nacer, ser circuncidado, desechado de los judíos, entregado con el beso de Judas, atado con cordeles, llevado al suplicio, como inocente cordero; presentado ante Anás, Caifás, Pilato y Herodes; escupido y acusado con falsos testigos; abofeteado, cargado de oprobios, desgarrado con azotes, coronado de espinas, golpeado con la caña, cubierto el rostro con una púrpura por burla; desnudado afrentosamente, clavado en la cruz y levantado en ella, puesto entre ladrones, como uno de ellos, dándoos a beber hiel y vinagres y herido el costado con la lanza. Librad, Señor, por tantos y tan acerbísimos dolores como habéis padecido por nosotros, a las almas del Purgatorio de las penas en que están; llevadlas a descansar a vuestra santísima Gloria, y salvadnos, por los méritos de vuestra sagrada Pasión y por vuestra muerte de cruz, de las penas del infierno para que seamos dignos de entrar en la posesión de aquel Reino, adonde llevasteis al buen ladrón, que fue crucificado con Vos, que vivís y reináis con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

__________
ORACIÓN PARA LAS ALMAS DEL PURGATORIODios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiadaos de las benditas almas del Purgatorio y ayudad a mis queridos padres y antepasados.

A cada invocación se contesta: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a mis hermanos y parientes.
Ayudad a todos mis bienhechores espirituales y temporales.
Ayudad a los que han sido mis amigos y súbditos.
Ayudad a cuantos debo amor y oración.
Ayudad a cuantos he perjudicado y dañado.
Ayudad a los que han faltado contra mí.
Ayudad a aquellos a quienes profesáis predilección.
Ayudad a los que están más próximos a la unión con Vos.
Ayudad a los que os desean más ardientemente.
Ayudad a los que sufren más.
Ayudad a los que están más lejos de su liberación.
Ayudad a los que menos auxilio reciben.
Ayudad a los que más méritos tienen por la Iglesia.
Ayudad a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
Ayudad a los poderosos, que ahora son como viles siervos.
Ayudad a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
Ayudad a los vanidosos que malgastaron su tiempo.
Ayudad a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
Ayudad a los tibios que muy poca oración han hecho.
Ayudad a los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.
Ayudad a los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.
Ayudad a los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.
Ayudad a los padres que no vigilaron bien a sus hijos.
Ayudad a los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.
Ayudad a los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.
Ayudad a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el cielo.
Ayudad a los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.
Ayudad a los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.
Ayudad a los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
Ayudad a los pontífices, reyes y príncipes.
Ayudad a los obispos y sus consejeros. Ayudad a mis maestros y pastores de almas.
Ayudad a los finados sacerdotes de esta diócesis.
Ayudad a los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.
Ayudad a los defensores de la santa fe.
Ayudad a los caídos en los campos de batalla.
Ayudad a los sepultados en los mares.
Ayudad a los muertos repentinamente.
Ayudad a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

V. Dadles, Señor, a todas las almas el descanso eterno.
R. Y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz.
V. Que en paz descansen.
R. Amén.

 

 

NOVENA en sufragio DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO

(Para rezar en cualquier época del año y en especial del 24 de Octubre al 1 de Noviembre)

PARA TODOS LOS DÍAS. Por la señal de la santa cruz, etc.
Acto de contrición
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí. Pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido. Y propongo firmemente no pecar más y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.
Oración al Padre Eterno
Padre celestial, Padre amorosí­simo, que para salvar las Almas quisiste que tu Hijo unigénito, tomando carne humana en las entrañas de una Virgen purísima, se sujetase a la vida más pobre y mortificada, y derramase su Sangre en la cruz por nuestro amor: Compadécete, de las benditas almas del Purgatorio y líbralas de sus horrorosas llamas. Compadécete también de la mía, y líbrala de la esclavitud del vicio. Y si tu Justicia divina pide satisfacción por las culpas cometidas, yo te ofrezco todas las obras buenas que haga en este Novenario. De ningún valor son, es verdad; pero yo las uno con los méritos infinitos de tu Hijo divino, con los dolores de su Madre santísima, y con las virtudes heroicas de cuantos justos han existido en la tierra. Míranos, vivos y difuntos, con com­pasión, y haz que celebremos un día tus misericordias en el eterno descanso de la gloria. Amén.

 

MEDITACIÓN DEL DÍA

ORACIÓN FINAL: Oh María, Madre de misericordia: acuérdate de los hijos que tienes en el purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la admirable luz de su gloria, donde gocen de tu vista dulcísima y de la de tu Hijo bendito.
Oh glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo por las almas del purgatorio. Amén.
Dales, Señor el descanso eterno y brille para ellas la Luz que no tiene fin.
Que descansen en paz. Amén.
Que las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. San José, ruega por nosotros.

 

MEDITACIÓN DÍA PRIMERO: Existencia del Purgatorio

Punto Primero.-Es un artícu­lo de fe que las almas de los que mueren con alguna culpa venial, o sin haber satisfecho plenamente a la Justicia divina por los pecados ya perdonados, están detenidas en un lugar de expiación que llama­mos Purgatorio. Así lo enseña la santa Madre Iglesia, columna infa­lible de la verdad: así lo confirma la más antigua y constante tradi­ción de todos los siglos; así lo ase­guran unánimemente los santos Padres griegos y latinos, Tertulia­no, San Cirilo, San Cipriano, San Juan Crisóstomo, San Ambrosio, San Agustín, y tantos otros; así lo han definido los sagrados Conci­lios de Roma, de Cartago, de Flo­rencia, de Letrán y de Trento, diri­gidos por el Espíritu Santo. Y aun­que la Iglesia no lo enseñase así ¿no lo dice bastante la razón na­tural?
Supongamos que sale de este mundo un alma con algún pecado venial; ¿qué hará Dios de ella? ¿La arrojará al infierno, y siendo su hija y esposa amadísima la confundirá con los réprobos y espíritus infernales? Eso repugna a la Justicia y Bondad divinas. ¿La introducirá en el cielo? Eso se opone igualmente a la santidad y pureza infinita del Creador; pues sólo aquel cuyas manos son inocentes, y cuyo corazón está limpio, subirá al monte del Señor. Nada manchado puede entrar en aquel reino purísimo. ¿Qué hará, pues, Dios de aquella alma? Ya nos lo dice por Malaquías La pondré como en un crisol, esto es, en un lugar de penas y tormentos, de donde no saldrá hasta que haya plenamente sa­tisfecho a la Justicia divina.
¿Crees tú esto, cristiano? Creas o no creas, te burles o no te burles de ello, la cosa es, y será así. Negar el Purgatorio, sólo poner en duda deliberadamente su existencia, es ya pecado grave. ¿Crees tú esta verdad, y con esa indiferencia mi­ras tan horribles penas? ¿Crees en el Purgatorio, y con tus culpas sigues amontonando leña para arder en el más terrible fuego?
Medita un poco sobre lo dicho.
Punto Segundo.-Es también un artículo de fe que nosotros podemos aliviar a aquellas almas afli­gidísimas. Sí; en virtud de la Co­munión de los Santos, hay plena comunicación de bienes espiritua­les entre los Bienaventurados que triunfan en el cielo, los cristianos que militamos en la tierra, y las al­mas que sufren en el Purgatorio. En virtud de esta comunicación de bienes, podemos con mucha facili­dad, y mérito nuestro, bajar al Purgatorio con nuestros sufragios, y a imitación de Jesucristo, des­pués de su muerte, librar a aque­llas almas, y alegrar al cielo con un nuevo grado de gloria acciden­tal, procurando nuevos príncipes y moradores a aquella patria felicí­sima.
!Oh admirable disposición de la Sabiduría divina! ¡Oh, que dicha y felicidad la nuestra! Viéndose Dios obligado a castigar a aquellas sus hijas muy amadas, busca media­neros que intercedan por ellas, a fin de conciliar así el rigor de la Jus­ticia con la ternura de Misericor­dia infinita. Y nosotros somos es­tos dichosos medianeros y corre­dentores; de nosotros depende la suerte de aquellas pobres almas.
Haz, pues, cristiano, con fervor este santo novenario. No faltes a él ningún día; ¿quién sabe si abrirás el cielo a alguno de tus parientes y amigos ya difuntos? ¿Y serás tan duro e insensible que le niegues este pequeño sacrificio, pudiéndoles hacer ese gran favor a tan poca costa?
Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conse­guir en esta novena.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

MEDITACIÓN DIA SEGUNDO: Sobre la pena de sentido en general.

Punto Primero.-Ven, mortal; tú, que vives como si después de esta vida no te quedase nada que temer, ni que esperar: ven; penetra con el espíritu en aquellos horrendos calabozos donde la Justicia divina acrisola las almas de los que mueren con algún pecado venial; mira si, fuera del infierno, pueden darse penas mayores, ni aun semejantes a las que allí se padecen.
Considera todos los dolores que han sufrido los enfermos en todos los hospitales y lugares del mundo; ¿igualarían todos ellos a los dolores que padece un alma en el Purgatorio? No, dice San Agustín; pues éstos exceden a todo cuanto se puede sentir, ver o imaginar en este mundo.
Añadamos a todos estos males los suplicios y tormentos que la crueldad de los Nerones, Dioclecianos, Decios y demás perseguidores de la Iglesia inventó contra los cristianos, ¿igualarían al Purgatorio? Tampoco, dice San Anselmo, pues la menor pena de aquel lugar de expiación es más terrible que el mayor tormento que se pueda imaginar en este mundo.
Entonces, ¿qué penas serán aquéllas? Son tales, dice San Cirilo de Jerusalén, que cualquiera de aquellas almas querría más ser atormen­tada hasta el día del juicio con cuantos dolores y penas han pade­cido los hombres desde Adán hasta la hora presente, que no estar un solo día en el Purgatorio sufriendo lo que allí se padece. Pues todos los tormentos y penas que se han sufrido en este mundo, comparados con los que sufre un alma en el Purgatorio, pueden tenerse por consuelo y alivio.
Punto Segundo – ¿Y quiénes son esas Almas tan horriblemen­te atormentadas en el Purgatorio? Este es un tema profundo para hacernos reflexionar. Son obra maestra de la mano del Omnipo­tente, y vivas imágenes de su divinidad; son amigas, hijas y esposas del Señor; ¡y no obstante, son severamente purificadas! Dios las amó desde toda la eternidad, las redimió con la sangre de sus venas, ahora las ama con un amor infinito, como que están en su gra­cia y amistad divina: ¡y no obstan­te sufren penas imponderables! El Purgatorio. ¡Qué claramente nos manifiesta la justicia y santidad de Dios! ¡Cuánto horror debe inspirarnos al pecado! Porque si con tanto rigor trata Dios a sus almas amadas por faltas ligeras, ¿cómo seremos tratados nosotros, pecadores; nosotros, que vivimos tantas veces abando­nados al arbitrio de las pasiones?
Si con el árbol verde hacen esto, con el seco ¿qué harán? Si el hijo y heredero del cielo es castigado por faltas que a muchos parecen virtu­des, ¿cómo seremos castigado nosotros, pe­cadores y enemigos de Dios, por nuestros vicios y pecados tan horrendos y abomi­nables? Pensémoslo bien, y enmendemos nuestras vidas.
Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conse­guir en esta novena.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

MEDITACIÓN DIA TERCERO: Sobre el fuego del Purgatorio

Punto Primero. – Considera, amado cristiano, el tormento que causa a las almas el fuego abrasa­dor del Purgatorio. Si el fuego de este mundo, creado para servicio del hombre, y efecto de la bondad divina, es ya el más terrible de to­dos los elementos; si es ya tal su virtud, que consume bosques, abrasa edificios, calcina mármoles durísimos, hace saltar piedras y murallas, derrite metales y ocasiona terribles estragos, ¿qué será el fuego del Purga­torio, encendido por un Dios santísimo y justísimo, para con él demostrar el odio infinito que tiene al pecado?
Es tal, dice San Agustín, que el fuego de este mundo, comparado con él, no es más que pintado.
Ahora bien; si tener el dedo en la llama de una vela sería para nos­otros insoportable dolor, ¿qué tor­mento será para aquellas almas sepultadas en un fuego que es, di­cen Santo Tomás y San Gregorio, igual en todo, menos en la duración, al del infierno?
Sí; escuchémoslo bien, almas tibias, y estremezcámonos: Con el mismo fuego se purifica el elegido y arde el con­denado; con la única diferencia, que aquél saldrá cuando haya satisfecho por sus culpas, y éste arderá allí eternamente. ¿Y continuamos nosotros en nuestra tibieza?
Punto Segundo. – Consideremos cuáles son las faltas por las que Dios, infinitamente bueno y misericordioso, castiga a sus amadísimas Esposas con tanto rigor, y veremos que son faltas leves, y a veces un solo pecado venial. Qué mal tan grave debe ser éste delante de Dios, cuando es tan severamente castigado en el Purgatorio!
En efecto; el pecado venial es leve, si se lo compara con el mortal, pero en sí es un mal mayor que la ruina de todos los imperios y que la destrucción del universo: es un mal tan espantoso, que excede en malicia a todas las desgracias y ca­lamidades del mundo: es un mal tan grande, que si cometiéndolo pudiésemos convertir a todos los pecadores, sacar a todos los condenados del infierno, librar a todas las almas del Purgatorio, aun entonces no deberíamos cometerlo, pues todos estos bienes no igualarían la malicia del pecado más leve: por­que aquellos son males de la criatura, y éste es un mal y una ofensa hecha al mismo Creador. ¿Podemos oír esto sin horrorizarnos y sin cambiar de conducta?
Pero ¿qué es nuestra vida, sino una serie ininterrumpida de pecados? ¡Pecados cometidos con los ojos, con los oídos, con la lengua, con las manos, con todos los sentidos!
¡Cuántas culpas por la igno­rancia crasa y olvido voluntario de nuestras obligaciones! ¡Cuántas indiscreciones por la distracción de nuestro espíritu; por la violencia de nuestro genio; por la temeridad de nuestros juicios; por la malicia de nuestras sospechas! ¡Cuántas faltas por no querer mortificarnos, ni sujetarnos a otro, por nuestra ligereza en el hablar!
Lloremos, nuestra ceguera; y a la claridad del fuego espantoso del Purgatorio, comprendamos por último qué gran mal es cometer un pecado venial.
Si, es un mal tan grande; ¡y nosotros, lejos de llorarlo, lo cometemos sin escrúpulo a manera de juego, pasatiempo y diversión!
Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

MEDITACIÓN DIA CUARTO: Sobre la pena de daño

Punto Primero. – Por horroro­sos que sean los tormentos que padecen las Ánimas en el Purgatorio, por espantosas que sean las llamas en que se abrasan, no igualarán ja­más la pena vivísima que sienten al verse privadas de la vista clara de Dios.
En efecto; aquéllas constituyen la pena de sentido; ésta, la de daño; aquéllas son limitadas; ésta, infinita; aquéllas privan a las Almas de un bien accidental, cual es el deleite; por ésta, carecen de un bien esencial a la bienaventuranza, en el cual consiste la felicidad del hombre, y es la posesión beatífica de Dios.
Ahora no comprenderemos esta pena; pero ella es atroz, incomprensible, infinita.
¡Pobres Animas! Ustedes conocen a Dios, no con un conocimiento oscuro, como nosotros, sino con una luz clara y perfectísima; ven que es el cen­tro de vuestra felicidad, que contiene todas las perfecciones posi­bles, y en grado infinito; saben que si cayera en el infierno una sola gota de aquel océano infinito de delicias que en sí encierra, bas­taría para extinguir aquellas llamas y hacer del infierno el paraíso más delicioso.
Comprenden todo esto perfectí­simamente, y así se lanzan ustedes hacia aquel Bien infinito con más fuer­za que una enorme piedra separada de la montaña se precipita a lo profundo del valle; ¡y no obstan­te, no lo pueden abrazar ni poseer? ¡Qué pena! ¡Qué gran tormento!
Punto Segundo. – Si tan horrible pena sienten las Animas, viéndose privadas del hermosísimo ros­tro de Dios, ¿cuál debería ser nuestro desconsuelo como pecadores, si vivimos privados de su gracia y amistad?
Las almas benditas del Purgato­rio no poseen aún a Dios, es ver­dad; pero están seguras de poseer­lo un día, porque son amigas, hijas y esposas suyas muy queridas. Pero hay muchos que saben que viviendo como viven, no poseerán jamás a Dios. Saben que, desde el momento que se rebelaron contra El perdieron su gracia, y con ella la rica herencia de la gloria. ¿Cómo dicen: Padre nuestro, que estás en los cielos?
¡Cuántos se engañan! Dios ya no es su padre, ni su señor ni su rey. Ojalá no nos encontremos nosotros en tal situación.
Y si así fuera, deberíamos hacer una buena confesión para recuperar la amistad divina, y poder estar en paz, sabiendo que el Señor será nuestro deleite para siempre.
Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conse­guir en esta novena.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

MEDITACIÓN DIA QUINTO: Remordimiento de un Anima en el Purgatorio

Imaginemos hoy una persona que haya llevado en este mundo una vida semejante a la nuestra: que haya vivido tibia, inmortificada, distraída en los ejer­cicios de piedad como nosotros, sin tener horror más que al pecado mortal y al infierno, en el mejor de los casos. Supongamos, no obs­tante, que haya tenido la dicha de hacer una buena confesión, morir en gracia e ir al Purgatorio. ¿Qué pensará en medio de aquellas penas y tormentos? Seguramente dos pensamientos la afligirán enormemente.
Primer Pensamiento. – Pude librarme de estas penas, y no quise. ¡Yo mismo he encendido estas llamas! ¡Yo soy la causa de estas penas! Dios no hace más que ejecutar la sentencia que yo en el mundo pronuncié contra mí mismo.
¡Cuántos medios me proporcionó Dios para evitarme esto! Caricias, amenazas, be­neficios, todo lo había agotado; gracias singularísimas de inspiraciones, buenos ejemplos, libros piadosos, padres vigilantes, confesores celosos, maestros y predicadores fervorosos, remordimientos continuos, todo lo había empleado.
Pero, ¡qué locura tan grande la mía! ¡Por no privarme de un frí­volo pasatiempo, por ir a bailes, por divertirme o jugar con tal compañía, por no abstenerme de una mirada, de un vil gusto, de una va­na complacencia, por hablar de los defectos del prójimo, me sujeté voluntariamente a tantas penas y tormentos! Me lo decían todos los años, me lo predicaban y repetían: ¡pero yo no hacía caso!…
¡Dichoso San Pablo, primer er­mitaño; dichosas Gertrudis, Esco­lástica, y tantos otros Santos que, habiendo satisfecho a la Justicia di­vina en el mundo, subieron al cielo sin pasar por el Purgatorio! ¡Yo podía hacer lo que ellos hicieron, pero no quise! ¡Locuras mundanas, conversaciones frívolas, pa­satiempos, vanidad, qué caro me cuestan ahora! Podría fácilmente haber evitado todo eso y no lo hice. Y sólo porque no quise.
El Segundo Pensamiento que afli­ge al alma tibia que vivió como nosotros vivimos, es este: Yo querría librarme ahora del Purgatorio, y no puedo. ¡Si pudiera yo ahora volver al mundo!, di­rá cada una de aquellas Almas, ¡con qué gusto me sepultaría en los desiertos con los Hilariones y Arsenios! Haría penitencias más espantosas que las de un Ignacio en la cueva de Manresa, que las de un Simeón Estilita y de un San Pedro de Alcántara; pasaría noches enteras en oración, como los Antonios, Basilios y Jerónimos; me arrojaría en estanques helados y me revolcaría entre espinas, co­mo los Benitos y los Franciscos; etc.
Pero, en realidad no era necesario nada de esto; con mucho menos podrían haber evitado esas llamas. Sin hacer más que lo que debían hacer cada día, pero haciéndolo con perfección, evita­ban todo esto. Sí; los mismos Sacramentos, pero recibidos con mejores disposiciones; las mis­mas misas, pero oídas con más recogimiento y atención; las mismas devociones, pero practicadas con más fervor; las mismas mortifica­ciones, ayunos y obras de misericordia, pero hechas con menos os­tentación, únicamente por agradar á Dios, no sólo les hubieran librado de todas esas penas, sino también asegurado a ellas y a muchas otras almas la posesión del reino de los cielos.
Pero ahora sus deseos son inútiles: ya no es tiempo de merecer: ha llegado para ellas aquella noche intimada por San Juan, en la que nadie puede hacer obra alguna meritoria: ahora es necesario padecer, y sufrir penas inexplicables, y sufrirlas sin mérito alguno. ¡Y yo lo he querido! ¡Pude fácilmente evitar estos tor­mentos, y no quise! ¡Quisiera poder evitarlos ahora, y no puedo!
¡Dichosos nosotros que oímos es­to! Tenemos tiempo todavía: aún no llegó para nosotros aquella noche tenebrosa. ¿Y seguiremos perdiendo el tiempo, y los días tan preciosos? ¿No tomaremos la seria re­solución de confesarnos bien y de en­mendar nuestra vida?
Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

MEDITACIÓN DIA SEXTO: Paciencia y resignación de las benditas Almas del purgatorio

Punto Primero. -Es Verdad que las almas del Purgatorio padecen imponderables penas, y sin mérito: pero las padecen con una pacien­cia y resignación admirables. Co­nocen a Dios con luz perfectísima, lo aman con amor purísimo, y de­sean ardentísimamente poseerlo: pero al ver sus faltas, bendicen y adoran la mano justa y amorosa que las castiga.
¡Y con cuánta más resignación que los hermanos de José, ex­claman: Merito haec patimur! Con mucha razón padecemos, Señor; pues cuando pecamos no temimos tu poder y tu justicia, frustra­mos los designios de tu amor y de tu sabiduría, despreciamos tu majestad y tu grandeza, y ofendimos tus perfecciones infinitas. Justo es que padezcamos.
Hombres sin conocimiento de la verdadera religión fueron agrade­cidos a sus bienhechores; Faraón hizo a José virrey de Egipto por­que le interpretó un sueño misterioso. Asuero elevó a Mardoqueo a los primeros empleos de Persia porque le descubrió una cons­piración; hasta los osos y los leo­nes y otras fieras salvajes agra­decidas defendieron a sus bienhechores; y nosotros, creados a tu imagen, redimidas con tu Sangre, honradas y exaltadas con tantos dones de la gracia, ingratos te aban­donamos en vida. Sí; purifícanos en este fuego; ¡por ásperas que sean nuestras penas, bendeciremos y ensalzaremos tu justicia y misericordia infinitas. “Justo eres, Señor, y son rectos todos tus juicios”.
Todavía más: es tanta la feal­dad del pecado, por leve que sea, que si Dios abriera a esas almas las puertas del cielo, no se atreve­rían a entrar en él, manchadas como están; sino que suplicarían al Señor las dejara purificarse prime­ro en aquellas llamas. Igual que una joven escogida por esposa de un gran monarca si el día de las bodas apareciese una llaga horrible en su rostro, no se atrevería a presentarse en la Corte, y suplicaría al Rey que di­firiese las bodas hasta que estu­viera perfectamente curada.
¿Oh pecado, por leve que parez­cas, qué tan grave mal eres que las mismas almas preferirían los horrores del Purgatorio antes que en­trar en el cielo con la menor sombra de tu mancha!
Punto Segundo. – Miremos ahora en nosotros si puede darse incoherencia mayor que la nuestra … Nos reconocemos merecedores de horri­bles penas por parte de la Justicia divina, debido a los enor­mes pecados que cometimos en la vida pa­sada, y debido a las innumerables fal­tas en que al presente caemos todos los días; reconocemos, además, que no basta confesarse, ya que la absolución borra sí la culpa, pero no quita toda la pena, y por esto sabemos que es preciso satisfacer a la Justicia divina o en éste, o en el otro mundo; y sin embargo, jamás nos preocupamos por hacer penitencia.
Ahora podríamos expiar nuestras culpas fácilmente, y con gran mérito nuestro: una confesión bien hecha, una misa bien oída, un trabajo sufrido con paciencia, una ligera mortificación, una limosna, una indulgencia, un Vía Crucis hecho con devoción, podría evitarnos espantosos supli­cios: y nosotros todo lo descuidamos, todo lo dejamos para la otra vida.
¿Acaso Hemos olvidado lo horribles que son y cuánto tiempo duran aquellos tormentos? ¿No sabemos que, según afirman cier­tos autores, fundados en revelacio­nes muy respetables, varias de aque­llas almas han estado siglos enteros en el Purgatorio, y otras estarán allí hasta el día del juicio final?
¡Qué gran insensatez la nuestra! Las Almas, dice San Cirilo de Jerusalén, querrían mejor sufrir hasta el fin del mundo todos los tormentos de esta vida, que pasar una sola hora en el Purgato­rio; y nosotros queremos más arder siglos enteros en el Purgatorio, que mor­tificarnos en esta vida un solo mo­mento. ¡Qué gran absurdo!
Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conse­guir en esta novena.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

MEDITACIÓN DIA SÉPTIMO: Descuido de los mortales en aliviar a las Almas del Purgatorio

Punto Primero. – ¡Pobres al­mas! ¡Están padeciendo tormentos y penas inexplicables: no pueden merecer, ni esperar alivio sino de los vivos; y éstos, nosotros, ingratos, no cuidamos de ellas! Tienen ellas en el mundo tantos hermanos, parientes y amigos, y no hallan, como José, un Rubén piadoso que las saque de aquella profunda cisterna. Sus ti­nieblas son más dolorosas que la ceguedad de Tobías, y no encuentran un Rafael que les dé la vista deseada, para contemplar el rostro her­mosísimo de Dios. Se abrasan en más ardiente sed que el criado de Abraham, y no hallan una solícita Rebeca que se la alivie. Son infi­nitamente más desgraciadas que el caminante de Jericó y el paralítico del Evangelio. Pero no encuentran un samaritano u otra persona com­pasiva que las consuele.
¡Pobres almas! ¡Qué gran tormento es para ustedes este olvido de los mortales! ¡Podrían tan fácilmente aliviarlas y libertarlas del Purgatorio; bastaría una misa, una Comunión y un Vía Crucis, una in­dulgencia que aplicasen; y nadie se preocupa de ofrecerlas por ustedes!
¿Y quiénes son esos ingratos? ¡Son sus mismos parientes y amigos, sus mismos hijos! Ellos se ali­mentan y recrean con los bienes o posibilidades que ustedes les dejaron, y ahora, como desconocidos, no se acuerdan ya de ustedes.
¡Pobres almas! Con mucha más razón que David pueden ustedes decir: si alguien que no hubiese nunca recibido ningún favor de mi parte, si un enemigo me tratara así por doloroso que me fuera, podría sopor­tarlo con paciencia: ¡pero tú, hijo mío, hermano, pariente, amigo, que me debes tantos benefi­cios; tú, hijo mío, por quien pasé tantos dolores y no­ches tan malas; tú, esposo; tú, es­posa mía, que tantas pruebas reci­biste de mi amor, siendo objeto de mis desvelos y blanco de mis ince­santes favores: que tú me trates así; que, descuidando los sufragios que tanto te encargué me dejes en este fuego, sin querer socorrerme! ¡Ésta sí que es una ingratitud y crueldad superior a todo lo que podemos pensar!
Punto Segundo.- ¡Pobres almas! Pero más pobres e infelices seremos nosotros, si no las socorre­mos. Acuérdate, nos gritan los difun­tos a nosotros, de cómo he sido yo juzgado: porque así mismo lo serás tú: A mí ayer; a ti hoy. Tú también serás del número de los difuntos, y tal vez muy pronto. Y por rico y po­deroso que seas, ¿qué sacarás de este mundo? Lo que nosotros sacamos, y nada más: las obras. Si son buenas, ¡qué consuelo! Si ma­las, ¡qué desesperación! Como tú hayas hecho con nosotros, harán contigo.
¿Lo oyes? Si ahora eres duro e insensible con las benditas Almas del Purgatorio, duros e insensibles serán contigo los mortales, cuando tú hayas de­jado de existir. Y no es éste el pa­recer de un sabio; es el oráculo de la Sabiduría infinita, que nos dice en San Mateo: Con la misma medida con que midiereis, seréis medidos. Sí; del mismo modo que nos hu­biésemos portado con las almas de nuestros prójimos, se portarán los mortales también con nosotros. ¡Ay de aquel que no hubiese practicado misericordia, porque le espera, dice el apóstol Santiago, un juicio sin misericordia. ¿Y no tiemblas tú, insensible para con los difuntos? Si lleno de indignación, el Juez supremo arro­ja al infierno al que niega la limosna a un pobre, que tal vez era ene­migo de Dios por el pecado, ¿con cuánta justicia y rigor condenará al que niegue a sus amadísimas esposas los sufragios de los bienes que les pertenecían?
Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conse­guir en esta novena.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

MEDITACIÓN DIA OCTAVO: Cómo recompensará el Señor a los devotos de las benditas Ánimas

Punto Primero.-Supongamos que, movidos por estas meditaciones, hacemos una sincera y completa confesión, y ganan­do la indulgencia plenaria de este santo novenario, sacamos un alma del Purgatorio.
¡Qué grande será nuestra dicha! Si perseveramos, ¡qué gran retribución recibiremos en el cielo! Si los reyes de la tierra, siendo miserables mor­tales, recompensan con tanta generosidad al que libra a uno de sus súbditos de un gran peligro, o expone su vida sirviendo generosamente a los apestados, ¿cómo será el premio que dará el Señor al que libre a una o más al­mas de las llamas del Purgatorio?
Hagamos esta comparación: Padres y madres, si un hijo de ustedes cayese en un río o en un fuego, y alguien lo rescatara y se los devolviese vivo, ¿cómo lo agradecerían? Si ustedes fueran ricos y potentados, y esa persona fuera po­bre, ¿cómo lo premiarían?
Ahora bien: ¿qué comparación puede haber entre el cariño del padre más amoroso con el amor que Dios profesa a aquellas almas, que son sus hijas amadas? ¿Qué son todos los peligros y males de este mundo, comparados con las penas del Purgatorio? ¿Y qué comparación puede haber entre el poder y la generosidad de un misera­ble mortal y el poder y la generosidad infinitos de Dios, que promete un inmenso premio de gloria por la visita hecha a un preso, a un en­fermo, o por un vaso de agua dado a un pobre por su amor?
¡Cristianos! No dudemos decir que se ve como asegurada nuestra salva­ción, si logramos sacar una sola alma del Purgatorio. Sabiendo esto, ¿no haremos lo posible para lograrlo?
Punto Segundo. – No pensemos que estas sean sólo unas reflexiones piadosas; es una promesa for­mal de Jesucristo, Verdad Eterna, que no puede faltar a su palabra. ¿No nos dice en el sagrado Evangelio: Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia? Fundado en estas pa­labras infalibles, dice San Gregorio: “Yo no sé que se haya condenado ninguno que haya usado de misericordia con el prójimo”.
Dios quiere mucho a las almas; todo cuanto se hace por ellas, lo mira, agradece y premia como si a El mismo se le hiciera; En verdad os digo que todo cuanto habéis hecho con uno de esos pequeños hermanos míos, lo habéis hecho conmigo. Qué dichosos somos los cristianos; si socorremos a las pobres Ánimas del Purgatorio, un día nos dirá nuestro generosísimo Juez: “venid, benditos de mi Padre. Aquellas pobres almas tenían hambre, y vosotros comul­gando las habéis alimentado con el pan de vida de mi sacratísimo Cuerpo; morían de sed, y asistiendo o ha­ciendo celebrar misas, les habéis dado a beber mi Sangre preciosísima; estaban desnudas, y con vues­tras oraciones y sufragios las habéis vestido con una estola de in­mortalidad; gemían en la más tris­te prisión, y con vuestros méritos e indulgencias las habéis sacado de ella”.
“Y no es precisamente a las Áni­mas a quienes habéis hecho estos favores; a Mí me los habéis hecho: Conmigo lo hicisteis: pues todo cuanto hi­cisteis por ellas, Yo lo miro por tan propio como si lo hubieseis hecho por Mí mismo. Por tanto, venid, benditos de mi Padre, a recibir la corona de gloria que os está preparada en el cielo”.
¿No quisiéramos, cristianos, lograr semejante dicha? Está en nuestras manos.
Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conse­guir en esta novena.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

MEDITACIÓN DIA NOVENO: Agradecimiento de las benditas Ánimas para con sus devotos

Punto Primero. – Llegamos hoy al día feliz; hoy, con las Comuniones y sufragios que los fieles han ofrecido al Señor, no sólo en ésta, sino en tantas otras iglesias, muchas de aquellas almas, ayer, tan afligidas y desgraciadas, han pasado a ser dichosos habitantes y príncipes felices de la Corte celestial. Ya ven cara a cara la Hermosura y Majestad infinita; ya poseen a Dios, que contiene en sí cuanto hay de amable, de grande, delicioso y perfecto. Su entendimiento ya no puede experimentar ni más alegría, ni más suavidad, ni más dicha. Si pudiésemos entrar hoy en aquella dichosa patria y contemplar el paso de aquellos Bienaventurados! ¡Qué alegría, qué abrazos se dan tan afectuosos! ¡Qué cánticos ento- nan en acción de gracias al Dios de las misericordias y a los generosos cristianos que las han sacado del Purgatorio! ¡Cómo dan por bien empleadas las penas que en este mundo padecieron!
¡Con qué alegría está diciendo cada una de ellas: Dichosas confesiones y comuniones; dichosas las misas que oía, las limosnas, oraciones, penitencias y obras buenas que yo practicaba; dichosas las burlas y escarnios que yo sufría por ser practicante! !Y con qué generosidad pagas, Señor, hasta los sacrificios más pequeños e insignificantes que hice por tu amor!
¿No quisiéramos nosotros tener nosotros la misma suerte?
Entonces luchemos con­tra las pasiones; que sin luchar no se alcanza la victoria; sin pena, no hay felicidad.
Punto Segundo.- !Y qué dicha, cristiano, la tuya, si has logrado librar del Purgatorio a alguna de aquellas almas! El cielo debe a tus sufragios el nuevo regocijo y la nueva gloria accidental que ahora experimenta. Y aquellas almas dichosas te deben la libertad, y con ella la posesión de una felicidad infinita. ¿Cómo no suplicarán fervorosamente a Dios por ti? ¿Cómo no van a socorrerte en cualquier necesidad que te encuentres? ¿Qué empeño pondrán en conse­guirte las gracias necesarias para vencer las tentaciones, adquirir las virtudes y triunfar de los vicios?
Y si alguna vez te vieres en peligro de pecar y de caer en el infierno, ¡con cuánto celo esas almas dirán al Señor: ¿Vas a permitir, oh Dios, que se pierda eternamente un cristiano que me ha librado a mí de tan horribles penas? ¿No prometiste que alcanzarían misericordia los que la tu­vieran con el prójimo? ¿Consentirías ahora que cayese en el infierno aquel que con sufragios me abrió las puertas del cielo?
¡Dichoso cristiano, cuántos envidian tu dicha! Persevera, y tienes segura la palma de la gloria.
Medita un poco lo dicho; encomienda a Dios las Animas de tu mayor obligación, y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

El estilo de Posesiones Diabólicas está Cambiando, quizás también te hayas Enfrentado a lo que describimos aquí

Están sucediendo en el mundo cambios en las personas que desafían cualquier lógica racional, que nos llevan a dudar de la salud mental de muchas personas.

demonio

¿La gente no se da cuenta de las consecuencias de lo que está diciendo o haciendo? ¿Hay un virus que produce insanía moral corriendo por el agua que bebemos?  ¿O es el maligno que está cambiando la forma de poseer a las personas?

¿ESTAMOS FRENTE A UN NUEVA FORMA DE POSESIONES?

Sería una falta de sentido de la realidad pensar que la reingeniería moral anticatólica se hace a la fuerza en occidente y en base a leyes que imponen el aborto, la anticoncepción, la ideología de género, la eutanasia y toda serie de males que están alejando a la humanidad del camino de la preservación de la naturaleza. Si bien la coacción desde el poder existe, la mentalidad de los occidentales ha cambiado, a nivel de los valores de cada persona, y aceptan con gusto conductas que antes se consideraban desviadas, que atentan francamente contra la vida en el planeta. ultraterrestree Sólo Dios y satanás saben toda la historia de cómo los seres humanos se dejan arrastrar por acciones tan brutalmente inhumanas, para las que es necesario un auto-engaño monumental.  Y no podemos más que pensar en la mano satánica oculta detrás de esto, pero quizás de una forma distinta a la que hemos considerado históricamente. Hay consenso entre la mayoría de los católicos – que aún creen en satanás -, que las grandes líneas de su estrategia están claras. Poco a poco, el nuevo estándar de lo bueno se convierte en la tecnología: lo que se puede hacer se debe hacer, con la esperanza de que en algún momento en el futuro, gracias a la tecnología médica, podremos a vivir para siempre. Una vez que aceptamos que la vida está hecha para el placer en vez de para servir a Dios y al prójimo, en preparación para la verdadera vida en el cielo, la medida de una vida de éxito se convierte en la ausencia de dolor y la experiencia del placer. Pero para que esto haya sucedido a nivel masivo, debe también haber habido una presencia sobrehumana negativa al lado de cada persona, quizás no sólo tentándola sino también tomándola de alguna forma para profundizar el cambio moral de la sociedad. Y aquí caemos en la consideración de la posibilidad de una nueva estrategia satánica, que son las posesiones lights o intermitentes en muchas personas, que pueden hacer de sostenedores ideológicos del cambio. Estamos acostumbrados a pensar que las posesiones diabólicas son un fenómeno raro y que una vez que un individuo es poseído es muy evidente, con numerosos signos sobrenaturales. Sin embargo quizás puedan ser más comunes de lo que pensamos, porque quizás sean menos evidentes y hasta temporales.

Seguramente todos tenemos experiencia con personas que realmente pierden sus cabales cuando se les habla de religión y experimentan una especie de furia atacando salvajemente y sin miramientos a quien profesa una religión; o quizás haya otros que lo hagan más diplomáticamente pero con eficacia parecida.

Y es más, quizás hasta hemos visto, como es mi caso, personas que arremeten de vez en cuando y por períodos, contra las personas que saben que son fieles cristianos, con brutales agresiones sin motivo directo aparente que escapan a todo intento de catalogar sus reacciones como normales y llevan a pensar que la persona tiene algún grado de locura. Pero que luego, en el resto de su vida diaria, se conducen normalmente, sin que nadie que haya visto a la persona en esos trances de ataques furiosos tenga elementos para alegar insanía mental. Esto que está sucediendo cierra con la lógica del maligno, que es el rey de la mentira y del camuflaje,

¿Por qué razón él estaría interesado en hacer tan evidentes – en todos los casos – las posesiones con actuaciones sobrenaturales como se ven en las películas? ¿No sería más eficaz para él, tener poseída a una persona y que pase lo más desapercibido posible para los demás?¿Suena razonable no?

Esta es la teoría del Padre Dwight Longenecker.

UN TESTIMONIO DEL PROPIO LONGENECKER

El padre Longenecker cuenta esta historia propia para ilustrar su especulación. diablo-empujando-un-dibujo Se trata acerca de un hombre que conocí hace mucho tiempo Voy a llamarlo Gabriel. Conocí a Gabe cuando estaba trabajando en Londres. Era delgado, en forma y de buen aspecto. Tenía modales impecables y una manera deliciosamente encantadora. Era, en todos los sentidos, un hombre de mundo. Gabriel había comenzado su propia compañía de software que se había vuelto en un éxito increíble en muy poco tiempo. Lo vi en el lugar de trabajo. Su personalidad era magnética especialmente para las damas. Corría el rumor de que él se había acostado con la mayoría de ellas en un momento u otro. Estoy pensando en Al Pacino en ‘El abogado del diablo’. Cuando Gabriel se enteró de que yo estaba entrenando para ser sacerdote su usualmente sonriente y encantador rostro quedó ensombrecido. Otra actitud se hizo cargo de él sólo por un breve instante. Cuando esto sucedió sentí un repentino escalofrío y asco. Luego volvió a sonreír y decir algo anodino como: “¡Qué interesante! Espero que funcione para usted….” Algún tiempo después, estaba cenando con unos amigos que también conocían a Gabriel. James era un católico no practicante y su esposa Sally era una devota cristiana evangélica. Como Sally estaba cocinando la cena, James y yo nos sentamos en la mesa con una copa de vino.  James dijo: “Entonces, ¿qué piensas de Gabe?” “¿Quieres saber lo que pienso?” “Claro”, dijo James con una gran sonrisa. “Creo que está poseído por el demonio.” En ese punto Sally soltó la sartén de las patatas y se dio la vuelta. “¿De verdad crees que…” se quedó sin aliento. Yo estaba sorprendido por la intensidad de su respuesta. Había hecho mi comentario de manera humilde. “Sí. Lo creo en realidad”, respondí

“Eso es exactamente lo que he estado pensando durante mucho tiempo!”, dijo Sally, “pero pensé que estaba loca por pensarlo ya que Gabe es un buen tipo. Voy a seguir orando por él”.

¿PUEDE HABER POSESIÓN POR MOMENTOS?

Las historias de posesión son muy raras en nuestra cultura, ¿pero qué tal si estas historias inusuales son sólo la presentación de una etapa de la posesión demoníaca, lo que podríamos llamar la infestación? ojo En esta etapa, el demonio se muestra a sí mismo. Así que las manifestaciones paranormales son claras: voces horribles de otro mundo, levitación, odio extremo a lo santo, fuerza sobrenatural, manifestaciones físicas extrañas y así sucesivamente.

Este despligue es siempre un momento de la posesión, ¿pero qué si en algunas personas, los fenómenos sobrenaturales sólo duran un tiempo, tal vez corto, aunque sea un momento? 

¿Y si ese despliegue se produce en un momento con comportamientos extraños e inusuales, como cuando todo el mundo está borracho en una fiesta o cuando todo el mundo está un poco loco en un concierto de rock? ¿Qué pasa si el despliegue pasa sólo momentáneamente en privado y nadie más que la persona es consciente de ello, y hasta él lo descarta como un sueño o “me volví loco durante un minuto”?

LOS ENDEMONIADOS CAMUFLADOS

Sabemos que los endemoniados no siempre son monstruos delirantes aterradores. Los demonios más a menudo se esconden dentro de la persona. Cuando esto sucede, otros signos pueden indicar la actividad demoníaca: un bloqueo irracional a las cosas de Dios, una incapacidad irracional para entender los asuntos de fe, una adicción a la inmoralidad escandalosa y un disgusto implacable y repulsa ante algo que tenga que ver con Dios o Jesucristo. mujer gritando Si todo esto es cierto, entonces es posible que muchas personas en nuestra sociedad esten poseídos por demonios, pero al igual que Gabriel, sean aparentemente encantadoras, exitosas o que simplemente podrían ser personas comunes que viven al lado suyo. No tienen ningún lugar para Dios o la religión en sus vidas. Viven totalmente para sí mismos y su propio placer. Aunque tienen una fachada de amabilidad y buenas maneras, uno se da cuenta de que no tienen moral y harían cualquier cosa para promover su propio camino en el mundo. Tendría sentido – si satanás tiene a muchos bajo este tipo de control – que no se manifiesten en formas más odiosas y evidentes. ¿Por qué agitar las cosas con comportamientos espeluznantes y aterradores cuando los demonios ya los están dirigiendo?

Si la especulación del padre Longenecker es correcta, entoncespuede haber millones de personas dando vueltas que llevan una vida aparentemente normal pero que, de hecho, están controladas por el maligno. Son adictos a la codicia, al egoísmo, a la promiscuidad, a la pornografía y a toda clase de perversiones. Se dan por completo a las cosas de este mundo, pero ¿eso es simplemente normal?

La única vez que el problema se manifiesta es cuando son desafiados por Jesucristo y su iglesia. Primero se alejan de la Misa, y a continuación vuelven la espalda con una resistencia irracional y terca, y si se les presiona van a llegar a ser agresivos e incluso violentos en contra de Dios y su iglesia. Longenecker describe a personas que seguramente todos nosotros conocemos, pero el pensamiento de que están poseídas por el demonio es demasiado aterrador, porque entonces el demonio tendría millones y millones de poseídos.

OTRO EJEMPLO

Para un ejemplo de la influencia de lo demoníaca en la vida ordinaria se puede contar la historia en el lecho de muerte del  padre del músico Lenny Kravitz. Su padre, Sy Kravitz había vivido una vida de pecado de promiscuidad y adulterio, luego tuvo una experiencia espiritual increíble. Esta historia es de una larga entrevista con Kravitz aquí en el Daily Telegraph. Y Rod Dreher también comenta sobre la historia aquí . el-humo-de-satanas Con el tiempo, su padre tuvo que ir al hospital. Ahí es donde ocurrió. “…los hospitales espiritualmente son lugares muy intensos. Es como si fueran las puertas de la muerte. Él estaba en su cama una noche y me miró, y no estaba en las drogas, y él me dijo: ‘Hay estas cosas volando alrededor de mi cama, y ??estas cosas están arrastrándose por el suelo’ Le dije, ‘¿De qué estás hablando?’ Esto es de mi padre. Él no piensa en ningún tipo de cosas espirituales. Se prohíbe todo tipo de esas cosas. Y él dijo, ‘Hay cosas de alas negras y están volando alrededor de mi cama… las cosas que se arrastran en la tierra, se ven como si fueran ratas y no lo son… las veo’. No sabía cómo tomarlo. Y entonces comenzó a tener esta revelación y él aceptó a Cristo – este era un hombre judío no religioso – y de alguna manera el mundo espiritual se abrió a él. Casi como si él espiritualmente hubiera estado atado toda su vida y ahora esta cosa fuese liberada”. Después de esta experiencia espiritual, su padre comenzó a contestar algunas de las preguntas de las que Kravitz nunca conseguiría respuestas. Cuando Kravitz le preguntaba antes, “¿Por qué hiciste lo que hiciste? ¿Por qué hiciste esto a mamá? “, su padre contestaba evasivas. Pero un par de noches después de la experiencia, sentado en el hospital con Lenny y sus dos hermanastras, Sy comenzó a hablar. “Se disculpó con nosotros de la forma más sincera y de corazón. ‘Me arrepiento de lo que he hecho, cómo he sido, cómo los he tratado, y los amo’. Real. Y fue sorprendente… Y lo que me dijo es que él siempre quería cambiar su vida, y él sentía que tenía estas cosas en la espalda y no podía quitárselas. Toda su vida, sabía dentro de sí mismo, que era hora de cambiar. Pero, dijo, ‘yo no podía’”.

“A medida que se acercaba a la muerte, otra noche en el hospital, él estaba muy cansado y me miró y dijo: ‘Hay ángeles por toda la habitación. Gracias a Jesús’. Y eso fue todo. Se volvió y miró hacia otro lado. Si conocieras a mi padre, eso era lo más alejado de él”.

fuente: http://forosdelavirgen.org/75339/y-si-las-posesiones-fueran-mas-comunes-y-pasan-mas-desapercibidas-de-lo-que-pensamos-2014-02-12/

¿Por qué hoy la Iglesia Católica celebra el “Lunes del Ángel”?

Hoy, lunes de Pascua, la Iglesia celebra el llamado “Lunes del Ángel”, que recibe ese nombre porque fue precisamente un ángel quien, en el sepulcro, anunció a las mujeres que llegaron hasta allí que el Señor Jesús había resucitado.

Radio Vaticano recuerda la explicación que dio el Beato Juan Pablo II en 1994. “¿Por qué se le llama así?”, se preguntaba el Pontífice, poniendo en evidencia la necesidad de destacar la figura de aquel ángel, que dijo desde lo más profundo del sepulcro: “Ha resucitado”. Estas palabras “eran muy difíciles de pronunciar, de expresar, para una persona humana. También las mujeres que fueron al sepulcro lo encontraron vacío, pero no pudieron decir: Ha resucitado, sólo afirmaron que el sepulcro estaba vacío. El ángel dice más: no está aquí, ha resucitado”.

Así lo narra el Evangelio según San Mateo: “El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres: ‘Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. 6 No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid a ver el sitio donde estaba puesto. Marchad enseguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo he dicho'”. Mt 28, 5-7

Los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Como criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles.

El resplandor de su gloria da testimonio de ello. Cristo “con todos sus ángeles” Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen y más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación.

Desde hoy, hasta el final de la Pascua en Pentecostés, se recita la oración del Regina Coeli en vez del Ángelus. El Sumo Pontífice Emérito Benedicto XVI en 2009 señaló que el  “alégrate” María pronunciado por el ángel resuena en una invitación a la alegría: “Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia, quia surrexit Dominus vere, alleluia”, “Alégrate y regocíjate, Virgen María, aleluya, porque verdaderamente el Señor ha resucitado, aleluya”.

 

Fuente: https://www.aciprensa.com/calendario/calendario.php?dia=6&mes=4&ano=2015

 

Dios conoce

El diablo conoce tu nombre pero te llama por tu pecado. Dios conoce tu pecado pero te llama por tu nombre

Jueves Santo

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