No al aborto, si a la VIDA

Una mujer preocupada se fue a su ginecólogo y le dijo: “Doctor, tengo un problema serio y necesito desesperadamente su ayuda! Mi bebé no es ni siquiera de un año de edad y estoy embarazada de nuevo. No quiero los niños tan cerca. Por lo que el médico le dijo: ‘OK, y ¿qué quieres que haga? ” Ella dijo: ‘Quiero terminar …mi embarazo, y cuento con su ayuda para esto?” El médico pensó un poco y después … de un poco de silencio, dijo a la señora: “Creo que tengo una mejor solución para su problema. Es menos peligroso para usted también. ” Ella sonrió, pensando que el médico iba a aceptar su petición. Luego continuó: “Usted ve, para que no tenga que cuidar dos bebés al mismo tiempo, vamos a matar el que está en los brazos. De esta manera, se puede descansar un poco antes que el otro nazca. Si vamos a matar a uno de ellos, no importa de cuál se trata. No habría riesgo en su cuerpo si usted elige al que ya esta en los brazos. La señora se horrorizó y le dijo: “No doctor! ¡Qué terrible! Es un crimen matar a un niño! “Estoy de acuerdo”, respondió el médico. “Pero parecía estar de acuerdo con ello, así que pensé que tal vez era la mejor solución”. El doctor sonrió al darse cuenta de que había llegado a su punto. Convenció a la madre que no hay diferencia en el asesinato de un niño que ya ha nacido y que todavía está en el útero. El delito es el mismo! Si estás de acuerdo, por favor compartan. Juntos podemos ayudar a salvar vidas preciosas! “Amor es que me sacrifico por el bien de la otra persona. Aborto es el sacrificio de la otra persona por el bien de mí mismo …
#NoAlAborto #ProVida #ProLife
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21 cosas que hacemos cuando nos realizamos la Señal de la Cruz

21 cosas que hacemos cuando nos realizamos la Señal de la Cruz

Hacernos la señal de la Cruz es un gesto simple pero a la vez una profunda expresión de fe para los Católicos y Cristianos Ortodoxos

Hacernos la Señal de la Cruz es un gesto simple pero a la vez una profunda expresión de fe tanto de los Católicos como de los Cristianos Ortodoxos. Como católicos, es algo que hacemos cuando entramos en una iglesia, luego de recibir la comunión, antes de comer y cada vez que oramos. Pero, ¿qué es realmente lo que hacemos cuando nos santiguamos? Aquí hay 21 cosas:

1) Orar. Comenzamos y finalizamos nuestras oraciones con el Signo de la Cruz, tal vez no comprendiendo que el signo de la cruz es en sí mismo una oración. Si la oración es en esencia “la elevación de nuestra mente a Dios” como lo dice San Juan Damasceno, entonces el Signo de la Cruz califica perfectamente como tal. “No es un gesto vacío, el signo de la cruz es una potente oración que conecta al Espíritu Santo como nuestro Divino Intercesor y generador de una exitosa vida cristiana” escribe Bert Ghezzi.

2) Abrirnos a la gracia. Como un sacramental, el Signo de la Cruz nos prepara para recibir la bendición de Dios y nos dispone para cooperar con Su gracia, de acuerdo a Ghezzi.

3) Santificar el día. Como un acto que realizamos repetidas veces a lo largo del día, la Señal de la Cruz santifica nuestro día. “En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la cruz.”, escribió Tertuliano.

4) Consagrar todo nuestro ser a Cristo. En el movimiento de nuestras manos, desde nuestra frente a nuestro pecho y luego hacia ambos hombros, le estamos pidiendo a Dios su bendición para nuestra mente, nuestras pasiones y deseos, nuestros propios cuerpos. En otras palabras, la Señal de la Cruz nos consagra en cuerpo y alma, mente y corazón a Cristo. “Deja que tome todo tu ser –cuerpo, alma, mente, voluntad, pensamientos, sentimientos, tus acciones y omisiones- y sellándolos con la cruz, fortalécelo y conságralo todo con la fuerza de Cristo, en el nombre de la Divina Trinidad” decía el teólogo del siglo XX, Romano Guardini.

5) Recordamos la Encarnación. Nuestro movimiento es hacia abajo, desde nuestra frente a nuestro pecho “porque Cristo descendió de los cielos a la tierra”, escribía el Papa Inocente III en sus instrucciones para hacer la Señal de la Cruz. Sosteniendo dos dedos juntos- ya sea el pulgar con el anular o el índice- también representan las dos naturalezas (humana y divina) de Cristo.

6) Recordamos la pasión de Nuestro Señor. Fundamentalmente, al trazar las líneas de la cruz sobre nosotros, estamos recordando la crucifixión de Cristo. Esta remembranza se ve profundizada si mantenemos nuestra mano derecha abierta, usando los cinco dedos para hacer la señal- correspondiente a las cinco heridas que sufrió Cristo.

7) Afirmar la Trinidad. Al invocar el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, estamos afirmando nuestra creencia en un Dios Trino. Esto también se refuerza si usamos los tres dedos para hacer la señal, de acuerdo al Papa Inocente III.

8) Enfocar nuestra oración en Dios. Una de las tentaciones cuando oramos, es dirigirnos a Dios con nuestra concepción personal de El- El hombre de arriba, nuestro amigo, una especie de genio cósmico, etc. Pero cuando esto sucede, nuestras oraciones se tratan más de nosotros que de un encuentro con el Dios viviente. La Señal de la Cruz inmediatamente nos enfoca en el Dios verdadero, de acuerdo a Ghezzi: “Cuando invocamos la Santísima Trinidad, ponemos nuestra atención en el Dios que nos creó, no en el Dios que nosotros hemos creado. Dejamos de un lado esas imágenes y dirigimos nuestras oraciones a Dios que se ha revelado a sí mismo como: Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

9) Afirmar la procedencia del Hijo y El Espíritu. Al levantar primero nuestra mano a la frente recordamos que El Padre es La Primera Persona de la Trinidad. Al bajar nuestra mano nosotros “expresamos que El Hijo procede de El Padre”. Y, al finalizar con El Espíritu Santo, aseguramos que El Espíritu procede del Padre y del Hijo, como lo dice San Francisco de Sales.

10) Confesar nuestra fe. Al afirmar nuestra creencia en la Encarnación, crucifixión y en la Trinidad, estamos haciendo una mini confesión de fe en palabras y gestos, proclamando las verdades fundamentales de nuestro credo.

11) Invocar el poder del nombre de Dios. En la escritura, el nombre de Dios tiene poder. San Pablo nos dice que “ante que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y entre los muertos” (Filipenses 2,10). Y Jesús mismo dijo “Todo lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el Padre sea glorificado en su Hijo. Y también haré lo que me pidan invocando mi Nombre” (Juan 14,13-14)

12) Crucificarnos personalmente con Cristo. Todo el que quiera seguir a Jesús debe “negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirlo” como dijo Jesús a sus discípulos en Mateo 16,24.  “He sido crucificado con Cristo”, escribe San Pablo a los Gálatas en el capítulo 2,19. “Proclamar la Señal de la Cruz es proclamar nuestro si a la condición de discípulos de Cristo”, escribe Ghezzi.

13) Pedir apoyo en nuestro sufrimiento.  Al cruzar sobre nuestros hombros le pedimos a Dios “que nos dé apoyo- nos meta el hombro- en nuestro sufrimiento”, escribe Ghezzi.

14) Reafirmar nuestro bautismo. Al usar las mismas palabras con las que hemos sido bautizados, la Señal de la Cruz es un “resumen y aceptación de nuestro bautismo” de acuerdo al Cardinal Joseph Ratzinger.

15) Revertir la maldición. La Señal de la Cruz recuerda el perdón de nuestros pecados y da vuelta a nuestra caída pasando “del lado izquierdo de la maldición al derecho de la bendición” de acuerdo a De Sales. El movimiento de izquierda a derecha también significa nuestro futuro paso de la miseria del presente a la gloria futura, como Cristo ha “cruzado de la muerte a la vida y del infierno al Cielo”, escribió el Papa Inocente II.

16) Rehacernos a imagen de Cristo. En Colosenses 3, San Pablo usa la imagen de la vestimenta para describir como nuestra naturaleza pecadora se transforma en Cristo. Debemos tomar nuestro ser viejo y ponerlo en el ser “que está siendo renovado… a imagen de su creador”, nos dice Pablo. Los Padres de la Iglesia veían una conexión entre este verso y  el desnudar a Cristo en la cruz, “nos muestra que debemos despojarnos de nuestra vieja naturaleza en el bautismo y ponernos una nueva como participación de nuestra desnudez con Cristo en Su crucifixión”, escribía Ghezzi. Él concluye que podemos ver la Señal de la Cruz como “nuestra forma de participar en la desnudez de Cristo en la Crucifixión y ser vestidos con la gloria de Su resurrección”. Así que al hacer la Señal de la Cruz, estamos identificando radicalmente con todo el evento de la crucifixión- no solo con esas partes que podemos aceptar o que podemos procesar sin dañar nuestras sensibilidades.

17) Marcarnos a nosotros mismos por Cristo. En la Antigua Grecia, la palabra para señal era “sphragis”, que también era una señal de propiedad, de acuerdo a Ghezzi. “Por ejemplo, un pastor marcaba sus ovejas como su propiedad con una marca que llamaban sphragis” escribe Ghezzi.   Al hacer la Señal de la Cruz, nos marcábamos como pertenencia de Cristo, nuestro verdadero Pastor.

18) Ser soldados para Cristo. El “sphragis” era también un término para el nombre de un general que era tatuado en sus soldados de acuerdo a Ghezzi. Esto también es una metáfora de la vida cristiana: mientras podemos ser comparados a ovejas en el sentido que seguimos a Cristo como nuestro pastor, no debemos ser tímidos o mansos. Más bien somos llamados a ser soldados para Cristo como lo escribe San Pablo en Efesios 6 “Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza; tengan buen calzado, estando listos para propagar el Evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios”.

19) Custodia contra el demonio. La Señal de la Cruz es una de las muchas armas que usamos en la batalla con el demonio. Como decía un predicador del medievo llamado Aelfric, “Un hombre puede mover sus brazos maravillosamente sin crear ninguna bendición hasta que hace la Señal de la Cruz. Pero, si lo hace, el enemigo pronto sentirá temor a cuenta de la victoria ya reclamada”. En otra afirmación, atribuida a San Juan Crisóstomo, se dice que los demonios “vuelan lejos” ante la Señal de la Cruz “temiéndola como un bastón con el que están siendo abatidos”. (Fuente: Enciclopedia Católica).

20) Sellarnos con El Espíritu. En el Nuevo Testamento, la palabra “sphragis”, mencionada antes, es a veces traducida como sello, como en 2ª Corintios 1,22, donde San Pablo escribe que “Y Dios es el que nos da fuerza, a nosotros y a ustedes, para Cristo; él nos ha ungido y nos ha marcado con su propio sello al depositar en nosotros los primeros dones del Espíritu”. Al hacer la Señal de la Cruz, estamos nuevamente sellándonos en el Espíritu, invocando Su poderosa intervención en nuestras vidas.

21) Ser testigos para otros. Como un gesto que a menudo hacemos en público, la Señal de la Cruz es una simple forma de testificar nuestra fe para otros. “No nos sintamos avergonzados de confesar al Crucificado. Que la Cruz sea nuestro sello hecho con valentía por nuestros dedos en nuestra frente, y en todo; sobre el pan que comemos, en las copas que bebemos; en nuestras entradas y salidas; antes de dormir, cuando nos acostamos y cuando nos levantamos; cuando estamos en camino y cuando estamos quietos” escribió San Cirilo de Jerusalén.

 

Famosos Santos que Levitaban

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En momentos de amor ardiente por Dios.

La levitación es uno de los fenómenos sobrenaturales que se ha visto se da en algunos santos. Consiste en el levantamiento, el mantenimiento y el desplazamiento en el aire del cuerpo humano o de diversos objetos, sin apoyo visible y sin la acción manifiesta de alguna fuerza física.

Según los testimonios de personas que han visto levitar a santos (despegarse del cielo y volar), el fenómeno se producía en momentos en que caían en un fuerte éxtasis amoroso por Dios, Jesucristo o María, y se levantaban del suelo perdiendo la noción del tiempo y el espacio. Acá Presentamos los casos de San José de Cupertino, San Gerardo Majella y San Pablo de la Cruz.

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La levitación es uno de los fenómenos más mencionados en las vidas de los santos. Muchos más santos han experimentado esta maravilla, además de los que se mencionan a continuación. Algunos santos más importantes son San Benito José Labre, Santa Ángela de Brescia, Santa Antonieta de Florencia, Santa Arey, San Pedro Celestino, Santa Colette, Santa Margarita de Hungría, San Esteban de Hungría, Santa María de Egipto, San José Oriol, Venerable Bentivolio Buoni, San Francisco de Paula, San Juan de San Facond y San Martín de Porres. 

 

SAN JOSÉ DE CUPERTINO (1603-1663) 

Sin duda uno de los santos mejor conocido por levitar durante la oración es San José de Cupertino, que experimentó tantas levitaciones que fueron presenciadas por sus hermanos de la Orden Franciscana y otros, que es considerado como el santo patrón de avión de pasajeros. En la Biografía oficial de Fr. Angelo Pastrovicchi, que fue publicada por primera vez en 1767, el autor afirma que:

“No sólo durante los dieciséis años de estancia del santo en Grottella, sino durante toda su vida, estos éxtasis y vuelos eran tan frecuentes, como se lo demuestra en las actas del proceso de beatificación, que desde hace más de treinta y cinco años, sus superiores no le permitían participar en los ejercicios en el coro y el refectorio o en las procesiones, para que no molestara a la comunidad”. 

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San José estaba a menudo embelesado en levitaciones notables, a menudo se dejaba llevar por Dios a distancias. En los registros de su proceso de beatificación oficial [Acta Sanctorum], se registran setenta de sus levitaciones y vuelos extáticos.

Una noche de Navidad del Santo invitó a algunos pastores a unirse en la celebración del nacimiento del Salvador. Cuando empezaron a tocar la gaita y las flautas, el Santo dejó escapar un grito de alegría y voló de una distancia considerable por el aire hasta el altar mayor. Permaneció en su éxtasis alrededor de un cuarto de hora. A pesar de que estaba en el aire inclinado sobre varias velas encendidas, sus vestimentas no se vieron afectadas. Como de costumbre, todos los presentes estaban asombrados por el milagro.

Durante una ceremonia de profesión en Cupertino, el santo de pronto se elevó a la altura del púlpito y se mantuvo durante algún tiempo con los brazos extendidos y las rodillas dobladas. ¡Imagínese el asombro de los religiosos y de la congregación!

Un Jueves Santo, mientras rezaba ante una representación del santo sepulcro que estaba situado sobre el altar mayor y encendido con muchas velas y lámparas, el santo se levantó en el aire y voló hacia el altar. Sin tocar ninguna de las decoraciones, se mantuvo por un tiempo hasta que el superior le ordenó su regreso.

Otra vez al escuchar a un sacerdote decir: “Padre José, que hermoso Dios ha hecho el Cielo”el santo salió volando y se quedó en las ramas superiores de un olivo. Allí permaneció en una posición de rodillas durante media hora, mientras que la rama en que se apoyaba lo balanceó tan ligeramente como si se hubiera posado un pájaro pequeño en ella.

Una vez al pasar por Monopoli en su camino a Nápoles, fue dirigido por su compatriota religioso a la iglesia del monasterio para ver una nueva imagen de San Antonio de Padua. Tras contemplar desde la distancia, de repente voló a la estatua y luego volvió a su antiguo lugar.

Después que la Inquisición oyó hablar de estas maravillas, sintieron la necesidad de investigar y ordenaron que el santo diera misa en su presencia en la Iglesia de San Gregorio de Armenia, que perteneció a las monjas de San Ligorio. De repente, el santo se levantó con un fuerte grito desde una esquina y mientras oraba, voló hacia el altar. Se quedó de pie en el aire, inclinándose sobre las flores y las velas encendidas con sus brazos extendidos en forma de cruz. Las monjas lloraban alarmadas de que se iba a prender fuego, pero él regresó al piso ileso.

Sin duda uno de los testigos más importantes de las levitaciones del santo fue el papa Urbano VIII. Durante la primera estancia del santo en Roma fue con el Padre General a visitar al Papa. Mientras estaban agachados a los pies del Pontífice el santo quedó cautivado y se elevó en el aire hasta que el Padre General le ordenó que regresara. El Papa se maravilló ante el fenómeno y le dijo al Padre General que él mismo testificaría sobre el acontecimiento si el santo muriera durante su pontificado.

Para satisfacer la curiosidad del embajador español ante la Corte Papal y su esposa que fueron a Asís con el propósito de ver a San José, al santo le dijo Fr Custos de ir a la iglesia y visitar la estatua de Nuestra Señora. Al entrar en la iglesia él miró hacia la estatua de la Inmaculada Concepción en un altar, y voló sobre las cabezas de los presentes, y se mantuvo en el aire a los pies de la estatua. Después de unos momentos voló hacia atrás y luego se retiró a su celda.

Ocasionalmente los éxtasis del Santo duraban seis o siete horas. Un aspecto curioso es que, cuando le sobrevenía un éxtasis en la Santa Misa, siempre la reanudaba donde la había dejado.

Otro aspecto inusual es que sus vestidos no eran perturbados durante sus muchos vuelos tanto si viajaba hacia adelante o hacia atrás, hacia arriba o hacia abajo.

Era tal el fuego del amor por Dios de San de José de Cupertino que se podía casi siempre llevarle a una levitación con sólo decir el amor adorable de Dios o la Virgen María, o dándole a contemplar una imagen de Jesús o María .

 

SAN GERARDO MAJELLA (1726-1755) 

Al igual que San José de Cupertino, San Gerardo Majella era a menudo embelesado en levitaciones notables, ya menudo era atraído por Dios hacia algunas distancias.

Era suficiente para San Gerardo Majella pensar en las perfecciones de Dios, contemplar el misterio de la Santísima Trinidad o el de la Encarnación, posar sus ojos en un crucifijo o una imagen de la Santísima Virgen, estar en la presencia del Santísimo Sacramento o incluso algún el milagro de la creación.

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Los siguientes son algunos ejemplos:

Gerardo, con la intención de pasar unos días en Oliveto, recibió hospitalidad en la casa del arcipreste Don Salvadore. Una mañana, la Santa Misa estaba a punto de comenzar, y Gerardo, a quien se deseaba comunicárselo, no apareció. Lo llamaron a su puerta, pero no hubo respuesta. Por fin entraron y encontraron al hermano seráfico de rodillas en éxtasis, un crucifijo en la mano derecha, la mano izquierda en el pecho, la cara pálida, con los ojos medio cerrados. Durante más de media hora, el arcipreste miró con admiración ante el espectáculo deslumbrante.

Esta casa hospitalaria ya había sido testigo de un éxtasis aún más notable, en el que el siervo de Dios estuvo suspendido sin apoyo en el aire. Había tenido lugar en la misma mañana de su llegada a Oliveto. Gerardo se había retirado a su cuarto para orar. A la hora de la cena, el arcipreste fue para invitarlo a cenar. Pero para su sorpresa se encontró con el hermano arrebatado en éxtasis y cerca de tres pies sobre el suelo. Lleno de asombro, se retiró, pero volviendo poco después, lo encontró en el mismo estado.

Todos los testigos del acontecimiento extraordinario no pudieron sentarse a la mesa, esperando al huésped con lágrimas de emoción. Por fin apareció, su rostro todo inflamado. “Por favor, no esperen por mí”, dijo al arcipreste. “No quiero incomodarlos”. Para preservar la memoria de este rapto, el arcipreste marcó en la pared la sala la altura a la que había visto al Santo elevarse.

Un prodigio similar fue visto por toda la gente de Corato. El Viernes Santo de 1753, un cuadro que representa a Jesucristo Crucificado fue llevado en procesión. Cuando la procesión entró en la iglesia de los benedictinos, Gerardo estaba ya en el interior dedicado a la oración. Tan pronto como percibe la imagen sagrada del Salvador, un éxtasis se apoderó de él, y ante los ojos de todos, fue elevado a una altura considerable del suelo, con los ojos fijos en la imagen.

Otra ocasión fue cuando un mendigo ciego que vivía en Caposele tocaba con encanto la flauta. Al verlo un día a la puerta del convento, Gerardo le rogó que tocara una conocida canción italiana: “En todas las cosas, oh Dios mío, quiero tu voluntad, no la mía.” Inmediatamente, un rapto de amor divino se apoderó de él y comenzó a saltar, repitiendo las palabras: “Tu voluntad, oh Dios mío, y no la mía” Entonces, de repente levantando los ojos al cielo, fue elevado en el aire con la rapidez de una flecha, y quedó por algún tiempo arrebatado en éxtasis.

Esta inversión de las leyes de la gravedad, esta agilidad sobrenatural, tomaba la forma incluso de un vuelo extático. Gerardo volvía un día para Iliceto con dos compañeros jóvenes. Al pasar por delante de una capilla dedicada a la Virgen Santísima, se puso en conversación sobre la Madre tierna y compasiva. Luego tomó un lápiz y escribió algo en un trozo de papel, que arrojó en el aire como si fuera una carta. En ese mismo momento, sus dos compañeros lo vieron a levantarse en el aire y volar con la rapidez y la ligereza de un ave a una distancia de más de tres cuartas partes de una milla. Después, nunca dejaron de contar este hecho prodigioso de que habían sido testigos.

Hubo otras ocasiones en que el siervo de Dios fue favorecido con el vuelo extático. A una persona piadosa llamada Rosaria le gustaba contar que ella lo había visto un día llevado como una pluma en el aire, con los brazos extendidos. Voló así durante más de tres cuartos de milla, apresurándose al convento al que era llamado, sin duda, para algunos ejercicios de la Regla o algún deseo del Superior.

Se trataba de un intenso amor a Dios que llama a los santos cada vez más hacia él. En los últimos meses de su vida, Gerardo lanzaba suspiros que atraían sobre sí miradas de asombro. El Padre Cajone le reprendió por llamar así la atención sobre sí mismo, y Gerardo tomó la buena mano del padre y la puso sobre su corazón, que latía con furia terrible.

En una ocasión similar, Gerardo dijo a Dr. Santorelli: “Si yo estuviera en una montaña, me parecería que iba a incendiar el mundo con esta llama de amor” y luego tomó la mano del médico y la colocó sobre su corazón, que latía con furia inaudita, como si estuviera a punto de saltar de su pecho.

 

SAN PABLO DE LA CRUZ (1694-1775) 

San Pablo de la Cruz, el santo fundador de los Pasionistas se encontraba en la ciudad de Latera, en la diócesis de Montefiascone, y estaba en la sacristía de una iglesia hablando con otros sacerdotes, cuando llegó a estar tan inflamado por el amor de Dios se levantó en el aire, ante el asombro completo de sus testigos.

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Otra vez estaba en un pueblo en la isla de Elba en una misión, en la parte más ferviente de su sermón, caminó fuera de la plataforma, a través del aire y sobre las cabezas de la gente y luego regresó como si nada inusual hubiera tenido lugar. Uno sólo puede imaginar las emociones sentidas por los que habían sido testigo de un despliegue inesperado de lo sobrenatural.

Durante los últimos años de su vida el santo estaba sentado en la sacristía Iglesia en Roma de los Santos Juan y Pablo y absorto en una conversación santa con un número de personas cuando:

“Él comenzó, según su costumbre, a que su rostro se iluminara, rayos brillantes destellaban en su cara, y luego todo su cuerpo comenzó a temblar, y luego, como yo creo, él percibió que estaba perdiendo el control de sus sentidos, se aferró con ambas manos a los brazos de la silla, apoyó los hombros en la parte posterior de la misma y tan pronto como él lo había hecho, empezó a subir, junto a la silla, y a tal altura, que creo que él debe haber subido al menos a la altura de cinco o seis pies… en este estado, continuó mucho tiempo en contemplación sublime. Finalmente regresó a sí mismo, un ligero temblor tuvo lugar en todo el cuerpo, y poco a poco el siervo de Dios, con la silla, descendió y se apoyó en el suelo”.

 

Fuente: http://forosdelavirgen.org/72522/el-fenomeno-de-la-levitacion-en-los-santos-2013-11-26/

 

 

13 cosas que tal vez no sabías del diablo y sus demonios, según exorcista Fortea

El reconocido exorcista P. José Antonio Fortea en su “Summa Daemoniaca” menciona un gran conjunto de cuestiones relativas al demonio que es importante que todo cristiano lo tome en cuenta para el combate espiritual por alcanzar el cielo. Aquí 13 cosas que tal vez no sabías del diablo y sus demonios.

1.- El enemigo tiene varios nombres

En el Antiguo Testamento se le llama “Satán” que significaría “adversario, enemigo, opositor”. Asimismo, en el Nuevo Testamento se le nombra como “Diablo”, que viene del verbo griego “diaballo” (acusar). En cambio la palabra demonio, del griego “daimon” (genio), es usado para designar a seres espirituales malignos.

Lucifer es un nombre que no está en las Sagradas Escrituras y que significa “estrella de la mañana” o “el que lleva la luz”. Lo cual “recuerda la pena tan grande que es que siendo tan bello, cayera”, indica el P, Fortea. Sin embargo, el presbítero sigue la misma idea de otro renombrado exorcista, P. Gabriele Amorth, quien considera que Lucifer es el nombre propio del segundo demonio en importancia en la jerarquía demoníaca.

2.- La gran prueba

Todos los ángeles al ser creaos por Dios, sabían que Él era su creador, pero pasaron por una prueba “antes de la visión de la esencia de la Divinidad”. A modo de comparación, el sacerdote explica que sería como decir que “veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse”.

“En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Nadie les hizo así”.

3.- La batalla en el cielo fue intelectual

Al respecto, el exorcista indica que los ángeles desobedientes empezaron a odiar a Dios y a verlo como una cadena que oprimía su libertad. La batalla entre Miguel y Lucifer, cada uno con sus ángeles, no fue con armas, ya que no tienen cuerpo, “las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales”, explica.

“Unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron más en una virtud otros en otra… los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y a los demonios se les dejó que se alejaran”.

4.- La razón de su rebeldía

Sólo en este punto se toma como referencia el libro “Historia del Mundo Angélico”, también del P. Fortea. Allí sugiere, a modo de novela, que la prueba por la que habrían pasado los ángeles es la revelación que les hizo Dios sobre crear el mundo material con la humanidad, que Él se haría hombre para salvar a los pecadores y que nacería de una mujer, la cual sería la reina de los ángeles.

Lucifer no pudo soportar esta idea, creía que él debería engendrarlo al ser la “obra maestra” del Creador. Más adelante con otros ángeles acusaron que Dios estaba equivocado y se rebelaron por completo. Los ángeles que acataron la voluntad de Dios se postraron a adorar a su creador, aún sin ver todavía su esencia. Mientras que los rebeldes se alejaron del amor de Dios.

5.- Son seres espirituales

“Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente”. Es decir, no tienen cuerpo, no sienten inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo, pero pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias. Comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual y sus faltas son sólo espirituales.

En este sentido el exorcista precisa que Satán “sigue siendo un bellísimo ángel en su naturaleza, aunque repugnante en su aspecto moral… Su ser personal se ha deformado, pero su naturaleza permanece y permanecerá intacta haga lo que haga. Dado que ambas cosas son inseparables, él auténticamente es un monstruo, un ser deforme, alguien que produce repugnancia y aversión”.

6.- Entre los demonios también hay tiempo

Su tiempo no es material como el de los humanos, sino que es un tiempo propio de los espíritus, que es llamado “evo” (“aevum” en latín) y que es la sucesión de actos de entendimiento y voluntad en un ser espiritual.

El Creador, en cambio, vive en un eterno presente. “Sólo en Él no hay sucesión de tiempo de ninguna clase. En Él no ha transcurrido nunca ni un solo segundo, ni un solo antes ni después. La eternidad de Dios es cualitativamente distinta de la eternidad del tiempo material (con un principio, pero sin final) y de la eternidad del evo (también con un principio, también sin final)”, puntualiza Fortea.

7.- Sufren al considerar a Dios

Cada ángel caído “en el conocer encuentra placer, pero también sufrimiento. Sufre cada vez que ese conocimiento le lleva a considerar a Dios. Y el demonio percibe continuamente el orden y la gloria del Creador en todas las cosas. Hasta en las cosas aparentemente más neutras, él encuentra el reflejo y el recuerdo de los atributos divinos”.

Sin embargo, el exorcista plantea que “el demonio no está siempre en cada instante sufriendo. Muchas veces simplemente piensa. Sólo sufre en ciertos momentos, cuando se acuerda de Dios, cuando se vuelve a hacer consciente de su miserable estado, de su separación de Dios”.

8.- No conocen el futuro, ni pueden leer los pensamientos

Los demonios no ven el futuro, pero con su inteligencia muy superior a la del ser humano pueden deducir por sus causas algunas cosas que sucederán. No saben lo que uno decidirá porque “la libertad humana es el gran factor de indeterminación en sus previsiones”, sostiene el P. Fortea.

“Los demonios pueden tentarnos pero no pueden leer nuestros pensamientos. Aunque dada su gran inteligencia pueden conjeturar lo que pensamos. Al ser seres más inteligentes que nosotros, deducen muchas más cosas y con más seguridad con muy pocos signos externos que lo que deduciríamos nosotros. Pero siempre hay que recordar que ellos están fuera de nuestra alma, sólo Dios puede leer nuestra alma”.

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LA BEATA ANNA CATALINA EMMERICH Y LAS DESVIRTUACIONES DE LA ÚLTIMA CENA

La beata estigmatizada Anna Catalina Emmerich, beatificada por Juan Pablo II en 2004, fue un alma con unos dones sobrenaturales como pocas veces se han conocido en la historia de la Iglesia. Entre ellos sus visiones que le hicieron contemplar como una espectadora la Pasión de Jesucristo (Sobre las que se basaron la famosa película de Mel Gibson) Así como la vida de la Virgen María.


Tal como nos dice el Padre Ángel Peña, O.P., y destacando que la beata nunca estuvo físicamente en dichos lugares, “Para comprobar la autenticidad esencial de las visiones de Ana Catalina, podemos poner como ejemplo el hallazgo de la casa de la Virgen en Éfeso. Según el relato escrito en “La vida de la Santísima Virgen María”, la casa de María se encuentra a unas tres horas de Éfeso sobre una colina situada a la izquierda de la carretera de Jerusalén. La montaña cae a pico hacia Éfeso que se divisa, viniendo del sudeste.
El 1891, el padre Jung, sacerdote lazarista, acompañado por otro hermano y dos laicos, se dirigieron hacia Éfeso, en Turquía, para estudiar la realidad del relato de acuerdo a la visión de Ana Catalina. Encontraron una capilla en ruinas que eran los restos de un modesto y antiguo santuario que la tradición local llamaba Panaghia Kapulu (puerta o Casa de la Santísima). Ese sería el lugar donde vivió la Santísima Virgen en Éfeso los últimos años de su vida. Y los fieles ortodoxos acuden a él anualmente el día de la Asunción, en peregrinación.
Las coincidencias entre el relato de Brentano y la realidad eran tan grandes que se hicieron excavaciones arqueológicas en 1892, sacando a luz los cimientos de una casita edificada entre los siglos I y II y cuyo plano corresponde a lo que indica Ana Catalina como vivienda de María. La noticia se extendió rápidamente y, ya en 1896, acudieron un millón de fieles en peregrinación.”

En sus visiones sobre La Pasión nos relata, visto en primera persona por ella, todo lo que aconteció en la Última Cena, y tiene detalles muy importantes para aclarar un aspecto de la misma que se presenta en la actualidad por múltiples vías de forma poco realista para avalar múltiples posiciones, sobre todo litúrgicas.

Hoy en día es frecuente ver y oír cómo se presenta la Última Cena como si fuera un acontecimiento informal, una reunión de amigos, una explosión de alegría desarrollada en un ambiente cuasi festivo de exaltación de la amistad.Esta celebración de alegría informal, según dicen, habría sido bien recogida por la liturgia de los primeros cristianos para posteriormente, a raíz de Trento, ser “adornada” de solemnidad, misterio, recogimiento, boato (grandeza) y espíritu sacrificial únicamente con el fin de contrarrestar los excesos protestantes, lo cual habría oscurecido durante siglos la verdadera liturgia.

Sin embargo, como decía el profesor Amerio, nada más lejos de lo ocurrido,En realidad la Ultima Cena fue un acto supremo de amor divino, pero fue un evento trágico. Se desenvolvió en el presentimiento del deicidio (Muerte de Jesucristo), en la sombra de la traición, en el espanto de los discípulos, inseguros de su propia fidelidad al Maestro, en el temor previo al sudor de sangre de Getsemaní. El arte cristiano ha representado siempre la Ultima Cena como un evento trágico, y no como un convite divertido“.

Y así lo atestiguan las visiones de Catalinna Emmerich. El ambiente de la misma no parecía precisamente una alegre reunión. Durante la Cena Al principio estuvo muy afectuoso con sus Apóstoles; después se puso serio y melancólico y les dijo: Uno de vosotros me venderá; uno de vosotros, cuya mano está conmigo en esta mesa” y amenazó sin decir el nombre al traidor “Jesús añadió: “El hijo del hombre se va, según esta escrito de Él; pero desgraciado el hombre que venderá al Hijo del hombre: más le valdría no haber nacido.

En la misma había en todo momento un aire de solemnidad, o sea nada cotidiano: “De pie en medio de los Apóstoles, les habló algún tiempo con solemnidad”. La predicación no fue únicamente sobre la amistad, sino “sobre la penitencia, la confesión de las culpas, el arrepentimiento y la justificación”. Los Apóstoles lejos de entregarse a una alegre cena de amistad, comprendían perfectamente lo que estaba pasando y, dice la beata, “vi también que todos reconocían sus pecados y se arrepentían”.

Cuando llegó el Sagrado momento de la Institución del Sacramento del Altar, “El Señor estaba entre Pedro y Juan; las puertas estaban cerradas; todo se hacía con misterio y solemnidad. Cuando el cáliz fue sacado de su bolsa, Jesús oró, y habló muy solemnemente. Yo le vi explicando la Cena y toda la ceremonia: me pareció un Sacerdote enseñando a los otros a decir misa.”

De otra parte, el “cutrismo” litúrgico, que suele usar vestimentas y cálices “pobres”, sin adornos de ningún tipo, supuestamente más acordes con el cristianismo primitivo, no parece que fuera lo que vio la beata: “El cáliz que los apóstoles llevaron de la casa de Verónica [para la Última Cena], es un vaso maravilloso y misterioso. Había estado mucho tiempo en el templo entre otros objetos preciosos y de gran antigüedad, cuyo origen y uso se había olvidado” y nos atestigua además que “había servido ya muchas veces a Jesús para la celebración de las fiestas”.

Estábamos pues ante un acontecimiento lleno de solemnidad, donde se usó el cáliz que solía usar Jesucristo, un cáliz especial, un vaso maravilloso lleno de misterio, un objeto precioso, y todo ello envuelto en un ambiente serio, de misterio, envuelto en el arrepentimiento de los pecados personales, al punto que la beata nos dice como conclusión “lo que sé es que todo me recordó de un modo extraordinario el santo sacrificio de la Misa.”. Recordemos que en época de la beata la Misa se celebraba como la forma extraordinaria hoy, es decir con todo el ritualismo, misterio y solemnidad del milenario rito que es lo más alejado que podamos imaginar a la “imagen” de una alegre “cena”. Todo ello lo refrenda nuevamente en su relato de la subida al monte de los olivos donde nos cuenta “Los Apóstoles conservaban aún algo del entusiasmo y del recogimiento que les había comunicado la santa comunión y los discursos solemnes y afectuosos de Jesús”

Y respecto a la Sagrada Comunión, nos dice la beata: “Tomó la patena con los pedazos de pan y dijo: Tomad y comed; este es mi Cuerpo, que será dado por vosotros. Extendió su mano derecha como para bendecir, y mientras lo hacía, un resplandor salía de Él: sus palabras eran luminosas, y el pan entraba en la boca de los Apóstoles como un cuerpo resplandeciente: yo los vi a todos penetrados de luz; Judas solo estaba tenebroso.”. Esta narración de los hechos parece sugerir claramente una comunión directa de los Apóstoles en la boca, con efectos claramente sobrenaturales pues “entraba en la boca de los Apóstoles como un cuerpo resplandeciente” lo cual es la antítesis de presentar la comunión de los apóstoles como si comieran un pan más, un alimento. Lo que sucedió es muy ajeno a ese espíritu sino que fue un ambiente sobrenatural de misterio y reverencia.

¿Se puede deducir de todo esto que esta comunión fue dada directamente en la boca? Pues es perfectamente posible y parece sugerirse. De hecho, como nos explica Mons. Schneider, aparte del propio relato de la beata, no es para nada desdeñable la idea: “Es posible suponer que Cristo, durante la Última Cena, haya dado el pan a cada Apóstol directamente en la boca y no sólo a Judas. Efectivamente existía una práctica tradicional en el ambiente del Medio Oriente en el tiempo de Jesús y que aún se conserva en nuestros días: el anfitrión nutre a sus huéspedes con su propia mano, poniendo en su boca un pedazo simbólico del alimento“.

El capítulo posterior donde nos narra los acontecimientos en el huerto de los olivos no puede más que dejar acongojado a cualquier católico de buena voluntad por el absoluto realismo con el que describe como parte del sufrimiento que hizo sudar sangre a Jesús, fue por la visión de los pecados futuros de los cristianos, especialmente los cometidos contra la Santísima Eucaristía, es un episodio que merece la pena ser leído por que describe proféticamente casi milimétricamente lo que desgraciadamente vivimos hoy en día:

“Apareciéronse a los ojos de Jesús todos los padecimientos futuros de sus Apóstoles, de sus discípulos y de sus amigos; vio a la Iglesia primitiva tan pequeña, y a medida que iba creciendo vio las herejías y los cismas hacer irrupción, y renovar la primera caída del hombre por el orgullo y la desobediencia; vio la frialdad, la corrupción y la malicia de un número infinito de cristianos; la mentira y la malicia de todos los doctores orgullosos, los sacrilegios de todos los sacerdotes viciosos, las funestas consecuencias de todos estos actos, la abominación y la desolación en el reino de Dios en el santuario de esta ingrata humanidad, que Él quería rescatar con su sangre al precio de padecimientos indecibles….

En medio de todas esas apariciones, yo veía a Satanás moverse bajo diversas formas horribles, que representaban diferentes especies de pecados. Estas figuras diabólicas arrastraban, a los ojos de Jesús, una multitud de hombres, por cuya redención entraba en el camino doloroso de la cruz. Al principio vi rara vez la serpiente, después la vi aparecer con una corona en la cabeza: su estatura era gigantesca, su fuerza parecía desmedida, y llevaba contra Jesús innumerables legiones de todos los tiempos, de todas las razas. En medio de esas legiones furiosas, de las cuales algunas me parecían compuestas de ciegos, Jesús estaba herido como si realmente hubiera sentido sus golpes; en extremo vacilante, tan pronto se levantaba como se caía, y la serpiente, en medio de esa multitud que gritaba sin cesar contra Jesús, batía acá y allá con su cola, y desollaba a todos lo que derribaba.

Entonces me fue revelado que estos enemigos del Salvador eran los que maltrataban a Jesucristo realmente presente en el Santísimo Sacramento. Reconocí entre ellos todas las especies de profanadores de la Sagrada Eucaristía. Yo vi con horror todos esos ultrajes desde la irreverencia, la negligencia, la omisión, hasta el desprecio, el abuso y el sacrilegio; desde la adhesión a los ídolos del mundo, a las tinieblas y a la falsa ciencia, hasta el error, la incredulidad, el fanatismo y la persecución. Vi entre esos hombres, ciegos, paralíticos, sordos, mudos y aun niños. Ciegos que no querían ver la verdad, paralíticos que no querían andar con ella, sordos que no querían oír sus avisos y amenazas; mudos que no querían combatir por ella con la espada de la palabra, niños perdidos por causa de padres o maestros mundanos y olvidados de Dios, mantenidos con deseos terrestres, llenos de una vana sabiduría y alejados de las cosas divinas. Vi con espanto muchos sacerdotes, algunos mirándose como llenos de piedad y de fe, maltratar también a Jesucristo en el Santísimo Sacramento. Yo vi a muchos que creían y enseñaban la presencia de Dios vivo en el Santísimo Sacramento, pero olvidaban y descuidaban el Palacio, el Trono, lugar de Dios vivo, es decir, la Iglesia, el altar, la custodia, los ornamentos, en fin, todo lo que sirve al uso y a la decoración de la Iglesia de Dios. Todo se perdía en el polvo y el culto divino estaba si no profanado interiormente, a lo menos deshonrado en el exterior. Todo eso no era el fruto de una pobreza verdadera, sino de la indiferencia, de la pereza, de la preocupación de vanos intereses terrestres, y algunas veces del egoísmo y de la muerte interior.
Aunque hablara un año entero, no podría contar todas las afrentas hechas a Jesús en el Santísimo Sacramento, que supe de esta manera. Vi a los autores de ellas asaltar al Señor, herirle con diversas armas, según la diversidad de sus ofensas. Vi cristianos irreverentes de todos los siglos, sacerdotes ligeros o sacrílegos, una multitud de comuniones tibias o indignas. ¡Qué espectáculo tan doloroso! Yo veía la Iglesia, como el cuerpo de Jesús, y una multitud de hombres que se separaban de la Iglesia, rasgaban y arrancaban pedazos enteros de su carne viva. Jesús los miraba con ternura, y gemía de verlos perderse.”

No nos dejemos pues influir por ese espíritu que desvirtúa la Última Cena para justificar la mundanalización y desacralización de la sagrada liturgia, el culto y la reverencia debida al Santísimo Sacramento y que tanto hizo sufrir a Nuestro Señor en el huerto de los olivos. No, no se pareció a una alegre cena de amigos informal, sino “que todo me recordó de un modo extraordinario el santo sacrificio de la Misa”.



“POR QUE PARA DIOS NO HAY NADA IMPOSIBLE” LC 1,37



EN EL AMOR DE MARÍA REINA DE LOS CORAZONES, LA GLORIA PARA LA DIVINA TRINIDAD:
AL PADRE CREADOR, EL PODER; AL HIJO SALVADOR, EL HONOR; AL ESPÍRITU SANTIFICADOR, LA MAJESTAD.
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMÉN. AMÉN. AMÉN.


ADOREMOS A LA TRINIDAD SANTA CON LOS COROS ANGÉLICOS EN SAN MIGUEL JEFE DE LA MILICIA CELESTIAL; CON LA IGLESIA CELESTE, EN SAN JOSÉ; CON LA IGLESIA PURGANTE Y CON LA IGLESIA MILITANTE. POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMÉN. AMÉN. AMÉN.


EN EL CORAZÓN DE MAMITA MARÍA LA BENDICIÓN DE DIOS TODOPODEROSO
PADRE+ HIJO+ Y ESPÍRITU SANTO+,
DESCIENDAN SOBRE TI Y LOS TUYOS Y LOS ACOMPAÑE SIEMPRE HASTA LA ETERNIDAD.
AMÉN. AMÉN. AMÉN.

Via http://revelacionesdediosymaria.lacoctelera.net/post/2014/04/02/la-beata-anna-catalina-emmerich-y-desvirtuaciones-la

¿Donde están Elías y Enoch?

¿Donde están Elías y Enoch?

¿Donde están Elías y Enoch?
La biblia habla de dos hombres que no murieron, Enoc y Elías, que están preservados en algún lugar, puede ser el “cielo atmosférico”, y que vendrán cuando el reino del terror del anticristo se apodere de la tierra. Como el domingo pasado se vio en la lectura de los evangelios cómo el profeta Elías participó de la Transfiguración de Jesús, es bueno recordar un hecho misterioso que lo envuelve, su no muerte.
La Escritura sólo conoce dos hombres que nunca han experimentado la muerte natural.  La Santísima Virgen María experimentó la muerteantes de su Asunción gloriosa, aunque al respecto hay discrepancias porque algunos hablan de dormición.

UNO DE ELLOS ES ELÍAS

En el segundo domingo de cuaresma, el domingo pasado, se leyó el evangelio de san Mateo sobre la Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor, donde Jesús se muestra a tres discípulos junto a Moisés y Elías (Mt 17: 1-9). Es un buen momento para recordar el misterio de su no muerte.
Elías fue uno de los líderes religiosos más importantes de Israel. Vivió en el siglo IX antes de Cristo. Su influencia fue muy grande sobre el pensamiento hebreo.
Sobrevivió muchas pruebas (Cf. Reyes 17-21). En un viaje por el desierto al Monte Horeb, revivió las experiencias de Moisés cuando recibió la ley. Sus comunicaciones con Dios amplificaron la aplicación de los Diez Mandamientos en su tiempo. Elías retó a los profetas de Baal para demostrar la autenticidad del Dios de Israel. Dios respondió a su oración de manera visible. La fe del pueblo quedó restaurada y terminó la sequía.  (1 Reyes, 18:22-44). En su ancianidad, Elías escogió a Eliseo como sucesor (II Reyes 2:15).
Como se cree que no murió, se piensa que vendría un día a restaurar la gloria de Israel (II Reyes 2:11). Es por eso que muchos pensaban que Jesús era Elías (Mt 16:14). En la Transfiguración Moisés y Elías aparecieron conversando con Jesús (Mt 17:3).
El apócrifo Apocalipsis de Elías lo muestra al lado de Henoccombatiendo contra el hijo de la iniquidad que los mata, luego de lo cual ellos resucitan, en forma similar a lo que ocurre con los dos testigos de Apocalipsis 11 en su enfrentamiento con la bestia.

CUANDO FUERON LLEVADOS

Se habla específicamente que no murieron son Enoc y Elías. Enoc (o Henoch) es citado por San Judas en su epístolaElias (o Elíajh) es considerado el fundador del Antiguo Testamento por los Carmelitas y el mayor de los profetas del Antiguo Testamento antes de San Juan el Bautista.
Enoc vivió antes de la gran inundación. Leemos lo siguiente acerca de él:
“Y todos los días de Enoc fueron trescientos sesenta y cinco años. Y anduvo con Dios, y desapareció, más: porque Dios se lo llevó” (Génesis 5:23-24).
En cuanto a Elías leemos que él fue recogido por un carro de fuego:
“Y yendo, caminando y hablando juntos, he aquí que un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos: y Elías subió en un torbellino al cielo” (2 Reyes 2:11)

NO MURIERON

Como se puede ver, estos dos hombres no mueren. Según Santo Tomás de Aquino, ellos son preservados en el cielo atmosférico (que se identifica con el paraíso terrenal), pero no en el cielo empíreo (el Cielo propiamente). Ver Summa Theologiae III, q. 49, a. 5.
Santo Tomás, en acuerdo con los padres de la Iglesia explica que Enoc y Elías están esperando ahí fuera en el espacio exterior. Santo Tomás escribe que estos dos hombres volverán al final de los tiempos para la batalla con el anticristo. 
Es impensable que estos dos hombres nunca vayan a morir ya que es contrario a la enseñanza apostólica:
“Y así como está establecido para los hombres que mueran una vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27)

MISIÓN DE ENOC Y ELÍAS AL FINAL DE LOS TIEMPOS

Enoc evangelizará y organizará a los Judíos que buscarán el bautismo y la conversión a la fe católica durante el reinado del anticristo. Elías evangelizará y organizará la última ola de gentiles que se convierten a Cristo durante el reinado de terror del anticristo.
Ambos profetas serán muertos, resucitarán y ascenderán al cielo como se explica en Apocalipsis capítulo 11:
Yo enviaré a mis dos testigos vestidos con ropa de penitencia, para que proclamen mi palabra durante mil doscientos sesenta días.
 Estos son los dos olivos y las dos lámparas que están ante el Dueño de la tierra.
Si alguien intenta hacerles mal, saldrá de su boca fuego y devorará a sus enemigos; así perecerá el que intente maltratarlos.
Tienen poder para cerrar el cielo y que no caiga lluvia mientras dure su misión profética; tienen también poder para convertir las aguas en sangre y castigar la tierra con toda clase de plagas siempre que quieran.
Cuando hayan concluido su misión, la bestia que sube del abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará.
Ahora sus cadáveres están tendidos en la plaza de la Gran Ciudad, que los creyentes llaman Sodoma o Egipto, en la que también su Señor fue crucificado.
 Y durante tres días y medio, gente de todos los pueblos, razas, lenguas y naciones contemplan sus cadáveres, pues no está permitido sepultarlos.
Los habitantes de la tierra se alegran y se felicitan por ello, y se intercambian regalos, porque estos dos profetas eran para ellos un tormento.
Pero pasados los tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos; se pusieron de pie, lo que provocó gran espanto entre los mirones.
Entonces una voz poderosa les gritó desde el cielo: «Suban.» Y subieron al cielo en medio de la nube, a la vista de sus enemigos.
En ese momento se produjo un violento terremoto y se derrumbó la décima parte de la ciudad, pereciendo en el cataclismo siete mil personas. Los supervivientes se llenaron de espanto y reconocieron al Dios del cielo.

¿QUÉ ES EL CIELO ATMOSFÉRICO?

No hay consenso sobre la identidad de “cielo atmosférico”. Santo Tomás de Aquino lo ve como sinónimo de “paraíso terrenal”.
Este podría ser una ubicación en el “espacio exterior”.
Podría ser un lugar escondido en la tierra.
O tal vez es el Jardín del Edén trasladado a otro lugar.
Tal vez sea un paraíso natural sin la visión beatífica.
Realmente la Biblia habla explícitamente de tres cielos2 Corintios 12:2.
El primer cielo es donde la atmósfera y las nubes se localizan, de desde dónde viene la lluvia, Gén. 7:11.
El segundo cielo es el espacio exterior, hogar de los planetas y las estrellas, Sal 8:3.
Y el tercer Cielo está donde está ubicado el trono de Dios, Sal. 11:4
Fuentes: Dr. Taylor Marshall. Signos de estos Tiempos – http://profeciasyrevelaciones.blogspot.com.ar/

Extraños hechos de la noche de Navidad con las almas del purgatorio

La Navidad es un momento especial para las almas.

 

Estamos en la puerta de la Navidad, y es un buen momento para sus historias. Ocurrió en una parroquia de Alaska y así quedó escrito gracias al sacerdote jesuita leonés Segundo Llorente Villa, misionero en el Círculo Polar Ártico. El padre Llorente transcribió el testimonio de otro cura del que no sabemos el nombre, pero que el jesuita y luego congresista de los Estados Unidos dejó escrito. Quizá fuera él mismo. 

 

 

El Padre Segundo Llorente (1906-1989) fue un sacerdote asignado a las misiones en Alaska. Durante cuarenta años, trabajó arduamente para llevar el Evangelio a los nativos de ese lugar. Escribió una reflexión titulada “Cosas extrañas suceden en la Noche de Navidad”, donde discute la importancia de venerar a la Santísima Eucaristía. Esta perspicaz pieza, que fue publicada en el boletín de la Sociedad Católica de Evangelistas de febrero de 1998, es relevante para nuestro tercer milenio cristiano. 

Un sacerdote me dijo que lo que le sucedió una vez en su primera parroquia.

Después de la Misa de Medianoche en Navidad él personalmente cerró la iglesia. Con las llaves en el bolsillo, se fue a su habitación y tenía un buen sueño. A las 7:30 de la mañana se levantó y se fue de nuevo a la iglesia con la intención de tener una hora de oración para él solo.

Abrió la puerta lateral que conduce a la sacristía, encendió una luz, y luego encendió las luces de la iglesia. Al abrir la puerta de la sacristía se dirigió a la iglesia, y literalmente, se congeló. Gente extrañamente vestida con la ropa más pobre ocupaban la mayor parte de los bancos y todos estaban en silencio total. Nadie siquiera se movía y a nadie le importaba  mirarlo. Un grupo pequeño estaba junto a la escena de la natividad del pesebre contemplándolo en silencio total.

El sacerdote se recuperó rápidamente y en voz alta les preguntó cómo llegaron. Nadie respondió. Él se acercó a ellos y les preguntó de nuevo.

“¿Quién te ha dejado entrar?”

Una mujer contestó totalmente indiferente: “Cosas extrañas suceden en la noche de Navidad.”

Y de vuelta el silencio total.

El sacerdote fue a ver la puerta principal y la encontró cerrada tal como la había dejado. Ahora estaba decidido a aclarar los hechos y volvió la cara a los bancos, pero ellos estaban vacíos. El pueblo había desaparecido.

Mantuvo este rompecabezas para sí mismo por algún tiempo. No fue posible mantenerlo más y me dijo lo que yo os he dicho. ¿Podría ayudarlo con cualquier explicación plausible?

Permítanme decir que el sacerdote en cuestión es un modelo de cordura y está tan bien educado academicamente como la mayoría de los sacerdotes, si no mejor.

LA EXPLICACIÓN

Mi explicación era y sigue siendo la siguiente.

Esos fueron los muertos que estaban haciendo su purgatorio, o parte de él, en la iglesia. Es seguro asumir que reparamos nuestros pecados donde los cometimos.

Esas personas se sumergieron en un silencio total. ¿Por qué?

Considere la irreverencia cometida ante el Santísimo Sacramento; personas en la iglesia: charlando, riendo y mirando a su alrededor. Después de la misa algunas personas se reúnen en pequeños grupos alrededor de las bancas y convierten a la iglesia en una plaza de mercado sin tener en cuenta la presencia real de Cristo en el Sagrario.

¿Por qué desaparecieron?

Ellos no se desvanecieron. Ellos simplemente se volvieron invisibles. Pero ellos permanecieron atados a sus bancos, incapaces de pronunciar una sola palabra para expiar su charla irrespetuosa mientras vivían.

El Santísimo Sacramento es cosa de risa. Hay un precio por todo lo que hacemos o decimos. Al final es Dios quien ríe el último – por así decirlo.

Esas personas tenían que dar el Santísimo Sacramento la adoración y respeto que Cristo merece. 

¿Por cuánto tiempo?

Sólo Dios puede responder a eso.

¿Por qué el sacerdote los ha podido ver?

Así podía orar por ellos y por todos las demás pobres almas detenidas en otras iglesias.

¿Por qué otros sacerdotes no ven esas personas?

Bueno, tal vez ya saben, en teoría, que las almas pueden ser detenidas en las iglesias, así como en cualquier otro lugar, por lo que no necesitan un milagro.

¿Por qué estaban vestidos con ropa tan pobres?

Para expiar su vanidad mientras vivían. Las personas a menudo usan la ropa no tanto para cubrir su desnudez, sino como un símbolo de estatus para impresionar a los demás. Pero Dios no está impresionado por, digamos, abrigos de visón.

Asimismo, las personas entran a la iglesia con casi nada de ropa. En los meses de verano no es raro que las personas – en su mayoría mujeres – vayan a recibir la Sagrada Comunión en la ropa más indecente. El pastor puede o no puede tolerarlo, pero Dios tendrá en su día algo que decirt acerca de esto. Los harapos podrían ser un castigo apropiado para estos excesos.

Aunque la Iglesia no manda que tengamos que creer el cuento según relata el padre Llorente, es sin embargo, un saludable recordatorio de la reverencia a dar a la Santísima Eucaristía.

Sabemos que nunca podremos adorar a Jesús en el Santísimo Sacramento como debemos. Pero hay que intentarlo. Se merece nuestros humildes esfuerzos y nos recompensa por nuestros esfuerzos.

¡Oh Santísimo Sacramento! ¡O divino Sacramento! ¡Todas las alabanzas y todas las gracias sean en cada momento tuyo!

 

http://forosdelavirgen.org/73273/extranos-hechos-de-la-noche-de-navidad-con-las-almas-del-purgatorio-2013-12-15/

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