Visiones del Nivel más Bajo de Purgatorio

Los seres humanos somos incapaces de juzgar adonde deberíamos ir. Los juicios de Dios son diferentes de los del mundo. Toma en cuenta los infinitos factores. Toma en cuenta cosas que nunca podríamos saber o ni siquiera imaginar. Toma en cuenta cuestiones escondidas detrás de cada situación, así como el carácter y el temperamento. Toma en cuenta la sabiduría que tenemos. Toma en cuenta la carga genética. Sólo Él sabe cuánto nos debe purificar porque sólo Él conoce los rincones secretos del alma.

navicella del purgatorio

Del mismo modo que no podemos juzgar el destino de un alma en particular, tampoco podemos tomar un pecado y clasificarlo limpiamente. No es posible dar una hoja de ruta de a dónde nos dirigirá el pecado en la otra vida. Depende de Dios. Depende de lo que hemos acumulado y lo que hemos limpiado a través de la confesión.

Las sentencias que Dios impone dependen de innumerables factores, pero uno podría suponer que el Purgatorio Más Bajo tiene su cuota de mentirosos, estafadores, promiscuos, falsos profetas, adivinos, usurpadores, ¿pero también de los que se han arrepentido, pero aún no expiado por sus fechorías?

Lo mejor que podemos hacer es leer los comentarios de aquellos que afirman haber visto el Purgatorio.

Mientras que ciertos purgatorios no son tan malos, en los lugares bajos, en los niveles profundos, la situación es muy dura. 

dibujo almas del purgatorio

 

EN LAS ENTRAÑAS DE LA TIERRA

La información dada por Drythelm, un monje al que se mostró el infierno, es que en los tramos más bajos del Purgatorio, en las entrañas de la tierra,están los que han ofendido muy seriamente a Dios y que deberían haber ido al infierno, pero no fueron por la misericordia de última hora, el arrepentimiento de última hora, el respiro de último minuto.

En el nivel bajo hay probablemente asesinos, ocultistas, abortistas, violadores, abusadores de niños, ladrones, tiranos, sádicos, y aquellos que participan en diversas actividades delictivas.

Es muy probable que también se encuentren adúlteros arrepentidos, sodomitas e idólatras.

No importa el pecado, si una persona se arrepiente se salva del fuego eterno, y en su lugar encuentra el camino hacia el fuego del purgatorio.

¡Pero con todo lo que el fuego implica! Siempre se ha descrito como más caliente que cualquier fuego terrenal. Allí, una hora de tormento es más terrible que toda una vida de sufrimiento en la tierra.

Dice Drythelm:

He visto almas que están en un pozo cubierto de fantástico calor y hay testimonios de almas de difuntos que vuelven como apariciones e hicieron cosas tales como dejar una marca de una mano quemada en una puerta de madera, como si se hubiese hecho con hierro caliente.

Cuando Drythelm vio que

había un el valle todo fuego en un lado y todo hielo y nieve en el otro, en una mano brasas y calderos de fuego, en la otra el más intenso frío y la explosión de un viento glacial.

Este misterioso valle estaba lleno de innumerables almas, que, sacudidas como por una furiosa tempestad, se arrojaron de un lado a otro.

Cuando ya no podían soportar la violencia del fuego, buscaban alivio en medio del hielo y la nieve; pero encontraban sólo una nueva la tortura, y se arrojaban de nuevo en medio de las llamas.

Puede que te sorprenda que haya fuego en el Purgatorio, pero como es mencionado por muchos místicos, Dios purifica con su fuego, y los niveles más bajos del Purgatorio son similares al Infierno. 

El alma puede incluso tener una calidad desfigurada o bestial pero a diferencia de infierno los que están en cualquier nivel del Purgatorio tienen el consuelo de saber que sus almas están a salvo y que un día van a ser admitidos en el reino de los cielos. 

No importa la intensidad de su sufrimiento (y es muy intenso) está la consolante realidad de que Dios existe y que un día van a  estar en su presencia.

personas trasluz ecm

 

UN LUGAR DE NIEBLA Y OSCURIDAD

Una mujer que trató de suicidarse en 1991 recordó una experiencia de muerte en la que descendió en un plano de sombras con niebla negra arremolinándose a su alrededor.

La niebla formó una barrera que la mantenía prisionera y fue como si estuviera en el espacio pero sin ninguna estrella.

Lo que viene a la mente de nuevo son las “tinieblas de afuera” que se refiere Cristo en Mateo 8:12, por la niebla como masa de bruma  – “parecía estar formada de moléculas de intensa oscuridad” – y la mujer, Angie Fenimore, vio a hombres y mujeres de todas las edades, pero no niños.

La gente estaba en cuclillas o deambulando y parecía que había una oscuridad que fluía desde lo más profundo de su ser. Ellos estaban paralizados por la niebla. Estaban tan absortos con ella, tan atrapados en su propia aflicción, que no podían demostrar su estado mental o emocional.

Algunos vestían ropas blancas sucias. Otros estaban profundamente sucios. Estaban allí para admitir y comprender los errores en sus vidas y era un lugar, dijo, de tormento sofocante “que me esperaba por quitarme mi propia vida.”

Desde la Unión Soviética llegó un testimonio similar de un hombre cuyo pecado era el ateísmo. Al igual que el suicidio, el ateísmo roba a Dios de su papel como creador.

El hombre, un médico llamado George Rodonaia, descendió a un lugar muy aterrador cuando “murió” en 1976 después de haber sido atropellado por un coche.

El Dr. Rodonaia (ahora un ministro cristiano en los EE.UU.) había muerto durante horas, ¡hasta que un patólogo empezó a cortar su abdomen durante una autopsia!.

Al igual que Angie se había encontrado en un reino de oscuridad total. La oscuridad era absoluta, “más oscuro que cualquier oscuridad, más negro que cualquier color negro”, y el estaba a la vez sorprendido y horrorizado.

Él se sorprendió de que existía sin un cuerpo y horrorizado ante el vacío en el que se encontraba.

Fue sólo cuando se volvió de su negatividad que la Luz de Dios rompió esa horrible oscuridad.

almas del purgatorio

 

EN LOS NIVELES MÁS BAJOS NO LLEGAN LA ORACIONES

En 1873 una monja santa identificada sólo como Sor M. de LC en un convento francés empezó a oír suspiros prolongados a su lado.

Los ruidos extraños de una presencia invisible continuaron y se acercaban cada vez más. En febrero de 1874, después de mucha oración y muchas Comuniones, la presencia finalmente se identificó a la hermana M como el espíritu de una segunda monja que llamaremos la hermana O, que también había estado en el convento, pero que murió varios años antes y estaba ahora en Purgatorio.

Los grandes pecadores que fueron indiferentes hacia Dios, y religiosos que no fueron lo que deberían haber sido, se encuentran en la etapa más baja del Purgatorio”, reveló la hermana O.

Mientras están allí, las oraciones ofrecidas para ellos no se aplican a ellos. Debido a que han ignorado a Dios durante sus vidas, Él ahora en su turno los deja abandonados a fin de que puedan reparar sus vidas negligentes y sin valor.

Si bien en la tierra verdaderamente no se puede imaginar lo que Dios realmente es, en el Purgatorio podemos conocer y entender lo que ÉL es, porque nuestras almas son liberadas de todos los lazos que nos encadenan y que nos impiden la realización de la santidad y ver la majestad de Dios, y su gran misericordia.

Somos mártires, consumidos por así decirlo por el amor. Una fuerza irresistible nos atrae hacia Dios, que es nuestro centro, pero al mismo tiempo, otra fuerza nos lanza de nuevo a nuestro lugar de expiación.

Estamos en un estado de no poder satisfacer nuestros anhelos. Oh, lo que un sufrimiento implica, pero lo deseamos y no hay murmuración contra Dios aquí. Nosotros deseamos sólo lo que Dios quiere. Tú en la tierra, sin embargo, no es posible que entiendas lo que tenemos que soportar. Estoy tranquila, dado que ya no estoy en el fuego. Ahora sólo tengo el deseo insaciable de ver a Dios, un cruel sufrimiento suficiente de hecho, pero creo que el final de mi exilio está cerca y que estoy pronta a salir de este lugar, donde me largo para Dios con todo mi corazón.

Te puedo hablar acerca de los diferentes grados de Purgatorio porque he pasado por ellos. En el gran Purgatorio hay varias etapas. En la más baja y la más dolorosa, es como un infierno temporal, están los pecadores que han cometido crímenes terribles durante la vida y cuya muerte les sorprendió en ese estado.

Fue casi un milagro que se hayan salvado, y, a menudo fue por medio de oraciones de santos padres u otras personas piadosas.

A veces ni siquiera tienen tiempo para confesar sus pecados y el mundo pensó que estaban perdidos, pero Dios, cuya misericordia es infinita, les dio en el momento de la muerte la contrición necesaria para su salvación a causa de una o más buenas acciones que llevaron a cabo durante la vida.

Para estas almas, el Purgatorio es terrible. Es un real infierno, con la diferencia de que en el infierno se maldice a Dios, mientras que nosotros le bendecimos y le damos las gracias por habernos salvado.

Al lado de éstos vienen las almas, que a pesar de que no cometieron grandes crímenes como los demás, fueron indiferentes a Dios. No cumplieron con sus deberes de Pascua y también se convirtieron en el momento de la muerte. Tal vez eran incapaces de recibir la Santa Comunión.

Ellos están en el Purgatorio por los largos años de indiferencia. Sufren dolores desconocidos y son abandonados, ya sea sin oraciones o si se dice que son para ellos, no se les permite sacar provecho de ellas.

cuadro de las almas del purgatorio fondo

 

LOS NIVELES SUPERIORES AL MAS BAJO

En el segundo Purgatorio están las almas de los que murieron con pecados veniales que no fueron completamente expiados antes de la muerte, o con pecados mortales que fueron perdonados, pero por los cuales no han satisfecho completamente a la justicia divina. En esta parte del Purgatorio, hay también diferentes grados, de acuerdo con los méritos de cada alma.

Por último, existe el purgatorio del deseo que se llama el umbral. Muy pocos escapan de esto. Para evitarlo por completo, uno debe desear ardientemente el cielo y la visión de Dios.

Eso es raro, más raro que lo que la gente piensa, porque incluso las personas piadosas tienen miedo de Dios y no tienen, por lo tanto, el suficiente deseo de ir al cielo.

Este Purgatorio tiene su muy doloroso martirio como los demás. La privación de la vista de nuestro amado Jesús se añade al intenso sufrimiento. Es un continuo martirio. Me hace sufrir más que el fuego del Purgatorio. Es tan hermoso el cielo. Hay una gran distancia entre el Purgatorio y el Cielo.

Tenemos el privilegio a veces de vislumbrar la alegría de los bienaventurados en el paraíso, pero es casi un castigo. Nos hace desear ver a Dios. En el cielo  todo es puro deleite; en el Purgatorio, profunda oscuridad Oh, cómo deseo ir al cielo ¡Qué martirio que sufrimos una vez que hemos visto a Dios!

almas del purgatorio

 

SATANAS TODAVÍA PUEDE ATACAR A LAS ALMAS

María Simma dice que en los niveles más bajos satanás todavía puede atacar a las almas, y que no sucede en los niveles superiores.

Es cierto que somos probados aquí en la tierra y que la prueba se detiene con nuestra muerte, sin embargo las almas del Purgatorio más profundo tienen que sufrir por los pecados que han cometido antes de tomar ventaja de nuestras oraciones, nuestras misas y de nuestras buenas acciones. El continuo ataque de satanás es parte de este sufrimiento.

Los niveles del Purgatorio son tan diferentes como nuestras enfermedades en la tierra pueden ir desde una simple inflamación de una uña hasta enfermedades capaces de consumir el cuerpo como el fuego.

Existe este fuego sólo en los niveles más bajos del Purgatorio. Su sufrimiento es más grave, sobre todo en el tercer nivel, el más bajo.

No es justo lo que muchos teólogos hoy enseñan, que el Cielo, el Purgatorio y el Infierno son sólo condiciones. Los tres son también lugares.

Algunas almas permanecen allí sólo una media hora y otros para el resto del tiempo, hasta el último día. Las almas dicen que el tiempo promedio es de alrededor de cuarenta años.

Cuando se nos dice que un alma debe sufrir por un tiempo debido en el Purgatorio, es sólo porque no podemos entender la entidad de un dolor si esto no se expresa en términos de tiempo. Dicen que no se dan cuenta que no tienen su cuerpo. Tienen un cuerpo transfigurado que puede aparecer recuperado y vestido.

purgatorio leeme

 

POR CADA PECADO MORTAL UN PAGO DE 7 AÑOS

El ángel llevó a Santa Francisca de Roma al nivel más bajo del Purgatorio, auna caverna llena de fuego, sus llamas al rojo vivo se cortaban a través del humo negro que oscurecía la cueva.

Pero tan horrible como lo fue, Francisca dijo que no era tan caliente como en el infierno. A medida que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudo ver los cuerpos sumergidos en lo que parecía ser un caldero de fuego que sus llamas los envolvía, tirando de ellos hacia abajo.

Se le dijo que se trataba de almas que habían sido culpables de cometer pecados graves, habían confesado y fueron absueltos de sus pecados por el sacerdote, pero no habían satisfecho el daño causado por su actuar en contra de Dios.

En esta visión, se le dijo que por cada pecado mortal cometido y perdonado, había un pago de siete años de reparación en el Purgatorio porque era necesario borrarlo del alma. 

Dado que el daño causado por cada pecado mortal afecta al mundo de manera diferente, algunos más mortal y duraderamente, la cantidad de tiempo y el castigo es diferente.

El tipo de dolor y el sufrimiento que tenía cada una de estas almas, era proporcional al tipo de pecado, al daño hecho por los pecados, y al número de las heridas infligidas a Sagrado Corazón de Nuestro Señor por estos pecados.

En este nivel, se encontró con las pobres almas de laicos y religiosos, por igual.

Las del laicado eran almas que habían llevado una vida de pecado, y se convirtieron hacia el final de sus vidas. La conversión al Señor y su Iglesia es un don de Dios para nosotros, ya que sólo el Espíritu Santo puede convertir los corazones de los hombres. Como no habían pagado su deuda en la tierra, tenían que compensar la factura del Señor aquí en el Purgatorio.

Las almas de los religiosos eran las que no habían mantenido los votos que habían profesado.

Tan pronto como esto se le explicó, San Francisca vio el alma de un sacerdote que era muy bien conocido. Tenía una cubierta en su cara, para tratar de ocultar la mancha fea que le había quedado.

Ahora, este sacerdote había llevado una vida verdaderamente sacerdotal, como buenos administradores de los Sacramentos y pastor de su rebaño. Su único pecado había sido una destemplada gula ante los alimentos, en lugar de buscar su recompensa en la creación de Dios.

 

via: http://forosdelavirgen.org/102185/purgatorio-bajo/

 

13 cosas que tal vez no sabías del diablo y sus demonios, según exorcista Fortea

El reconocido exorcista P. José Antonio Fortea en su “Summa Daemoniaca” menciona un gran conjunto de cuestiones relativas al demonio que es importante que todo cristiano lo tome en cuenta para el combate espiritual por alcanzar el cielo. Aquí 13 cosas que tal vez no sabías del diablo y sus demonios.

1.- El enemigo tiene varios nombres

En el Antiguo Testamento se le llama “Satán” que significaría “adversario, enemigo, opositor”. Asimismo, en el Nuevo Testamento se le nombra como “Diablo”, que viene del verbo griego “diaballo” (acusar). En cambio la palabra demonio, del griego “daimon” (genio), es usado para designar a seres espirituales malignos.

Lucifer es un nombre que no está en las Sagradas Escrituras y que significa “estrella de la mañana” o “el que lleva la luz”. Lo cual “recuerda la pena tan grande que es que siendo tan bello, cayera”, indica el P, Fortea. Sin embargo, el presbítero sigue la misma idea de otro renombrado exorcista, P. Gabriele Amorth, quien considera que Lucifer es el nombre propio del segundo demonio en importancia en la jerarquía demoníaca.

2.- La gran prueba

Todos los ángeles al ser creaos por Dios, sabían que Él era su creador, pero pasaron por una prueba “antes de la visión de la esencia de la Divinidad”. A modo de comparación, el sacerdote explica que sería como decir que “veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse”.

“En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Nadie les hizo así”.

3.- La batalla en el cielo fue intelectual

Al respecto, el exorcista indica que los ángeles desobedientes empezaron a odiar a Dios y a verlo como una cadena que oprimía su libertad. La batalla entre Miguel y Lucifer, cada uno con sus ángeles, no fue con armas, ya que no tienen cuerpo, “las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales”, explica.

“Unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron más en una virtud otros en otra… los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y a los demonios se les dejó que se alejaran”.

4.- La razón de su rebeldía

Sólo en este punto se toma como referencia el libro “Historia del Mundo Angélico”, también del P. Fortea. Allí sugiere, a modo de novela, que la prueba por la que habrían pasado los ángeles es la revelación que les hizo Dios sobre crear el mundo material con la humanidad, que Él se haría hombre para salvar a los pecadores y que nacería de una mujer, la cual sería la reina de los ángeles.

Lucifer no pudo soportar esta idea, creía que él debería engendrarlo al ser la “obra maestra” del Creador. Más adelante con otros ángeles acusaron que Dios estaba equivocado y se rebelaron por completo. Los ángeles que acataron la voluntad de Dios se postraron a adorar a su creador, aún sin ver todavía su esencia. Mientras que los rebeldes se alejaron del amor de Dios.

5.- Son seres espirituales

“Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente”. Es decir, no tienen cuerpo, no sienten inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo, pero pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias. Comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual y sus faltas son sólo espirituales.

En este sentido el exorcista precisa que Satán “sigue siendo un bellísimo ángel en su naturaleza, aunque repugnante en su aspecto moral… Su ser personal se ha deformado, pero su naturaleza permanece y permanecerá intacta haga lo que haga. Dado que ambas cosas son inseparables, él auténticamente es un monstruo, un ser deforme, alguien que produce repugnancia y aversión”.

6.- Entre los demonios también hay tiempo

Su tiempo no es material como el de los humanos, sino que es un tiempo propio de los espíritus, que es llamado “evo” (“aevum” en latín) y que es la sucesión de actos de entendimiento y voluntad en un ser espiritual.

El Creador, en cambio, vive en un eterno presente. “Sólo en Él no hay sucesión de tiempo de ninguna clase. En Él no ha transcurrido nunca ni un solo segundo, ni un solo antes ni después. La eternidad de Dios es cualitativamente distinta de la eternidad del tiempo material (con un principio, pero sin final) y de la eternidad del evo (también con un principio, también sin final)”, puntualiza Fortea.

7.- Sufren al considerar a Dios

Cada ángel caído “en el conocer encuentra placer, pero también sufrimiento. Sufre cada vez que ese conocimiento le lleva a considerar a Dios. Y el demonio percibe continuamente el orden y la gloria del Creador en todas las cosas. Hasta en las cosas aparentemente más neutras, él encuentra el reflejo y el recuerdo de los atributos divinos”.

Sin embargo, el exorcista plantea que “el demonio no está siempre en cada instante sufriendo. Muchas veces simplemente piensa. Sólo sufre en ciertos momentos, cuando se acuerda de Dios, cuando se vuelve a hacer consciente de su miserable estado, de su separación de Dios”.

8.- No conocen el futuro, ni pueden leer los pensamientos

Los demonios no ven el futuro, pero con su inteligencia muy superior a la del ser humano pueden deducir por sus causas algunas cosas que sucederán. No saben lo que uno decidirá porque “la libertad humana es el gran factor de indeterminación en sus previsiones”, sostiene el P. Fortea.

“Los demonios pueden tentarnos pero no pueden leer nuestros pensamientos. Aunque dada su gran inteligencia pueden conjeturar lo que pensamos. Al ser seres más inteligentes que nosotros, deducen muchas más cosas y con más seguridad con muy pocos signos externos que lo que deduciríamos nosotros. Pero siempre hay que recordar que ellos están fuera de nuestra alma, sólo Dios puede leer nuestra alma”.

 

Fuente: https://www.aciprensa.com/noticias/12-cosas-que-tal-vez-no-sabias-del-diablo-y-sus-demonios-segun-exorcista-fortea-43434/

 

¿Sabes por qué en el exorcismo se pregunta al demonio su nombre?

Las impresiones de un exorcista: El diablo no está en todas partes, pero no lo busques – por si acaso

Hay que confesarlo: el tema “exorcismo” y “posesión diabólica” suscita en general, en nuestra mentalidad moderna, una reacción entre de fascinación por esos misterios que evoca, y la abierta incredulidad. Material para el cine, que da que pensar.

Pero la práctica del exorcismo está regulada por la Iglesia católica con el ritual De exorcismis et supplicationibus quibusdam (Rito de exorcismo y oraciones para circunstancias particulares, adoptado en 1998 en sustitución del anterior más antiguo, que puede seguir usándose), y está sujeta a vínculos y prescripciones.

Hunde sus motivaciones en la Sagrada Escritura, y en la teología. Es materia delicada que debe ser tratada con prudencia por sacerdotes preparados y equilibrados (“dotado de piedad, de ciencia, de prudencia e integridad de vida”), expresamente autorizados por el propio obispo.

Aleteia habló con Cesare Truqui, exorcista de la diócesis de Coira, en Suiza, y ponente en el XI curso “Exorcismo y oración de liberación” del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma (en el que se inspiró la película El Rito de Anthony Hopkins).

– ¿Qué tipo de mal se afronta con el exorcismo?

Un mal personificado. Pablo VI habló de “humo de Satanás”. No la simple “privatio bonis”, privación de un bien, que describe la filosofía, sino un mal eficaz, operante. Hablamos de la presencia de un ser malvado. Lo que este ser malvado es sólo puede decirlo la fe, no la ciencia. La fe nos habla de la existencia de seres espirituales: los buenos son los ángeles, los malos son los demonios.

– El mal entendido como entidad que se posesiona físicamente es un poco difícil de aceptar, ¿o no?

Sí, es verdad, porque normalmente en la vida no se da una experiencia de este tipo. Yo, por el ministerio que tengo desde hace tantos años, he tenido la oportunidad de encontrarme a estas personas y para mí es más fácil creer que ciertos fenómenos existan.

– ¿Cómo comenzó?

Fue la Providencia. Cuando fui ordenado sacerdote, hace 12 años, participé en un curso con sacerdotes exorcista, como Bamonte y Amorth. Sucedió que se presentó el caso de un señor francés de 40 años poseído por Satanás que necesitaba un exorcista, pero Bamonte no hablaba inglés ni francés. Así que me pidieron que les ayudara en el diálogo preliminar.

– ¿Qué sensaciones tiene cuando se encuentra ante la manifestación del mal?

Son sensaciones que cambian con el tiempo. En las primeras sesiones de exorcismo en las que participé, la impresión más fuerte fue la confirmación tangible de que el Evangelio que había leído y meditado era cierto. En el Evangelio Jesús lucha contra el demonio que se da distintos nombres: “me llamo Legión, me llamo Satanás”. En el Antiguo Testamento, en el Libro de Tobías, hay un demonio que se llama Asmodeo. Yo estos nombres los he oído pronunciar a los demonios en varias sesiones de exorcismo. A nivel espiritual ha sido una experiencia muy rica porque me ha permitido experimentar en la carne, a través de los sentidos, la realidad de la que hablaba Jesús.

– ¿Y a nivel tangible?

En el caso del hombre francés de mi primer caso, recuerdo que al manifestarse el demonio, tenía la impresión de estar rodeado por la soberbia, como si fuera humo o niebla. Es difícil de explicar, pero la soberbia parecía algo que se pudiese tocar, llenaba la habitación. El exorcista le pidió el nombre y él respondió: “Soy rex”. No hay un demonio que se llame “rex”, rey. El exorcista insistió: “Dime tu nombre” y él respondió finalmente: “Soy Satanás, el príncipe de este mundo”.

– ¿Por qué se le pregunta el nombre?

Lo requiere el Ritual con un objetivo preciso. Dar el nombre a algo o tener el nombre significa tener poder sobre ese algo. De hecho, Dios da a Adán el poder de dar un nombre a las cosas. En el momento en que el demonio revela su nombre, demuestra está debilitado. Si no lo dice, es aún fuerte.

– ¿Hay signos típicos de la posesión?

Los previstos por el Ritual. Son cuatro: la aversión a lo sagrado, hablar lenguas desconocidas o muertas; tener una fuerza extraordinaria que va más allá de la naturaleza de la persona; el conocimiento de cosas ocultas o escondidas.

– ¿Las personas pueden ponerse a sí mismas en peligro?

Sí. Acercándose a todo lo que tiene que ver con la magia, el ocultismo, la brujería, la cartomancia. Si para ser santos ayuda el ir a Misa, rezar, confesarse, acercarse a Dios, igualmente, misas negras, ritos satánicos, películas y música de este tipo tienen el efecto de acercarse al demonio.

Tuve el caso de una señora que empezó a leer las cartas, como hacen muchos por diversión. Sólo que a ella le sucedía que adivinaba de verdad el pasado y el presente de las personas, y en algunos casos el futuro. Y naturalmente tenía un gran éxito. En cierto momento comprendió de quién dependía su éxito, y dejó de hacerlo, pero era demasiado tarde: estaba poseída.

– ¿Cómo es posible hacer un maleficio?

Igual que yo puedo encargar a alguien que mate a una persona, puedo pedir a un demonio que haga un daño. Pero atención: la grandísima mayoría de los ritos realizados por supuestos magos son estafas, sin efecto alguno.

– ¿Basta un exorcismo para liberar a la persona?

Es dificilísimo. Normalmente se necesitan muchos exorcismos.

– ¿Funciona como una terapia?

Sí. El exorcismo es un sacramental, no un sacramento. El sacramento es eficaz en sí mismo. Si doy la absolución a alguien en confesión, en ese momento, verdaderamente, sus pecados están perdonados. El exorcismo, en cambio, es eficaz en la medida de la santidad del sacerdote, de la fe de la persona para la que se hace el exorcismo y de toda la Iglesia. Si hoy son menos eficaces los exorcismos, es porque toda la Iglesia es más débil.

– ¿Qué diferencia existe entre exorcismo y oración de liberación?

Ambos tienen el mismo fin: buscan la liberación de la persona de la influencia del mal o de la posesión. El exorcismo en sentido real es ministerio dentro de la Iglesia que el obispo confiere a algunos sacerdotes. Puede ser ejercido sólo por sacerdotes, no por laicos, y sólo por aquellos que tienen un permiso explícito del obispo.

La oración de liberación, en cambio, puede hacerla cualquier persona, hombre o mujer, laico o sacerdote, en virtud de nuestro cristianismo porque Jesús dijo: “El que cree en mí expulsará a los demonios”. El exorcismo, además, es un mandato directo al demonio, mientras que la oración de liberación es una súplica a Dios o a la Virgen para que intervenga.

– ¿Cuántas personas que se han dirigido a usted estaban realmente poseídas?

Poquísimas.

– ¿Y entonces por qué hay tanto temor?

Entre las personas que se dirigen a mi distingo tres casos: el verdadero poseído, el no poseído y el caso problemático. El primero y el último son los más fáciles: sabes que se trata de un verdadero poseído porque manifiesta los cuatro signos y porque cuando pronuncias las oraciones la persona entra en trance y reacciona de un modo que el exorcista conoce. Se puede fingir, pero es difícil.

En el segundo caso, con la experiencia de sacerdote y confesor, comprendes cuándo hay problemas espirituales o psicológicos, y cuándo puedes descartar la influencia diabólica.

El problema es cuando encuentras uno que parece de verdad poseído pero no lo está, porque existen traumas profundos que se acompañan con comportamientos de riesgo, como ir a sesiones espiritistas o acudir a echadores de cartas.

Conocí a una joven que fue violada por un supuesto mago latinoamericano que se había encaprichado con ella. Un día le dio un café drogado y la violentó: ella era consciente pero no podía reaccionar. Este enorme trauma le hizo pensar en la posesión diabólica a través de la droga y por la violencia sufrida.

Creí que estaba de verdad poseída. Cuando recé y le impuse las manos durante el exorcismo, sin embargo, ella nunca entró en trance y no hubo rastro de otros fenómenos. Comprendí, por tanto, que la causa era diversa. Este es el motivo por el que en el curso para exorcistas se tratan perfiles médicos y psiquiátricos que pueden entrar en juego en estas situaciones.

– ¿Las personas que están realmente poseídas cómo viven?

En realidad viven de forma normal. El demonio no actúa continuamente en ellos. Puedo hacer una comparación paradójica para intentar explicarlo: si una persona compra un auto, ese auto está a su disposición, lo usa cuando quiere. Puede usarlo para ir a la oficina y después tenerlo aparcado. Lo mismo sucede con la persona poseída. Hay momentos en los que el demonio actúa: entra en el auto y maneja como quiere; en otros momentos no. El auto tiene un dueño, pero el dueño no lo utiliza.

– ¿Cuándo es necesario ir a un exorcista?

Cuando lo que te sucede se sale de lo normal. Había una señora que conocí en Roma que era atea: una católica sólo bautizada que no creía en nada. Quedó poseída, no recuerdo en qué circunstancia. Comenzó a oír continuamente voces que la incitaban a matar a su esposo y a su hijo y a quitarse la vida.

Pensó que estaba loca y recurrió a un psiquiatra, pero este se encontró ante una persona muy inteligente, coherente y con gran claridad de ideas. El psiquiatra no pudo curarla. Un día, las termitas se comieron todos los vestidos de la señora, sin tocar los del marido – que estaban en el mismo armario – ni los del hijo. Y en la casa no hay termitas. Algo inexplicable.

Una amiga suya le aconsejó que fuera al padre Amorth y éste encontró que estaba poseída. Y sin embargo, ella no creía ni en los ángeles ni en los demonios. Ahora se ha vuelto una cristiana practicante. ¿Por qué Dios permite esto? También por el bien de las personas.

– ¿Ha podido preguntar a alguno de ellos qué sintió durante el exorcismo?

Pregunté a ese señor francés del que hemos hablado qué sentía durante el exorcismo, y él me explicó que sentía como si dentro de él hubiese un campo de batalla. Por una parte sentía a los demonios correr desesperados y hablar entre ellos; por la otra, cuando el sacerdote rezaba, sentía que la luz de Dios los expulsaba, para después volver de nuevo.

– ¿Qué historia le impresionó más?

La experiencia de un demonio mudo. Jesús habla de ello en el Evangelio y dice que son los más difíciles de expulsar, y que salen sólo con la oración y el ayuno. Es una rareza un demonio mudo. En 12 años de exorcismos, me ha sucedido sólo una vez.

– ¿Nunca tiene miedo?

Al principio sí, después te acostumbras a ciertas manifestaciones y ya no te sorprende oír que la voz cambia: una mujer que empieza a hablar con voz débil y después pasa a un tono cavernoso. Hay que estar atentos a no caer en la obsesión por el maligno. El exorcista sabe que el diablo existe, pero no está en todas partes. Sobre todo he comprendido que el exorcismo es un ministerio de misericordia: un acto de amor hacia una persona que sufre. Solo esto.

 

via http://es.aleteia.org/2016/04/13/sabes-por-que-en-el-exorcismo-se-pregunta-al-demonio-su-nombre/

 

Pecados por omisión

¿Y TÚ TE EXAMINAS DE LOS PECADOS DE OMISIÓN?

Las convicciones que ocultamos por el miedo a que nos tachen de anticuados…

La blasfemia o el chiste irrespetuoso que complacientemente escuchamos, temerosos del qué dirán si protestamos…

Los silencios cómplices al no manifestar y defender la Verdad y el Bien, por el miedo a la opinión de terceros…

Las herejías que toleramos al cura modernista para no incomodarnos por el qué dirán los demás fieles o el propio cura…

Las preces omitidas que incidieron en almas que no cambiaron de vida y se condenaron porque no hubo quien orase por ellas, haciendo caso omiso a lo que pidió y advirtió la Virgen en Fátima…

Las misas que no mandamos decir y las oraciones que no hicimos por nuestros parientes y por las almas del purgatorio, en general, para que alcanzaran pronto la bienaventuranza eterna…

Las tolerancias al mal comportamiento de nuestros hijos para evitarnos problemas…

Las correcciones que debimos hacer y que por comodidad callamos…

Las almas que, pudiendo, no engendramos para Dios, pero que nuestro egoísmo disfrazó de “paternidad responsable”, acallando nuestro deber de fecundidad…

La lágrima que vimos rodar en el rostro de quien camina a nuestro lado y por no querernos involucrar, no la enjugamos…

El suéter que no quisimos quitarnos para darlo aquel mendigo que tiritaba de frío, pues nos costó mucho dinero…

El pedazo de pan que no compartimos, porque nadie nos lo regaló, y que justificamos diciendo que por nuestro propio esfuerzo lo obtuvimos…

La riña que no quisimos evitar, para no meternos en problemas que no son nuestros…

La herida que no quisimos curar, porque no fuimos nosotros quien la hicimos…

La palabra de aliento o el buen consejo que nunca regalamos a quien encontramos afligido o necesitado, porque “no tenemos tiempo” para ello…

La paciencia que no mostramos ante los defectos del prójimo…

El tiempo que negamos para escuchar a alguien que necesitaba hablar, diciéndonos que no podíamos perderlo…

Los conocimientos que pudimos compartir y que egoístamente nos reservamos…

La limosna que no ofrecimos, porque -sin tener verdadero fundamento- pretextamos que no queremos contribuir a la mendicidad y ociosidad…

La sonrisa que no regalamos a aquel que encontramos en el camino, porque no tiene nada que ver conmigo…

El perdón que no ofrecimos…

La disculpa que nuestro orgullo silenció…

La carta que alguien esperó y nunca escribimos…

La visita que no hacíamos a nuestros padres o parientes solos o ancianos…

La formación religiosa deficiente para nuestros hijos (o apenas para la Primera Comunión) y los sacramentos diferidos (deben ser: Bautismo, en peligro de muerte o antes del mes de nacido; Confesión -primero- y Primera Comunión -después-, al llegar al uso de razón, etc.)…

El adoctrinamiento religioso que no impartimos a nuestros sirvientes…

El aborto que se cometió y que tal vez nuestro consejo hubiera evitado…

La visita a ese enfermo o a ese preso que quedó solo en el olvido…

La medicina que pudimos regalar al enfermo grave y necesitado, pero como alcanzaba a afectar nuestra economía nunca adquirimos…

La confesión y comunión omitidas que anualmente, al menos, nos obligan los mandamientos de la Iglesia…

Los días de ayuno y abstinencia de carne rotos en días obligatorios…

Las misas dominicales a las que no asistimos sin razón suficiente…

Las oraciones de agradecimiento a Dios que omitimos (¡para pedirle no lo olvidamos!), las visitas de amor al Santísimo sacramento que nunca hicimos, el estudio de nuestra fe que siempre pospusimos, la lectura espiritual que no realizamos nunca…. todo con la excusa de que no disponemos de tiempo o estamos muy, muy, pero muy agotados…

En fin…TODO aquello que pudiendo y debiendo hacer no realizamos por pereza o egoísmo.

Obrar bien no solo consiste en evitar el mal, pues las omisiones culpables también son pecados.

Debemos, pues obrar el bien y no solo evitar el mal.

Qué pena y dolor por todo aquello que hemos omitido durante nuestra vida. Habrá algunas omisiones reparables… Otras ya no tienen remedio.

Pidamos perdón a Dios por todas y acusemos al Confesor las que hayan sido materia grave y corrijamos todo aquello que todavía sea reparable.

El creyente realmente debe, positivamente, amar a Dios sobre todas las cosas, y a su prójimo en la misma medida que a sí mismo se ama. No olvides, pues, examinar frecuentemente también los pecados de omisión (y especialmente al realizar el examen de conciencia, pues no basta analizar los mandamientos de Dios, de la Iglesia y los pecados capitales). Aquí solo hemos enumerado algunos. Analiza tus particulares obligaciones sobre tu estado de vida, y cuáles se desprenden de esto.

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