Los Ángeles

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Del Catecismo de la Iglesia Católica:

I        LOS ÁNGELES

La existencia de los ángeles, una verdad de fe 

328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. E1 testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.

Quiénes son los ángeles 

329 S. Agustín dice respecto a ellos: “Angelus officii nomen est, non naturae. Quaeris numen huins naturae, spiritus est; quaeris officium, ángelus est: ex eo quad est, spiritus est, ex eo quod agit, ángelus” (“El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel”) (Psal. 103, 1, 15). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18, 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103, 20).

330 En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales (cf Pío XII: DS 3891) e inmortales (cf Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello (cf Dn 10, 9‑12).

Cristo “con todos sus ángeles” 

331 Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles…” (Mt 25, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para E1: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él” (Col 1, 16). Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: “¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?” (Hb 1, 14).

332 Desde la creación (cf Jb 38, 7, donde los ángeles son llamados “hijos de Dios”) y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (cf Gn 3, 24), protegen a Lot (cf Gn 19), salvan a Agar y a su hijo (cf Gn 21, 17), detienen la mano de Abraham (cf Gn 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio (cf Hch 7,53), conducen el pueblo de Dios (cf Ex 23, 20‑23), anuncian nacimientos (cf Jc 13) y vocaciones (cf Jc 6, 11‑24; Is 6, 6), asisten a los profetas (cf 1 R 19, 5), por no citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús (cf Lc 1, 11.26).

333 De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce “a su Primogénito en el mundo, dice: ‘adórenle todos los ángeles de Dios”‘ (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: “Gloria a Dios…” (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús (cf Mt 1, 20; 2, 13.19), sirven a Jesús en el desierto (cf Mc 1, 12; Mt 4, 11), lo reconfortan en la agonía (cf Lc 22, 43), cuando E1 habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos (cf Mt 26, 53) como en otro tiempo Israel (cf 2 M 10, 29‑30; 11,8). Son también los ángeles quienes “evangelizan” (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación (cf Lc 2, 8‑14), y de la Resurrección (cf Mc 16, 5‑7) de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles (cf Hb 1, 10‑11), éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor (cf Mt 13, 41; 25, 31 ; Lc 12, 8‑9).

Los ángeles en la vida de la Iglesia 

334 De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles (cf Hch 5, 18‑20; 8, 26‑29; 10, 3‑8; 12, 6‑11; 27, 23‑25).

335 En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo (cf MR, “Sanctus”); invoca su asistencia (así en el “In Paradisum deducant te angeli…” (“Al Paraíso te lleven los ángeles…”) de la liturgia de difuntos, o también en el “Himno querubínico” de la liturgia bizantina) y celebra más particularmente la memoria de ciertos ángeles (S. Miguel, S. Gabriel, S. Rafael, los ángeles custodios).

336 Desde su comienzo (cf Mt 18, 10) a la muerte (cf Lc 16, 22), la vida humana está rodeada de su custodia (cf Sal 34, 8; 91, 1013) y de su intercesión (cf Jb 33, 23‑24; Za 1,12; Tb 12, 12). “Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida” (S. Basilio, Eun. 3, 1). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.

Mensajes de la Santísima Virgen al P. Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano:

Nimega (Holanda), 29 de septiembre de 1979

Fiesta de los Santos Arcángeles

Los Ángeles del Señor.

“Acabas de terminar el Cenáculo con estos hijos míos, tan queridos, que sufren por el estado de laceración y de desorden en que se encuentra aquí mi Iglesia.

Une tu dolor al mío y sé tú expresión de la maternal benevolencia con que los miro, los acojo, los conforto y los conduzco.

No mires si son pocos y, en su mayoría, frágiles por la edad o la salud; pero son tan fieles y generosos que consuelan el inmenso dolor de mi Corazón Inmaculado.

Para Mí, son los tesoros más preciosos. Y también aquí, por su medio ¡cuán numerosos son los hijos que responden a mi invitación, entran en el refugio de mi Corazón y los formo en la heroica fidelidad a Jesús y a su Iglesia!

Así, en este mismo lugar, donde mi Adversario ha iniciado su obra de destrucción solapada de la Iglesia, Yo respondo al desafío y me formo mi ejército.

Es el ejército de los pequeños, de los pobres, de los humildes, que reúno en mi Corazón Inmaculado para darles mi espíritu de Sabiduría, para derrotar la soberbia de los que se han dejado seducir por la falsa ciencia y por el espíritu de grandeza y vanagloria.

También hoy, por medio de esta Obra mía, de la boca de los niños y de los lactantes, el Señor recibe la gloria perfecta.

Con vosotros están también los Ángeles del Señor. Yo soy su Reina y están prontos a mis órdenes, porque la Santísima Trinidad ha confiado a mi Corazón Inmaculado la obra de renovación de la Iglesia y del mundo.

San Miguel está a la cabeza de todo mi ejército, celeste y terrestre, dispuesto ya en orden de batalla.

San Gabriel está a vuestro lado para daros a todos la misma invencible fortaleza de Dios.

San Rafael os cura de las numerosas heridas que con frecuencia recibís a causa de la tremenda lucha en que estáis empeñados.

Sentid siempre a vuestro lado a los Ángeles de Dios e invocad con frecuencia su ayuda y protección.

Ellos tienen gran poder para defenderos y sustraeros a todas las insidias que os tiende Satanás, Adversario mío y vuestro.

Ahora su protección se intensificará y la advertiréis de modo particular, porque han llegado los tiempos de la gran prueba y estáis para entrar en un período de gran angustia como no lo ha habido hasta ahora.

A mis órdenes, sentid a vuestro lado a los Ángeles del Señor, que serán vuestra defensa y guía, para que pueda cumplirse en cada uno de vosotros, cuanto Yo he establecido para el triunfo de mi Corazón Inmaculado.”

Montevideo (Uruguay), 29 de septiembre de 1981

Fiesta de San Miguel, Gabriel y Rafael

Reina de los ángeles

“En la lucha a la que os llamo, hijos predilectos, os asisten y defienden particularmente los Ángeles de Luz.

Soy la Reina de los Ángeles.

A mis órdenes están reuniendo de todas las partes del mundo, a todos los que llamo a enrolarse en mi gran ejército victorioso.

En la lucha entre la Mujer vestida del Sol y el Dragón rojo, los Ángeles tienen la parte más importante a desarrollar. Por esto os debéis dejar guiar dócilmente por ellos.

Los Ángeles, Arcángeles y todas las jerarquías celestes están unidas con vosotros en el terrible combate contra el Dragón y sus secuaces. Os defienden de las asechanzas de Satanás y de los innumerables Demonios, que están ahora desencadenados con furia rabiosa y demoledora en todo el mundo.

Ésta es la hora de Satanás y del poder de los Espíritus del as tinieblas.

Es su hora que corresponde al momento de su aparente acción victoriosa.

Es su hora, pero el tiempo de que disponen es breve y los días de su triunfo están contados.

Por esto os tienden asechanzas peligrosas y terribles, y no podéis huir de ellas sin un especial auxilio de vuestros Ángeles Custodios.

¡Cuántas veces al cabo del día éstos habrán intervenido para sustraeros a las engañosas maniobras que os tiende, con astucia, mi Adversario!

Por esto os invito a confiaros cada vez más a los Ángeles del Señor.

Tened con ellos una afectuosa intimidad porque están más cerca de vosotros que los amigos y personas más queridas.

Caminad a la luz de su invisible pero segura y preciosa presencia. Ellos ruegan por vosotros, caminan a vuestro lado, os sostienen en la fatiga, os consuelan en el dolor, velan vuestro reposo, os toman de la mano y dulcemente os ponen en el camino que os he trazado.

Orad a vuestros Ángeles Custodios y vivid con confianza y con serenidad las dolorosas horas de la purificación.

En estos momentos, en realidad, el Cielo y la Tierra se unen en una extraordinaria comunión de oración, de amor y de acción a las órdenes de vuestra Celeste Capitana.”

Curaçao (Archipiélago de las Antillas), 29 de septiembre de 1983

Fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

La función de los Ángeles

“Hoy la Iglesia celebra la fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.

Es también vuestra fiesta, hijos predilectos, porque los Ángeles del Señor tienen una parte muy importante que desarrollar en mi plan victorioso.

He aquí cuál es su función: a mis órdenes libran una terrible batalla contra Satanás y todos los malos espíritus. Es una lucha que se desarrolla, sobre todo, a nivel de espíritus, con inteligencia y con perfecta adhesión a los planes de los dos grandes y opuestos caudillos: La Mujer vestida del Sol y el Dragón rojo.

Misión de S. Gabriel es la de revestiros de la misma fortaleza de Dios.

Él, combate contra la asechanza más peligrosa de Satanás, la de debilitaros, llevándoos al desaliento y al cansancio. ¡Cuántos de vosotros se han parado en el camino de la consagración, que me han hecho, por causa de vuestra debilidad humana!

La debilidad es la causa que os conduce a la duda, a la incertidumbre, al miedo, a la turbación. Ésta es la tentación de mi Adversario para haceros inofensivos, cerrados en vosotros mismos, detenidos en vuestros problemas, incapaces de un verdadero empuje apostólico.

El Arcángel Gabriel tiene la misión de ayudaros a crecer en la confianza, revistiéndoos de la fortaleza de Dios. Y así os conduce cada día por al camino del valor, de la firmeza, de la fe heroica y pura.

Misión de S. Rafael es la de derramar bálsamo sobre vuestras heridas.

¡Cuántas veces Satanás logra heriros con el pecado, golpearos con sus solapadas seducciones!

Os hace sentir el peso de vuestra miseria, de la incapacidad, de la fragilidad y os detiene en el camino de vuestra perfecta donación.

  1. Rafael tiene entonces la misión de acompañaros en el camino que os he trazado, dándoos aquella medicina que cura todas vuestras enfermedades espirituales.

Cada día él hace vuestro caminar más seguro, más firmes vuestros propósitos, más valerosos vuestros actos de amor y de apostolado, más decididas las respuestas a mis deseos, más atenta la mente a mi designio materno, y fortalecidos con su bálsamo celestial, proseguís vuestros combate.

Misión de S. Miguel es la de defenderos de los terribles ataques que Satanás desencadena contra vosotros.

En estos tiempos, mis predilectos que han acogido mi invitación y se han consagrado a mi Corazón Inmaculado, y todos mis hijos que se han entrado a formar parte de mi ejército victorioso, son el blanco escogido, con particular rabia y ferocidad, por parte de mi Adversario y vuestro.

Satanás os ataca en el campo espiritual con toda clase de tentaciones y sugestiones para llevaros al mal, a la desorientación, a la duda y a la desconfianza. Usa con frecuencia su arma preferida, que es la de la sugestión diabólica y la de la tentación impura. Os ataca con terribles insidias, con frecuencia trata de empujaros al peligro; incluso físicamente atenta contra vuestra vida e integridad.

El Arcángel Miguel, Patrono de la Iglesia Universal, es el que interviene con su gran poder y entra en combate para libraros del Maligno y de sus peligrosas asechanzas.

Por esto os invito a invocar su protección con el rezo diario de la breve, pero, al mismo tiempo, tan eficaz oración del exorcismo compuesto por el Papa León XIII.

Ved aquí, por qué los Ángeles del Señor tienen una importante función en la estrategia de la batalla que se está combatiendo: debéis vivir siempre en su compañía.

Tienen una misión preciosa e insustituible: están a vuestro lado combatiendo vuestra misma batalla; os dan fuerza y valor; os curan vuestras numerosas heridas; os defienden del mal y forman, con vosotros, la parte más aguerrida del ejército victorioso a las órdenes de la Celeste Capitana.”

Nápoles, 29 de septiembre de 1986

Fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel

Con vosotros en el combate

“Combatid, hijos predilectos, mis apóstoles, en estos últimos tiempos.

Ésta es la hora de mi gran victoria.

Con vosotros en el combate están también los Ángeles del Señor que, a mis órdenes, cumplen la misión que Yo les he confiado.

Todos los Espíritus Celestiales son seres luminosos y poderosos y se hallan muy cerca de Dios, a quien aman, sirven, defienden y glorifican.

En la Luz de la Santísima Trinidad, Ellos ven todas las insidias peligrosas y engañosas que os tienden los malos Espíritus, que luchan contra Dios y contra su real dominio.

Ésta es una batalla terrible, que se libra sobre todo a nivel de espíritus: los buenos contra los malos: los Ángeles contra los demonios.

Vosotros estáis también comprometidos en esta gran lucha y por esto debéis confiaros siempre a su segura protección e invocar a menudo, con la oración, su poderosa ayuda.

Todos los Espíritus Celestiales conocen mi designio, saben la hora de mi triunfo, ven como el ataque del infierno, en estos tiempos vuestros, se hace potente, continuo, universal.

Satanás ha logrado establecer su Reino en el mundo y se siente ya seguro vencedor.

Pero está cercano el momento de su grande y definitiva derrota. Por esto la batalla es cada día más áspera y terrible y también vosotros, con los Ángeles del Señor, estáis llamados al combate.

Las armas usadas por los demonios son las del mal, del pecado, del odio, de la impureza, de la soberbia y de la rebelión contra Dios.

Las armas esgrimidas por los Espíritus Celestiales, que están junto a vosotros en el combate, son las del bien, de la gracia divina, del amor, de la pureza, de la humildad y de la dócil sumisión a la Voluntad del Señor.

Los Espíritus Celestiales tienen también el encargo de fortaleceros, de curaros de las heridas, de defenderos de las insidias de mi Adversario, de protegeros del mal y de conduciros por la vía luminosa de mi Querer.

El Arcángel Gabriel, enviado por Dios para recibir el Sí de vuestra Madre Celestial, tiene ahora el encargo de recibir vuestro Sí al Querer del Padre. Él os refuerza y os sostiene; os conduce por el camino del valor y del heroico testimonio a Jesús y a su Evangelio.

El Arcángel Rafael repara vuestra debilidad, derrama bálsamo en toda herida dolorosa y os alivia el peso del cansancio y del desaliento para continuar en la lucha, con el escudo de la fe y con la coraza del amor y de la santidad.

El Arcángel Miguel os defiende de todos los terribles ataques de Satanás, que se ha desencadenado particularmente contra vosotros, que formáis parte de mi ejército y os dejáis guiar dócilmente por vuestra Celestial Capitana.

¡Cuántas veces hubierais sido víctimas de los ataques de Satanás, si el Arcángel Miguel no hubiese intervenido para vuestra defensa y protección! Invocadlo a menudo, con la oración tan eficaz del exorcismo contra Satanás y los Ángeles rebeldes para que Él os guíe en esta lucha, de modo que cada uno de vosotros pueda cumplir la tarea que le ha sido confiada por la Madre Celestial.

Uníos, pues, en afectuosa y fraternal comunión de vida, de oración y de acción, a todos los Espíritus Celestiales, que están empeñados con vosotros en librar la misma batalla y en preparar la gran victoria de Dios en el Reino Glorioso de Cristo, que vendrá a vosotros con el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.”

Inchon (Corea), 29 de septiembre de 1987.
Fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel.

Cielo y tierra se unen.

“Hijos predilectos, os llamo de todas las partes de la tierra.

Los Ángeles de Luz de mi Corazón Inmaculado están ahora recogiendo de todas partes a los elegidos, llamados a formar parte de mi ejército victorioso.

Os marcan con mi sello.

Os revisten de una fuerte armadura para la batalla.

Os cubren con mi escudo.

Os entregan el Crucifijo y el Rosario, como armas que usar para la gran victoria.

Ha llegado el tiempo de la lucha final.

Por esto los Ángeles del Señor intervienen de manera extraordinaria y se ponen cada día al lado de cada uno de vosotros para guiaros, para protegeros y para fortaleceros.

Así como, en estos tiempos, se les ha concedido a los Demonios y a todos los Espíritus del mal una gran libertad para sus manifestaciones diabólicas, así también éstos son los días en los que a los Ángeles del Señor se les llama a desarrollar la parte más importante de mi designio.

Cielo y tierra se unen en esta hora de la gran lucha final.

Os invito, pues, a que todos forméis una sola cosa con los Ángeles y con los Santos del Paraíso.

Sobre todo os invito a orar más a vuestros Ángeles custodios, porque están llamados, en estos tiempos, a cumplir una misión particular, que Yo les he asignado, en relación con cada uno de vosotros, hijos míos predilectos.

Es deseo de mi Corazón, que en el rezo diario del Ángelus, incluyáis también la oración del : “Ángel de Dios”. (Ángel de Dios, que eres mi custodio, ya que la soberana piedad me ha encomendado a ti, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname. Amén.)

Os invito a vivir siempre en intimidad y comunicación con vuestros Ángeles Custodios.

Llamadlos en vuestras necesidades; invocadlos en los peligros; asociadlos a vuestro trabajo; confiadles vuestras dificultades; buscadlos en el momento de la tentación.

Ahora, deben formar una sola cosa con vosotros.

Sobre todo, sentid junto a vosotros a los Arcángeles, cuya fiesta celebra hoy la Iglesia: a San Gabriel, para que os dé la misma fortaleza de Dios; a San Rafael, para que sea la medicina de vuestras heridas, y a San Miguel, para que os defienda de las terribles insidias que, en estos tiempos, os tiende Satanás.

Caminad con ellos en la luz de mi designio y juntos combatid a mis órdenes.

Estáis llamados ahora a ver mis mayores prodigios porque habéis entrado en el tiempo de mi triunfo”.

  1. Albert (Alberta), Canadá 29 de septiembre de 1990

Fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel

La hora de las potestades Angélicas

“Hoy celebráis la fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel e invocáis su protección.

En estos tiempos de la gran tribulación os invito a vivir en unión de vida con los Ángeles del Señor.

Ellos tienen, hoy, una misión importante que cumplir a favor vuestro.

–Os iluminan el camino que debéis recorrer, para ser fieles a la consagración que me habéis hecho.

Es un camino difícil y doloroso, marcado por muchos obstáculos y amenazado por muchas insidias de mi Adversario.

Los Ángeles os toman de la mano y os conducen por la senda de la luz, del amor y de la santidad.

–Os dan valor y consuelo en las muchas dificultades que debéis soportar y os sostienen en vuestra debilidad humana.

Están a vuestro lado como verdaderos hermanos, que toman a pecho vuestra persona y vuestra vida.

–Os defienden contra los continuos ataques de Satanás, contra sus numerosas asechanzas, contra los obstáculos que pone en vuestro camino.

La gran batalla que se está combatiendo ahora es sobre todo a nivel de espíritus: los espíritus malos, contra los Espíritus Angélicos.

Vosotros estáis involucrados en esta lucha que se desarrolla entre el cielo y la tierra. Entre los Ángeles y los demonios, entre San Miguel Arcángel y Lucifer. A los Ángeles del Señor ha sido encomendada la misión de defender vuestras personas, la vida de la Iglesia, el bien de toda la humanidad.

En esta gran Nación, donde te encuentras para celebrar los cenáculos, contempla cómo la humanidad engañada por los falsos espíritus, corre por la senda del mal y de una gran inmoralidad y cómo la misma Iglesia está cada vez más minada por los errores y los pecados y corre peligro de perder la verdadera fe, debido a su separación del Papa y la oposición a su Magisterio.

En estos tiempos perversos vosotros debéis orar mucho a los Ángeles del Señor.

Es la hora de las Potestades Angélicas.

Las Potestades Angélicas son las que guían a todos mis hijos en la batalla decisiva, para la derrota definitiva de Satanás y la venida del Reino glorioso de Cristo, en el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.”

Milán, 2 de octubre de 1992

Fiesta de los Santos Ángeles Custodios

El Anuncio de los tres Ángeles

“Hoy los Ángeles de Luz de mi Corazón Inmaculado, están a vuestro lado, mis predilectos e hijos consagrados a Mí.

Es su fiesta.

Honradlos, invocadlos, seguidlos, vivid siempre con ellos que os han sido dados por el Padre Celestial como Custodios y protectores vuestros.

Hoy es su tiempo.

A este último período de la purificación y de la gran tribulación corresponde una fuerte y particular manifestación de los Ángeles del Señor.

Habéis entrado en la fase más dolorosa y difícil de la batalla entre los Espíritus del bien y los Espíritus del mal, entre los Ángeles y los demonios. Es una lucha terrible que se desarrolla en torno a vosotros y sobre vosotros. Vosotros, pobres criaturas terrenas os veis implicados y así sentís de forma particularmente fuerte las insidias que tejen contra vosotros los espíritus malos para conduciros al camino del mal y del pecado.

En consecuencia, estos son los tiempos en que debe hacerse todavía más fuerte y continua la acción de vuestros Ángeles Custodios.

Rezadles frecuentemente, escuchadlos con docilidad, y seguidlos en todo momento.

El culto de veneración y de alabanza a los Ángeles del Señor debe llegar a ser, en la Iglesia, más extendido y solemne.

A ellos, en efecto, está reservada la misión de daros el Anuncio tan esperado de vuestra próxima liberación.

El Anuncio de los tres Ángeles sea esperado con fe por vosotros, acogido con gozo y seguido con amor.

–Vuestra liberación coincidirá con el fin de la iniquidad, con la completa liberación de toda la creación de la esclavitud del pecado y del mal.

Cuanto sucederá será una cosa tan grande, como jamás se ha visto desde el principio del mundo. Será como un juicio en pequeño y cada uno verá su propia vida y todas sus obras en la Luz misma de Dios.

Al primer Ángel le corresponde la misión de proclamar a todos este anuncio:

“Dad a Dios la gloria y la obediencia; alabadlo, porque ha llegado el momento en que Él juzgará al mundo. Arrodillaos delante de Aquél que ha hecho el cielo, la tierra, los manantiales y el mar”.

–Vuestra liberación coincidirá con la derrota de Satanás y de todo espíritu diabólico.

Todos los demonios y los espíritus de los condenados, que en estos años se han volcado por todas partes del mundo para la ruina y condenación de las almas, serán arrojados al infierno, del cual han salido, y ya no podrán dañar nunca más.

Todo el poder de Satanás será destruido.

Al segundo Ángel le corresponde la misión de dar este Anuncio:

“Ha caído, ha caído la gran Babilonia, aquélla que había hecho beber a todos los pueblos el vino embriagador de su prostitución”.

–Vuestra liberación coincidirá sobre todo con el premio concedido a todos aquellos que, en la gran prueba, se hayan mantenido fieles y con el gran castigo dado a aquellos que se hayan dejado arrastrar por el mal y el pecado, por la incredulidad y la impiedad, por el dinero y por el placer, por el egoísmo y la impureza.

Al tercer Ángel le corresponde la misión de anunciar el gran castigo.

“Cualquiera que adora a la bestia y a su imagen y recibe su marca en la frente o en la mano, beberá el vino de la ira de Dios, escanciado puro en el cáliz de su terrible juicio, y será torturado en la presencia del Cordero y de los Ángeles santos con fuego y azufre. El humo de su tormento no acaba nunca. Quien adora a la bestia y a su imagen y cualquiera que recibe la marca de su nombre, no tiene reposo ni de día ni de noche”.

En este tiempo final de la gran tribulación, anunciado como aquél del fin de la iniquidad, de la derrota de Satanás, y del castigo de los impíos, es puesta duramente a prueba la constancia de aquellos que pertenecen al Señor, ponen en práctica los mandamientos de Dios, y permanecen fieles a Jesús.

Por esto os invito hoy a estar particularmente unidos a vuestros Ángeles Custodios en la oración, en la escucha de su voz y a acoger con docilidad su guía segura por el camino del bien y de la santidad.

En estos tiempos borrascosos, en que Satanás domina con toda su potencia tenebrosa, es misión de los Ángeles de luz de mi Corazón Inmaculado, la de conduciros por el camino de la constancia y de la fidelidad a Jesús, en la observancia de los mandamientos de Dios y en el ejercicio de todas las virtudes.

En este día, junto a vuestros Ángeles Custodios, os bendigo, con la alegría de una Madre que es consolada y cada vez más glorificada por vosotros.”

Milán, 2 de octubre de 1993

Primer Sábado de mes y fiesta de los Ángeles Custodios

La misión de los Ángeles Custodios

“Hijos predilectos, en este primer sábado de mes, os reunís en Cenáculo para renovar la consagración a mi Corazón Inmaculado y para venerar la memoria litúrgica de vuestros Ángeles Custodios. En los tiempos de la gran prueba, os invito a volver cada vez más fuerte el lazo que os une a vuestros Ángeles Custodios.

Ellos tienen, para vosotros, una misión importante y especial que desarrollar, sobre todo en estos últimos tiempos.

Los Ángeles Custodios tienen sobre todo el encargo de ser Luz en vuestro camino.

Los días que vivís están señalados por una gran oscuridad que se hace cada vez más profunda y extendida.

Es la tiniebla de los errores que cubre las mentes de los hombres y les vuelve así víctimas de la gran apostasía; es la tiniebla de los pecados que obscurece la belleza y santidad de las almas; es la tiniebla de la impureza que afea el esplendor de vuestro cuerpo, llamado a reflejar la gloria del Dios viviente.

Así, cuántos son hoy mis pobres hijos que viven como sombras, sumergidos por las tinieblas del error, del pecado y de la impureza.

A vuestros Ángeles Custodios se ha confiado el encargo de protegeros de la gran tiniebla que os circunda para haceros caminar siempre en la luz de la verdad, de la santidad, de la pureza, de la humildad, de la confianza y del amor.

–Los Ángeles Custodios tienen el encargo de ser la defensa de vuestra vida.

Qué numerosas y disimuladas son las insidias que cada día os tienden los espíritus malignos, los demonios que ahora han afluido al mundo y obran por doquier para conducir a las almas a la eterna condenación.

Su acción ahora se ha vuelto potente porque se ha asociado a la fuerza que tienen los medios de comunicación como la prensa y la televisión.

Con un refinamiento disimulado se difunde el mal en forma de bien, el pecado como ejercicio de la propia libertad, la trasgresión de la Ley de Dios como una conquista de esta pobre y pervertida humanidad.

Qué fuertes y continuos son los ataques de los espíritus malignos, para golpearos aún en vuestra vida física con accidentes, desgracias, atentados, enfermedades, calamidades, explosiones de violencia, de guerra y revoluciones.

A los Ángeles Custodios se les ha confiado el encargo de protegeros de todos estos males, de defenderos contra estas insidias para haceros caminar en la vida bajo su segura y potente protección.

–Los Ángeles Custodios tienen en fin el encargo de combatir con vosotros la misma batalla para obtener la misma victoria.

En la gran prueba, que ya ha llegado, se vuelve cada vez más fuerte y sangrienta la lucha entre la Mujer vestida del Sol y el Dragón rojo, entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, entre Cristo y el anticristo.

Es una batalla que se desarrolla sobre todo a nivel de espíritus: los espíritus buenos contra los espíritus malignos; los Ángeles contra los demonios; San Miguel Arcángel contra Lucifer.

Vosotros estáis implicados en esta gran lucha, que os supera inmensamente.

Por tanto debéis permanecer especialmente unidos a Aquellos que están cercanos a vosotros en el gran combate, que tienen gran potencia en esta lucha, que os ayudan a combatir y os conducen hacia la segura victoria.

Mi más pequeño niño, confía a la especial protección de tus Ángeles Custodios el largo y fatigoso viaje que, dentro de algunos días, debes llevar a cabo en Malasia, Indonesia, Australia, Islas Fiji y Nueva Zelanda para hacer por doquier los Cenáculos con sacerdotes y fieles de mi movimiento.

Hoy os invito a todos a volver más asidua la oración, más fuerte el vínculo de unión, más profundo el afecto hacia estos Ángeles de Luz, que os han sido dados por el Señor para vuestra custodia y protección.

En unión con todos ellos os bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”

Omaha-Nebraska (U.S.A.), 29 de septiembre de 1994

Fiesta de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel

Los Ángeles de vuestro tiempo

“Hoy celebráis la fiesta de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel.

Son los Ángeles de vuestro tiempo.

Son los Ángeles del tiempo conclusivo de la purificación y de la gran tribulación.

Son los Ángeles de vuestro tiempo.

A ellos les está confiada una misión especial durante el período de la prueba y del gran castigo.

A ellos toca salvar al pueblo de Dios, recoger de todas partes de la tierra a quien es llamado a formar parte del pequeño resto, que permanecerá fiel, en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.

Son los Ángeles de vuestro tiempo.

Sobre todo son los Ángeles que os revelan las últimas vicisitudes descritas en el Libro sellado.

Al Arcángel San Miguel se le ha confiado la misión de conducir a la batalla los ejércitos de los Ángeles y de mis hijos fieles contra las aguerridas huestes de Satanás, del mal, de las fuerzas satánicas y masónicas, ya organizadas a nivel mundial en una sola gran potencia, para ponerse contra Dios y contra su Cristo.

San Miguel intervendrá sobre todo para combatir al antiguo enemigo Lucifer que, en la última hora, aparecerá con toda la tenebrosa potencia del Anticristo.

Suya es la misión de combatirlo y de vencerlo, de arrojarlo dentro de su reino de tiniebla y de fuego, ofreciendo a vuestra Madre Celestial la cadena con la que lo sujetará y la llave para sellar la puerta del abismo, del cual no podrá salir ya más para perjudicar en el mundo.

Al Arcángel San Rafael se le ha confiado la misión de participar, como médico celestial, en la gran batalla, para socorrer y curar a cuantos son golpeados y heridos.

Como restituyó a Tobías la vista, así a millones de mis pobres hijos, que se han vuelto ciegos por el pecado, por los errores y por la gran tiniebla de vuestros días, dará la vista, para que puedan volver a creer y a contemplar el divino esplendor de la Verdad.

Al Arcángel San Gabriel se le ha confiado la gran misión de anunciar el retorno de Jesús en gloria, para instaurar su reino en el mundo.

Como ha venido por Él el anuncio de la primera venida de mi Hijo al mundo, así ahora será Él, el mensajero luminoso de la segunda venida de Jesús en gloria.

Esta segunda venida sucederá en el poder y la luz, con Jesús que aparecerá sobre las nubes del cielo, en el esplendor de su divinidad, para someter a Sí todas las cosas. Y así, ante todo el universo creado, aparecerá el divino poder de mi hijo Jesús.

Al Arcángel llamado “fortaleza de Dios” se le ha dado el encargo de anunciar a todos el próximo retorno de Cristo con la fuerza de su divino poder.

Por esto os invito hoy a orar y a invocar la protección de estos Arcángeles, llamados a desarrollar una misión tan grande en el tiempo conclusivo de la gran tribulación y a llevaros al corazón  de los últimos acontecimientos, que ahora estáis llamados a vivir con confianza y con una gran esperanza.”

Río de Janeiro (Brasil), 29 de septiembre de 1995

Fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel

Los tiempos serán abreviados

“Mi designio se está cumpliendo ya en todas partes.

Mi pequeño hijo, observa como se realiza el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Todo cuanto aquí sucede es un signo para ti.

Por decenas de millares mis hijos me están respondiendo, con un amor y un entusiasmo tan grande, que conmueve mi Corazón de Madre.

Por la respuesta que por doquier recibo de estos mis pequeños niños, Yo intervengo para abreviar los tiempos de la gran prueba tan dolorosa para vosotros.

–Los tiempos serán abreviados, porque soy la Madre de la Misericordia y cada día ofrezco sobre el trono de la divina Justicia mi oración, unida a la de los hijos que me responden con un sí y se consagran a mi Corazón Inmaculado.

Uno los dolores de mi Corazón a todos los sufrimientos de los buenos, que llevan con paciencia la cruz de estos tiempos de la gran tribulación.

Los dolores de los pobres y de los frustrados, de los pequeños y de los marginados, de los pecadores y de los alejados, de los enfermos y de los desesperados, de los abandonados y de los oprimidos, son recogidos en el jardín de mi sufrimiento materno y son ofrecidos a la divina Justicia en señal de reparación y de perenne intercesión.

–Los tiempos serán abreviados, porque soy vuestra Madre y quiero ayudaros, con mi presencia, a llevar la cruz de los dolorosos acontecimientos que estáis viviendo.

Cuántas veces he intervenido ya, para retrasar cada vez más el tiempo del inicio de la gran prueba, para la purificación de esta pobre humanidad, ahora poseída y dominada por el espíritu del Mal.

–Los tiempos serán abreviados, porque la gran batalla que se combate entre Dios y su adversario es sobre todo a nivel de Espíritus y se libra por encima de vosotros.

Esta terrible batalla se desarrolla entre los Espíritus Celestes y los espíritus infernales, entre los Ángeles del Señor y los demonios, entre las Potencias del cielo y las potencias del infierno.

En esta gran lucha, una misión particular se ha encomendado al Arcángel San Gabriel, que os reviste de la misma fortaleza de Dios; al Arcángel San Rafael, que vierte bálsamo de curación sobre todas vuestras heridas; al Arcángel San Miguel, que conduce a todas las milicias Angélicas a la completa victoria sobre los ejércitos infernales.

Por esto os confío a la potente protección de estos Arcángeles y de vuestros Ángeles Custodios, a fin de que seáis guiados y defendidos en la lucha que ahora se libra entre el Cielo y la tierra, entre el Paraíso y el infierno, entre San Miguel Arcángel y el mismo Lucifer, que aparecerá pronto con toda la potencia del Anticristo.

Así sois preparados para el gran prodigio que se cumplirá cuando, con el triunfo de mi Corazón Inmaculado, descenderá sobre el mundo la rociada celeste de la divina Misericordia”.

Mensajes a Mons. Octavio Michelini:

23 de noviembre de 1975

LAS GRANDES VERDADES 

De los labios de la Sabiduría ha salido el dicho: “Meditare novissima tua et in aetenum non peccabis”.

El Espíritu Santo ha querido poner ante vuestras almas cuatro grandes realidades:

Muerte – Juicio – Infierno – Paraíso.

Por tanto se muere.

La muerte es una realidad concreta, una realidad de la que, indirectamente, hacéis experiencia todos los días: un día haréis también la experiencia personal.

Sin embargo hijo, podrá parecer no cierto pero en realidad nadie se ocupa de ella; se vive más o menos alegremente, como si no se debiera morir.

¿Quién es el que conduce a los hombres, a los cristianos, a los sacerdotes, a olvidar lo dicho por el Espíritu Santo, aquello de reflexionar sobre la muerte, la mordaza de la que ninguno podrá escapar?

¡Es Satanás! Siempre él, que cerca al alma humana con sus astucias y seducciones, con sus mentiras: Sicut leo rugiens quarens quem devoret

Se os ha puesto en guardia.

Se os ha dicho que ruge, pero no os puede morder si no en el caso de que vosotros os expongáis voluntariamente a sus pasadas.

Sobre este tema disponéis de mucha luz. Las Sagradas Escrituras, las vidas de los Santos y de los Mártires, y toda una historia de luchas tremendas entre el hombre y el Príncipe de las tinieblas. Recordad al Angel de Tobías que libera a Sara, y otros miles de episodios.

El Ángel custodio

En esta lucha, al lado del hombre, al que Yo no he querido solo, porque de otro modo la lucha habría sido desigual, he puesto un Angel mío, un Angel siempre preparado para intervenir en cualquier momento que es requerido.

Por desgracia la incredulidad hace, sí, que pocos recurran a él.

¡Cuántas veces mis Angeles, vuestros custodios están obligados a la pasividad casi absoluta por la incredulidad de los hombres! ¡Cuántas veces se ven obligados a retirarse para no asistir a la destrucción que el hombre hace de si mismo!

¡Pobre hombre que vas andando a tientas en las tinieblas, cuando Yo te he trazado un camino de luz!…

¿Medios de defensa? ¡Pero si son tantos!

Están los Sacramentos, los Sacramentales, la oración. Pero ningún medio es útil cuando el alma está en la oscuridad, y hoy muchísimas almas están en la más profunda oscuridad. La falta de fe lleva tinieblas a las almas.

Si no hacéis penitencia

La crisis de fe más grande, desde la creación del hombre hasta hoy, es la actual.

Una formalista costumbre de vida cristiana hace ilusionar a muchos de estar en el camino justo. Algunos sacerdotes creen estar en el camino justo como lo creían los sacerdotes, los escribas y los fariseos en los tiempos en los que Yo estuve en la tierra en mi visible Humanidad.

En todos los tiempos y en todos los lugares la lucha entre el bien y el mal lleva el mismo sello inmutable.

Si la humanidad atea de hoy no se pone en pie y no procura sacudirse el polvo y el humo que le nubla el alma perecerá en gran parte.

No serán los sarcasmos ni las ironías de los pseudo-teólogos y de los sacerdotes insensatos y soberbios, no serán las artes de los manipuladores de corrupción en todos los sectores de la vida privada y pública, lo que evite la ruina que el hombre neciamente esta provocando.

Di fuerte que el tiempo está contado, grítalo fuerte como Jonás: “Si no hacéis penitencia pereceréis”.

Dilo fuerte que de Dios no se puede reír impunemente.

Grítalo fuerte que la hora de las tinieblas no es querida por Dios sino por los hombres mismos.

Grítalo fuerte que mi Madre ha hecho mucho para alejar del mundo la catástrofe.

Recuérdales a todos: Lourdes, Fátima y miles de intervenciones muchas veces sofocadas precisamente por obra de aquellos cuya tarea era la de juzgar con mayor objetividad y menor respeto humano. Han tenido miedo del juicio del mundo…

Aquí está su culpa: no la verdad, sino a sí mismos han puesto delante. Y ahora hablan sólo de la Misericordia de Dios y no de sus responsabilidades.

¿También al pronunciarse sobre estos mensajes otra vez más será rechazada la luz?…

Yo los quiero a todos salvos, pero ellos oponen resistencia. Aman la oscuridad. En las tinieblas perecerán.

Tú no temas; continúa siéndome fiel. Estás en Mi Corazón y aquí nadie te podrá tocar, ni siquiera rozar.

Te bendigo, hijo mío; ámame y camina derecho ante Mí. Soy el Camino que muchos se niegan a transitar.

24 de Mayo de 1976 

LA GRAN BATALLA

Hay una guerra que no terminará hasta el fin de los tiempos.

La más grande batalla de proporciones apocalípticas se combate en el Cielo entre los Ángeles fieles a Dios y los Ángeles rebeldes a Dios, los primeros encabezados por el Arcángel San Miguel y los segundos por Lucifer, el terrible dragón del Apocalipsis.

“Entonces se entabló una guerra en el Cielo: Miguel y sus Angeles combatieron con el Dragón que fue precipitado”. Es Satanás, la antigua Serpiente que insidió a los primeros padres induciéndolos por el orgullo a la desobediencia.

Esta es la terrible realidad de la que el mundo se ríe estúpidamente mientras sufre su acción mortífera hecha de tiranía, oscuridad y sufrimientos. El reino de Satanás es el reino de las tinieblas, es el reino del mal, de todos los males, porque los males de cualquier naturaleza manan de él como de fuente de toda iniquidad.

La batalla que se combatió en el Cielo en la presencia de Dios fue una inmensa batalla de Inteligencias, que determinó para la eternidad el futuro destino de los ángeles y de los hombres. Fue un hecho histórico de primera importancia que abarcaría cielo y tierra.
¡La historia de la humanidad está ligada y condicionada a este suceso, digan lo que digan o piensen los hombres!

Las Santas Escrituras, las afirmaciones de los Padres y de los Doctores de la Iglesia dan claro testimonio de ello.

Escépticos e incrédulos

Los particulares momentos que vivís y el inmediato futuro que os espera os harán creer en la intervención de las milicias celestes, bien sea por una peculiar presencia de la Providencia divina que gobierna al mundo, o bien, por la gravedad de los acontecimientos que pondrán de manifiesto la presencia del perturbador del orden establecido por Dios, como el Papa Pablo VI con valor os ha dicho: “el racionalismo primero, el materialismo ahora han hecho de todo para poner en descrédito el hecho más importante del cielo y de la tierra sin el cual ninguna explicación es aceptable”.

La presencia no sólo Mía, sino también de Satanás en la historia y en la Iglesia, con los hechos que lo comprueban, choca terriblemente con la pueril tentativa de los enemigos de Ella para minimizar e incluso negar la límpida realidad.
Con tristeza y con dolor se debe constatar hoy que no sólo los tradicionales enemigos míos y de mi Iglesia niegan la presencia junto a los hombres de seres de naturaleza diversa de la humana, pero hasta cristianos y ministros de Dios son escépticos e incrédulos, con grave daño para ellos en lo personal y gravísimo daño social.

El Enemigo del hombre ha conseguido narcotizar muchas almas y muchos corazones, así queda menos contrastado su radio de acción. Por desgracia en la Iglesia, aún a los que afirman creer les falta luego la más elemental coherencia con la Fe que afirman poseer.

Indiferencia culpable

¿Se puede permanecer pasivos, o casi, frente a la acción de un enemigo furiosamente activo que no carece ni de inteligencia ni de potencia para combatir a las almas a las que odia y quiere atropellar y perder?

Razonablemente se diría que no. Pero por desgracia la realidad es bien diferente: indiferencia y escepticismo se encuentran incluso en aquellos que, por razón de su estado, por el fin primordial de su vocación y por coherencia con la fe deben, no sólo sostenerla, sino defenderla y difundirla, y en cambio permanecen inertes.

Se han atrofiado en acciones secundarias y ciertamente no aptas para confinar y limitar la tremenda obra devastadora de Satanás y de su Iglesia.

¿Cómo se explican ciertas lagunas, que han abierto pavorosas brechas al enemigo? Así por ejemplo, de improviso se anulan cada día medio millón de exorcismos que un gran Pontífice había establecido con intuición profética para este vuestro siglo, para combatir a Satanás y a sus legiones…

Me refiero a la oración a mi Madre y vuestra, y a San Miguel que se recitaban al final de la Santa Misa.

¿Con qué cosa se ha pensado sustituir tan importantísima disposición tomada por un Vicario mío y confirmada por tantos santos Sucesores suyos? ¡Con ninguna medida!

¿Es sabiduría destruir lo que se había construido con sabiduría e inteligencia, sin proveer después a sustituirlo? Esto es un ejemplo: pero ¡cuántos más se podrían traer!

¿No es caso de reflexionar, haciendo un serio examen de conciencia?

14 de Junio de 1978

LOS ÁNGELES, SEA EN EL BIEN SEA EN EL MAL PUEDEN OBRAR EN LA MATERIA

Escribe, hermano, soy Don Orione.

Mira, hermano Don Octavio, más aún que nosotros, criaturas humanas, hechas a imagen y semejanza de Dios, los Ángeles en medida mucho mayor, reflejan la imagen de Dios; espíritus puros, libres de la materia, y, porque ellos no están aprisionados como lo están nuestras almas, su vida no está condicionada por el espacio; ellos se mueven con la rapidez del pensamiento y, por tanto, ya sea en el bien, ya sea en el mal pueden mucho más de lo que vosotros podéis; libres de la materia pueden obrar sobre la materia de modo tal que impresiona siempre a vuestro espíritu.

Considero útil esta premisa, hermano Don Octavio, porque conociendo mejor la naturaleza de los ángeles es más fácil entenderlos. Y como son seres simples y espirituales son invisibles, por lo que pueden estar junto a ti en un número grande y tú no te das cuenta si ellos así no lo quieren. Esta su invisibilidad hace muy activa su labor con relación a vosotros; y cuando se trata de los Ángeles Negros es fácil imaginar la naturaleza de su incesante actividad. Hermano, la oscuridad en esta materia es casi total en la Iglesia de Dios.

Estas oscuras potencias del mal han influido a tal punto en las mentes y los corazones de los Pastores, Sacerdotes y de los hombres en general que aún en la Iglesia el solo hablar de ellas se considera como manifestación de ignorancia y de superstición, ¿no se dice que son tabúes de la Edad Media? Y la cúpula de la Iglesia, quiero decir Pastores y sacerdotes,  ¿no está en esta misma línea del pueblo paganizado?

Vitalísima y esencial cuestión

Tú, hermano mío Don Octavio, has tenido quien te instruyera bien en la materia, pero tus conocimientos están lejos de ser completos, lo llegarán a ser, por lo cual tu misión de volver a poner sobre el tapete esta vitalísima y esencial cuestión de la doctrina Católica, será cumplida con gran ventaja, para gloria de Dios y salvación de las almas, pero sabes, además, hermano mío, que no hay bien, real y auténtico, sino a precio  de sufrimiento.

Considera la expansión de mis instituciones, aún estando yo en la tierra, y considera también qué precio de penas y sufrimientos han costado. Mira, hermano, tú al caminar por las calles de la ciudad ves los enormes edificios que se levantan del suelo y se elevan hacia el cielo como si lo quisieran desafiar, los miras, los admiras y los aprecias más o menos según sus estilos, sus líneas, pero jamás piensas en aquella parte que debe soportar el enorme peso de ellos hasta quedar aplastada. Así sucede también con aquellas almas elegidas como cimientos de las Obras de Dios, deben soportar y llevar el enorme peso de ellas, debido a la gran responsabilidad, a las incesantes y opresivas hostilidades del Enemigo, que odia, no quiere y combate las Obras de Dios, con todos los medios de que dispone, de inteligencia, de potencia y de maldad. He aquí por qué ayer se te habló de la estrategia que usa el Infierno contra las bases de Dios en Su Iglesia.

Hermano Don Octavio, por tanto no hay que maravillarse de los asaltos que la Asociación Esperanza ha sufrido y está sufriendo todavía por parte de quien odia desesperadamente el bien y persigue el mal a cualquier costo. Pienso más bien que no será malo recordaros cómo debéis afrontar la lucha, cómo debéis usar los medios de defensa.

Haya siempre “centinelas” que exorcicen

Don Octavio, vuestro primer defecto, y que tanto os pone en condiciones de inferioridad frente al enemigo, es la falta de convicción. Muchos creen sólo en lo que ven y ante las realidades invisibles se vuelven dudosos e inciertos, como si estas realidades no existieran. Ayer se te dijo que esto es superficialidad de fe; hermano, no puedo sino confirmarlo.

Emplead además la prudencia, prudencia; sed prudentes como las palomas y también debéis ser sagaces: nunca deis nombres, ellos os espían continuamente y cuando tengáis necesidad de hablar, haya siempre centinelas que exorcicen; además, oración y sobre todo humildad, humildad, Satanás no soporta la humildad, un acto de humildad lo confunde hasta el punto de que casi siempre suelta la presa a su pesar.

Hermano Don Octavio, no te parezca extraño que estas cosas que se te dijeron apenas hace un día, yo te las repita, conoces el proverbio latino: “repetita juvant”, pero esto, sobre todo, vale para las cosas tan importantes que las vicisitudes cotidianas y las dificultades de la vida tienden a hacer olvidar, en particular porque el Adversario hace de todo para distraerte del pensamiento y de las acciones que van en daño suyo, para volveros impotentes e inofensivos. Esta es la razón por la que desde lo Alto os tratamos de ayudar de todos los modos.

Hermano Don Octavio, es verdad que nosotros estamos en la paz y en la bienaventuranza, que de nada carecemos y que nada podemos desear además de lo que tenemos, pero vuestra lucha ha sido y es nuestra lucha, por eso estamos a vuestro lado, listos siempre ante un  ademán vuestro para ayudaros.

Pido a Dios que os bendiga y os acompañe en cada paso y que la común Madre os bendiga y os proteja de todo mal.

Don Orione

13 de Noviembre de 1978 

EL REINO DE SATANAS ES OSCURIDAD

Hijo mío, toma de nuevo la pluma en la mano y escribe.

Te he hablado de pavorosa realidad, de pavoroso y gigantesco engaño realizado por Satanás en daño de la entera humanidad y cuyas consecuencias son inexpresables en términos humanos, porque el hombre es demasiado pequeño para poderlas comprender, pero es lo suficientemente grande para experimentarlas.

La ignorancia es como una nube que genera oscuridad, y la oscuridad es como la negrura que impide la visión de las cosas.

El reino de Satanás en la tierra es reino de oscuridad, esto es, de oscuridad completa que quita la visión de cuanto Satanás desde hace milenios, pero especialmente en estos dos últimos siglos ha estado tramando para la destrucción de la Iglesia y de la humanidad entera, y de todo cuanto está obrando en daño del Reino de Dios en su loca, sí, verdaderamente loca ilusión de aniquilarlo juntamente Conmigo, Verbo Eterno de Dios hecho Carne.

El reino de las tinieblas no es eterno, es sempiterno; ha nacido y surgido en antítesis al Reino de Dios, por iniciativa de Lucifer, seguido por Belcebú, por Satanás y por densísimas legiones de ángeles.

El absurdo pensamiento de estas criaturas rebeldes, su absurda voluntad, ya que en ella están congelados, es la de querer competir con Dios, considerándose no sólo iguales, sino además superiores a Él; por esto continúan desafiándolo, no pueden ya no querer desafiarlo, ni podrán ya jamás concebir o creer en el Misterio de la Encarnación del Verbo Eterno de Dios.

¡Que el Eterno Hijo de Dios pueda asumir la naturaleza humana, esto es, una naturaleza inferior a la suya, es cosa tan absurda que ellos no aceptarán jamás!

De aquí el ilimitado odio y la insurrección que determinó la gran batalla y la tremenda fisura que dio lugar a la oscuridad del Infierno y de aquí también el odio implacable e inagotable, el odio generador de envidia y de celos contra la naturaleza humana.

En el infierno se sufre en razón de los dones habidos en la tierra

Estos monstruos sin amor, incapaces aún sólo de imaginar el amor, no podrán jamás amar a una criatura humana; la rodearán de lisonjas, la insidiarán con embustes y mentiras sólo para atormentaría mayormente, porque estas monstruosas criaturas ) aun cuando dotadas de dones naturales, como la inteligencia, la voluntad y otros, no podrán nunca usarlos para el bien, sino sólo para el mal.

Fríos y gélidos en los planes de destrucción experimentan una sádica necesidad de precipitarse cada vez más en las iniquidades; piensan inexorablemente el mal, lo quieren y lo llevan a cabo.

Actualmente en la oscuridad están intensificando conjuras sobre conjuras y las llevan a cabo por medio de sus aliados y de su iglesia: la masonería, para desencadenar en la tierra una batalla que no tiene comparación, sino sólo en el conflicto que se verificó en el Cielo con la fractura del mundo invisible a ojos humanos, pero no por esto menos verdadero y real, y que llevó a la separación de los Angeles de la Luz de aquellos de las Tinieblas y a la creación del Infierno eterno, lugar y castigo adecuado para quien, por pura y simple maldad, abdicó a la Luz por las tinieblas, al Reino de la Felicidad y de la Bienaventuranza por el reino del más terrible odio e implacable desesperación, locura verdaderamente inalcanzable e insuperable.

El “reino de las tinieblas” está gobernado por una tríada y es jerárquico; es reino lleno de odio y de iniquidad y se sostiene precisamente sobre las pasiones más oprobiosas. Es reino de horrores que no tiene paralelo en ningún otro lugar del Universo y no es descriptible en términos humanos.

Súbditos de este reino son todos los ángeles que con Lucifer, Belcebú y Satanás sostiene la gran rebelión.

Pero es un reino en continua expansión, porque van a engrosarlo todos los hombres que dicen “no” al plan de la Salvación, para decir sí al plan diabólico de las potencias oscuras del Infierno.

Las criaturas humanas que mueren en pecado mortal quedan en el pecado eternamente, pero Ángeles y hombres han llevado y llevan al Infierno también sus dones naturales, por lo que, cuanto más destacados han sido estos dones tanto más grande es su pena, porque Dios, infinita Justicia, da a cada uno en razón de lo que ha merecido, por lo que en el Infierno se sufre en razón de los dones habidos en la tierra.

Convertíos… convertíos antes de que sea demasiado tarde

Quien en la tierra tuvo la suerte de ser particularmente predilecto de Dios con dones preciosos de Gracia y de Amor y con una Vocación santamente envidiada por los Ángeles del Cielo y tuvo la fortuna de ser elegido para la sublime misión de Ministro de Dios, con dignidad y poderes que no tuvo ningún Ángel, ni siquiera el más rico, si se condena, quedará envuelto en un fuego devorador que ninguna lengua humana será nunca capaz de expresar.

¡Pobres Consagrados míos, gangrenados en el pecado y en las dos concupiscencias, si supierais lo que os espera y, lo que pende sobre vuestra cabeza no desdeñaríais las más rudas y largas penitencias!

¡Convertíos, convertíos antes de que sea demasiado tarde… es Jesús quien os hace esta invitación!

¡Arrodillaos ante Mí Crucificado y pedid piedad y perdón!

Ahora ya basta, hijo mío, te bendigo; extiendo esta mi bendición a todos aquellos que te son queridos y a todos aquellos que ven y por eso rezan por la salvación de mis Consagrados.

Ámame, reza y repara.

AL ÁNGEL DE LA GUARDA

Ángel de Dios, que eres mi custodio, ya que la soberana piedad me ha encomendado a ti, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname en este día. Amén.

A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

ORACIÓN A MARÍA REINA DE LOS ÁNGELES

¡Oh Augusta Reina de los Cielos
y Señora de los Ángeles!
Pues habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de la serpiente infernal; dignaos escuchar benigna las súplicas que humildemente os dirigimos; enviad las santas legiones para que, bajo vuestras órdenes, combatan a los demonios, donde quiera repriman su audacia y los persigan hasta precipitarlos al abismo.

¿Quién como Dios?
Santos Ángeles y Arcángeles, defendednos y guardadnos. ¡Oh buena y tierna Madre! Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza. ¡Oh divina Madre! Enviad los Santos Ángeles para defendernos y rechazar lejos al demonio, nuestro mortal enemigo. Amén.

Historia de esta oración:

Ante el gran combate espiritual que libramos, Dios ha querido proveer por nosotros. Pero debemos rezar si deseamos su ayuda.

Escribe acerca de la Reina de los Ángeles el Venerable Luis Eduardo Cestac, fundador de la Congregación de las Siervas de María:

En 1863 un alma… sintió su mente elevada hacia la Santísima Virgen, quien le dijo que efectivamente, los demonios andaban sueltos por el mundo, y que había llegado la hora de rogarle como Reina de los Ángeles pidiéndole las legiones santas para combatir y aplastar los poderes infernales.

–”Madre mía”, dijo esta alma, “¿ya que sois tan buena, no podrías enviarlas sin que os rogáramos?”

–”No”, respondió la Santísima Virgen, “la oración es condición impuesta por Dios para alcanzar las gracias”.

– “Entonces, Madre mía”, dijo el alma “¿querrías enseñarme Vos la manera de rogaros?”

Y creyó escuchar la oración “Oh Augusta Reina…”

El señor Cestac fue el depositario de esta oración. Lo primero que hizo fue presentarla a Monseñor Lacroix, obispo de Bayona, quien le dio su aprobación. Inmediatamente mandó imprimir medio millón de ejemplares, que distribuyó gratis por todas partes.

No estará demás advertir que, durante la primera impresión, las máquinas se rompieron dos veces. La oración a la Reina de los Ángeles se extendió rápidamente y fue aprobada por muchos obispos y arzobispos.

San Pío X concedió trescientos días de indulgencia a quienes la rezaren.

(Imprimátur del Vicario General de Buenos Aires, 29 de febrero de 1912)

-“Regina Angelorum”, publicación de la Orden de María Reina, Pascua de 1978

Letanías de San Miguel

 

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

 

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo,

Dios Espíritu Santo,

Trinidad Santa, un solo Dios,

 

Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.

San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios,

San Miguel, perfecto adorador del Verbo divino,

San Miguel, coronado de honor y de gloria,

San Miguel, poderosísimo príncipe de las milicias del Señor,

San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad,

San Miguel, guardián del Paraíso,

San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,

San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,

San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,

San Miguel, lumbrera de los Ángeles,

San Miguel, defensa de los católicos fieles,

San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,

San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,

San Miguel, socorro poderosísimo,

San Miguel, ayuda nuestra en todas las adversidades,

San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,

San Miguel, consolador de las almas detenidas en las llamas del Purgatorio,

San Miguel, encargado por el Señor de recibir las almas después de la muerte,

San Miguel, nuestro Príncipe,

San Miguel, nuestro abogado,

San Miguel, nuestro protector,

 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,

perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,

escúchanos, Señor

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,

ten misericordia de nosotros.

 

  1. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
  2. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

 

Oremos. Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría gracias a la cual aprendamos a reunir tesoros para el cielo y a despreciar los bienes del tiempo a cambio de los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

AL ÁNGEL DE LA GUARDA

 

Consagración al Santo Ángel de la Guarda

 

Santo Ángel de la Guarda, que desde el principio de mi vida me fuiste dado para mi protección y compañía, yo, pobre pecador, quiero consagrarme a ti, en presencia de mi Dios y Señor, de María, mi Madre celestial, y de todos los Ángeles y Santos. Quiero hoy vincularme a ti para nunca separarme.

En esta íntima unión contigo: “Prometo ser siempre fiel y obediente a mi Dios y Señor y a la Santa Iglesia. Prometo proclamar siempre a María como mi Reina y Madre, y hacer de su vida el modelo de la mía. Prometo confesar mi fe en ti, santo Protector mío, y promover celosamente la devoción a los Ángeles, que son protección y auxilio, de modo especial en estos días de tinieblas y lucha espiritual por el Reino de Dios”.

Te pido, Santo Ángel de la Guarda, toda la fuerza del amor divino, para que yo sea en él inflamado.

Te pido todo el valor de la fe para que nunca yo vacile.

Te pido que ésta mi íntima unión contigo sea para mí escudo protector contra todos los ataques del enemigo.

Finalmente te pido, Santo Ángel de la Guarda, la gracia de la humildad de la Santísima Virgen para que, imitándola en esa virtud, sea yo preservado de todos los peligros, y por ti guiado a la Patria celestial. Amén.

Oremos. Dios omnipotente, concédenos el auxilio de tus Ángeles y espíritus celestiales a fin de que por ellos seamos preservados de los ataques de Satanás, de modo que, por la Preciosa Sangre de Jesucristo y la intercesión de la Santísima Virgen María, libres de todos los peligros, podamos servirte en total fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

 

Letanías de los Santos Ángeles

 

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

 

Dios Padre, Creador de los Ángeles, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo, Señor de los Ángeles,

Dios Espíritu Santo, Vida de los Ángeles,

Trinidad Santa, Delicia de los Ángeles,

 

Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.

Todos los coros de los espíritus bienaventurados, rogad por nosotros.

Santos Serafines,

Santos Querubines,

Santos Tronos,

Santas Potestades,

Santas Dominaciones,

Santos Principados,

Santas Virtudes,

 

San Miguel Arcángel, ruega por nosotros.

Vencedor de Lucifer,

Ángel de la fe y de la humildad,

Preservador de la santa unción,

Patrono de los moribundos,

Príncipe de los ejércitos celestiales,

Acompañante de las almas de los difuntos,

 

San Gabriel, ruega por nosotros.

Santo Ángel de la Encarnación,

Fiel mensajero de Dios,

Ángel de la esperanza y de la paz,

Protector de los siervos de Dios,

Guardián del santo bautismo,

Patrono de los sacerdotes,

 

San Rafael Arcángel, ruega por nosotros.

Ángel del Divino Amor,

Vencedor del maligno enemigo,

Auxiliador en la gran necesidad,

Ángel del dolor y de la curación,

Patrono de los médicos,

Patrono de los caminantes y viajeros,

 

Grandes Arcángeles Santos, rogad por nosotros.

Ángeles del servicio ante el trono de Dios,

Ángeles del servicio a los hombres,

Santos Ángeles Guardianes, auxiliadores en nuestras necesidades,

Luces en nuestra oscuridad,

Apoyos en todo peligro,

Exhortadores de nuestra conciencia,

Intercesores ante el trono de Dios,

Escudos de defensa contra el enemigo maligno,

Constantes compañeros nuestros,

Segurísimos conductores nuestros,

Fidelísimos amigos nuestros,

Sabios consejeros nuestros,

Ejemplares en la obediencia,

Consoladores en el abandono,

Espejos de humildad y pureza,

Ángeles de nuestras familias,

Ángeles de nuestros sacerdotes,

Ángeles de nuestros pastores,

Ángeles de nuestros niños,

Ángeles de nuestras naciones,

Ángeles de la Santa Iglesia,

Todos los Santos Ángeles,

Asistidnos… en la vida

Asistidnos… en la muerte

En el cielo… os lo agradeceremos.

 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,

perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,

escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,

ten misericordia de nosotros.

 

  1. Dios dio a sus Ángeles para que cuiden de ti.
  2. Para que te guarden en todos tus caminos.

 

Oremos. Dios omnipotente, concédenos el auxilio de tus ángeles y espíritus celestiales a fin de que por ellos seamos preservados de los ataques de Satanás, de modo que por la Preciosa Sangre de Jesucristo y la intercesión de la Santísima Virgen María, libres de todos los peligros, podamos servirte en total fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

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Las fuertes Promesas a quien Invoque a los Ángeles con la Coronilla de San Miguel Arcángel

Una oración a los Coros angélicos.

El arcángel le dijo a la religiosa Sierva de Dios Antonia De Astónac, en una aparición aproximadamente por el año 1750, que deseaba ser honrado mediante la recitación de nueve salutaciones.

san miguel arcangel

Estas nueve plegarias corresponden a los nueve coros de ángeles. La corona consiste de un Padrenuestro y tres Ave Marías en honor de cada coro angelical.

PROMESAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

A los que practican esta devoción en su honor, San Miguel promete grandes bendiciones:

Enviar un ángel de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la Santa Comunión.

Además, a los que recitasen estas nueve salutaciones todos los días, les asegura que disfrutarán de su asistencia continua. Es decir, durante esta vida y también después de la muerte.

Aun mas, serán acompañados de todos los ángeles y con todos sus seres queridos, parientes y familiares para ser librados del Purgatorio.

San Miguel Arcangel mata a la serpiente

INDULGENCIAS

El Papa Pío IX concedió las siguientes indulgencias:

– Indulgencia parcial, a los que recen esta Corona con el corazón contrito.
– Indulgencia parcial, cada día que lleven consigo la Corona o besaren la medalla de los Santos Ángeles que cuelga de ella.
– Indulgencia plenaria una vez al mes, a aquellos que la rezaren diariamente, el día que escogieren, verdaderamente contritos, confesados y comulgados, rogando por las intenciones de su Santidad.
– Indulgencia plenaria, con las mismas condiciones, en las fiestas de la Aparición de San Miguel Arcángel (8 de mayo); de su Dedicación (29 de septiembre); y de los Santos Ángeles Custodios (2 de octubre).

 

CÓMO ES LA CORONILLA

En esta coronilla invocaremos a los nueve coros de ángeles. Después de cada invocación rezaremos 1 Padre Nuestro y 3 Avemarías. Ofreceremos esta coronilla por la Iglesia, para que sea defendida de todas las asechanzas del demonio, y por los que están más alejados de Dios.

iglesia de san miguel hamburgo

En el Nombre del Padre…
Se comienza la Corona rezando, la siguiente invocación:
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, etc.

1. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Serafines, enciende en nuestros corazones la llama de la perfecta caridad. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

2. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Querubines, dígnate darnos tu gracia para que cada día aborrezcamos más el pecado y corramos con mayor decisión por el camino de la santidad. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

3. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Tronos, derrama en nuestras almas el espíritu de la verdadera humildad. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

4. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Dominaciones, danos señorío sobre nuestros sentidos de modo que no nos dejemos dominar por las malas inclinaciones. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

5. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Principados, infunde en nuestro interior el espíritu de obediencia. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

6. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Potestades, dígnate proteger nuestras almas contra las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

7. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Virtudes, no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

8. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Arcángeles, concédenos el don de la perseverancia en la fe y buenas obras de modo que podamos llegar a la gloria del cielo. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

9. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Ángeles, dígnate darnos la gracia de que nos custodien durante esta vida mortal y luego nos conduzcan al Paraíso. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

San Miguel del Milagro en la iglesia de Tlaxcala

Se reza un Padre Nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
*En honor a San Miguel
*En honor a San Gabriel
*En honor a San Rafael
*En honor a nuestro Ángel de la Guarda

Glorioso San Miguel, caudillo y príncipe de los ejércitos celestiales, fiel custodio de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, familiar de la casa de Dios, admirable guía después de Jesucristo, de sobrehumana excelencia y virtud, dígnate librar de todo mal a cuantos confiadamente recurrimos a ti y haz que mediante tu incomparable protección adelantemos todos los días en el santo servicio de Dios.
V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo. 
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Oremos.
Todopoderoso y Eterno Dios, que por un prodigio de tu bondad y misericordia a favor de la común salvación de los hombres, escogiste por Príncipe de tu Iglesia al gloriosísimo Arcángel San Miguel, te suplicamos nos hagas dignos de ser librados por su poderosa protección de todos nuestros enemigos de modo que en la hora de la muerte ninguno de ellos logre perturbarnos, y podamos ser por él mismo introducidos en la mansión celestial para contemplar eternamente tu augusta y divina Majestad. Por los méritos de Jesucristo nuestro Señor. Amén.  

Si queremos, al final de la Coronilla a San Miguel Arcángel, podemos agregar la siguiente oración a María Reina de los Ángeles.

 

ORACIÓN A MARÍA REINA DE LOS ÁNGELES

Historia de esta oración. Ante el gran combate espiritual que libramos, Dios ha querido proveer por nosotros. Pero debemos rezar si deseamos su ayuda.

maria reina de los angeles

Escribe acerca de la Reina de los Ángeles el Venerable Luis Eduardo Cestac, fundador de la Congregación de las Siervas de María:

En 1863 un alma… sintió su mente elevada hacia la Santísima Virgen, quien le dijo que efectivamente, los demonios andaban sueltos por el mundo, y que había llegado la hora de rogarle como Reina de los Ángeles pidiéndole las legiones santas para combatir y aplastar los poderes infernales.

–”Madre mía”, dijo esta alma, “¿ya que sois tan buena, no podrías enviarlas sin que os rogáramos?”

–”No”, respondió la Santísima Virgen, “la oración es condición impuesta por Dios para alcanzar las gracias”.

– “Entonces, Madre mía”, dijo el alma “¿querrías enseñarme Vos la manera de rogaros?”

Y creyó escuchar la oración “Oh Augusta Reina…”

El señor Cestac fue el depositario de esta oración. Lo primero que hizo fue presentarla a Monseñor Lacroix, obispo de Bayona, quien le dio su aprobación. Inmediatamente mandó imprimir medio millón de ejemplares, que distribuyó gratis por todas partes.

No estará demás advertir que, durante la primera impresión, las máquinas se rompieron dos veces. La oración a la Reina de los Ángeles se extendió rápidamente y fue aprobada por muchos obispos y arzobispos.

San Pío X concedió trescientos días de indulgencia a quienes la rezaren.

¡Oh Augusta Reina de los Cielos
y Señora de los Ángeles!
Pues habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de la serpiente infernal; dignaos escuchar benigna las súplicas que humildemente os dirigimos; enviad las santas legiones para que, bajo vuestras órdenes, combatan a los demonios, donde quiera repriman su audacia y los persigan hasta precipitarlos al abismo.

¿Quién como Dios?
Santos Ángeles y Arcángeles, defendednos y guardadnos. ¡Oh buena y tierna Madre! Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza. ¡Oh divina Madre! Enviad los Santos Ángeles para defendernos y rechazar lejos al demonio, nuestro mortal enemigo. Amén. 

 

Fuente: http://forosdelavirgen.org/74405/invocando-a-los-angeles-con-la-coronilla-de-san-miguel-arcangel-14-01-15/#.VWiPqPhHcPQ.facebook

 

Las fuertes Promesas a quien Invoque a los Ángeles con la Coronilla de San Miguel Arcángel

Una oración a los Coros angélicos.

El arcángel le dijo a la religiosa Sierva de Dios Antonia De Astónac, en una aparición aproximadamente por el año 1750, que deseaba ser honrado mediante la recitación de nueve salutaciones.

san miguel arcangel

Estas nueve plegarias corresponden a los nueve coros de ángeles. La corona consiste de un Padrenuestro y tres Ave Marías en honor de cada coro angelical.

PROMESAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

A los que practican esta devoción en su honor, San Miguel promete grandes bendiciones:

Enviar un ángel de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la Santa Comunión.

Además, a los que recitasen estas nueve salutaciones todos los días, les asegura que disfrutarán de su asistencia continua. Es decir, durante esta vida y también después de la muerte.

Aun mas, serán acompañados de todos los ángeles y con todos sus seres queridos, parientes y familiares para ser librados del Purgatorio.

San Miguel Arcangel mata a la serpiente

INDULGENCIAS

El Papa Pío IX concedió las siguientes indulgencias:

– Indulgencia parcial, a los que recen esta Corona con el corazón contrito.
– Indulgencia parcial, cada día que lleven consigo la Corona o besaren la medalla de los Santos Ángeles que cuelga de ella.
– Indulgencia plenaria una vez al mes, a aquellos que la rezaren diariamente, el día que escogieren, verdaderamente contritos, confesados y comulgados, rogando por las intenciones de su Santidad.
– Indulgencia plenaria, con las mismas condiciones, en las fiestas de la Aparición de San Miguel Arcángel (8 de mayo); de su Dedicación (29 de septiembre); y de los Santos Ángeles Custodios (2 de octubre).

 

CÓMO ES LA CORONILLA

En esta coronilla invocaremos a los nueve coros de ángeles. Después de cada invocación rezaremos 1 Padre Nuestro y 3 Avemarías. Ofreceremos esta coronilla por la Iglesia, para que sea defendida de todas las asechanzas del demonio, y por los que están más alejados de Dios.

iglesia de san miguel hamburgo

En el Nombre del Padre…
Se comienza la Corona rezando, la siguiente invocación:
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, etc.

1. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Serafines, enciende en nuestros corazones la llama de la perfecta caridad. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

2. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Querubines, dígnate darnos tu gracia para que cada día aborrezcamos más el pecado y corramos con mayor decisión por el camino de la santidad. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

3. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Tronos, derrama en nuestras almas el espíritu de la verdadera humildad. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

4. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Dominaciones, danos señorío sobre nuestros sentidos de modo que no nos dejemos dominar por las malas inclinaciones. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

5. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Principados, infunde en nuestro interior el espíritu de obediencia. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

6. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Potestades, dígnate proteger nuestras almas contra las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

7. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Virtudes, no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

8. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Arcángeles, concédenos el don de la perseverancia en la fe y buenas obras de modo que podamos llegar a la gloria del cielo. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

9. Todopoderoso y eterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Ángeles, dígnate darnos la gracia de que nos custodien durante esta vida mortal y luego nos conduzcan al Paraíso. Amén.
(1 Padre Nuestro y 3 Avemarías)

San Miguel del Milagro en la iglesia de Tlaxcala

Se reza un Padre Nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
*En honor a San Miguel
*En honor a San Gabriel
*En honor a San Rafael
*En honor a nuestro Ángel de la Guarda

Glorioso San Miguel, caudillo y príncipe de los ejércitos celestiales, fiel custodio de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, familiar de la casa de Dios, admirable guía después de Jesucristo, de sobrehumana excelencia y virtud, dígnate librar de todo mal a cuantos confiadamente recurrimos a ti y haz que mediante tu incomparable protección adelantemos todos los días en el santo servicio de Dios.
V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo. 
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Oremos.
Todopoderoso y Eterno Dios, que por un prodigio de tu bondad y misericordia a favor de la común salvación de los hombres, escogiste por Príncipe de tu Iglesia al gloriosísimo Arcángel San Miguel, te suplicamos nos hagas dignos de ser librados por su poderosa protección de todos nuestros enemigos de modo que en la hora de la muerte ninguno de ellos logre perturbarnos, y podamos ser por él mismo introducidos en la mansión celestial para contemplar eternamente tu augusta y divina Majestad. Por los méritos de Jesucristo nuestro Señor. Amén.  

Si queremos, al final de la Coronilla a San Miguel Arcángel, podemos agregar la siguiente oración a María Reina de los Ángeles.

 

ORACIÓN A MARÍA REINA DE LOS ÁNGELES

Historia de esta oración. Ante el gran combate espiritual que libramos, Dios ha querido proveer por nosotros. Pero debemos rezar si deseamos su ayuda.

maria reina de los angeles

Escribe acerca de la Reina de los Ángeles el Venerable Luis Eduardo Cestac, fundador de la Congregación de las Siervas de María:

En 1863 un alma… sintió su mente elevada hacia la Santísima Virgen, quien le dijo que efectivamente, los demonios andaban sueltos por el mundo, y que había llegado la hora de rogarle como Reina de los Ángeles pidiéndole las legiones santas para combatir y aplastar los poderes infernales.

–”Madre mía”, dijo esta alma, “¿ya que sois tan buena, no podrías enviarlas sin que os rogáramos?”

–”No”, respondió la Santísima Virgen, “la oración es condición impuesta por Dios para alcanzar las gracias”.

– “Entonces, Madre mía”, dijo el alma “¿querrías enseñarme Vos la manera de rogaros?”

Y creyó escuchar la oración “Oh Augusta Reina…”

El señor Cestac fue el depositario de esta oración. Lo primero que hizo fue presentarla a Monseñor Lacroix, obispo de Bayona, quien le dio su aprobación. Inmediatamente mandó imprimir medio millón de ejemplares, que distribuyó gratis por todas partes.

No estará demás advertir que, durante la primera impresión, las máquinas se rompieron dos veces. La oración a la Reina de los Ángeles se extendió rápidamente y fue aprobada por muchos obispos y arzobispos.

San Pío X concedió trescientos días de indulgencia a quienes la rezaren.

¡Oh Augusta Reina de los Cielos
y Señora de los Ángeles!
Pues habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de la serpiente infernal; dignaos escuchar benigna las súplicas que humildemente os dirigimos; enviad las santas legiones para que, bajo vuestras órdenes, combatan a los demonios, donde quiera repriman su audacia y los persigan hasta precipitarlos al abismo.

¿Quién como Dios?
Santos Ángeles y Arcángeles, defendednos y guardadnos. ¡Oh buena y tierna Madre! Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza. ¡Oh divina Madre! Enviad los Santos Ángeles para defendernos y rechazar lejos al demonio, nuestro mortal enemigo. Amén. 

via: http://forosdelavirgen.org/74405/invocando-a-los-angeles-con-la-coronilla-de-san-miguel-arcangel-14-01-15/#.VWiPqPhHcPQ.facebook

Texto completo del exorcismo de Leon xiii invocando a San Miguel Arcangel

VISIÓN DE LEÓN XIII
LA ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

miguel.jpg

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla;

sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes,

y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,

arroja al infierno con el divino poder a Satanás

y a los demás espíritus malignos

que andan dispersos por el mundo

para la perdición de las almas.

Amén

¿Cómo nació esta oración?

El padre Domenico Pechenino escribe: “No recuerdo el año exacto. Una mañana el Sumo Pontífice León XIII había celebrado la santa misa y estaba asistiendo a otra de agradecimiento, como era habitual. De pronto, le vi levantar enérgicamente la cabeza y luego mirar algo por encima del celebrante. Miraba fijamente, sin parpadear, pero con un aire de terror y de maravilla, demudado. Algo extraño, grande, le ocurría.

Finalmente, como volviendo en sí, con un ligero pero enérgico ademán, se levanta. Se le ve encaminarse hacia un despacho privado. Los familiares le siguen con premura y ansiedad. Le dicen en voz baja: “Santo Padre, ¿no se siente bien? ¿Necesita algo?” Responde: “Nada, nada”. Luego comentaría: «Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar a todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás le pidió permiso a Dios de tener 100 años para influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo». Pudo ver también a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con su legiones en el abismo del infierno.

Se encierra en su despacho, y al cabo de media hora hace llamar al secretario de la Congregación de Ritos y, dándole un folio, le manda imprimirlo y enviarlo a todos los obispos diocesanos del mundo. ¿Qué contenía? La oración que rezamos al final de la misa junto con el pueblo, con la súplica a María y la encendida invocación al príncipe de las milicias celestiales, implorando a Dios que vuelva a lanzar a Satanás al infierno”.

En aquel escrito se ordenaba también rezar esas oraciones de rodillas. Lo antes escrito, que también había sido publicado en el periódico La settimana del clero el 30 de marzo de 1947, no cita las fuentes de las que se tomó la noticia. Pero de ello resulta el modo insólito en que se ordenó rezar esa plegaria, que fue expedida a los obispos diocesanos en 1886. Como confirmación de la que escribió el padre Pechenino tenemos el autorizado testimonio del cardenal Nasalli Rocca que, en su carta pastoral para la cuaresma, publicada en Bolonia en 1946, escribe:

“León XIII escribió él mismo esa oración. La frase [los demonios] “que vagan por el mundo para perdición de las almas” tiene una explicación histórica, que nos fue referida varias veces por su secretario particular, monseñor Rinaldo Angeli. León XIII experimentó verdaderamente la visión de los espíritus infernales que se concentraban sobre la Ciudad Eterna (Roma); de esa experiencia surgió la oración que quiso hacer rezar en toda la Iglesia. El la rezaba con voz vibrante y potente: la oímos muchas veces en la basílica vaticana. No sólo esto, sino que escribió de su puño y letra un exorcismo especial contenido en el Ritual romano (edición de 1954, tít. XII, c. III, pp. 863 y ss.). El recomendaba a los obispos y los sacerdotes que rezaran a menudo ese exorcismo en sus diócesis parroquiales. El, por su parte, lo rezaba con mucha frecuencia a lo largo del día”.

sancte-michael.jpg

EXORCISMO CONTRA SATANÁS Y LOS ÁNGELES REBELDES

Publicado por orden de Su Santidad León XIII

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Salmo 67.
Levántese Dios y sean dispersados sus enemigos y huyan de su presencia los que le odian.
Como se disipa el humo se disipen ellos, como, se derrite la cera ante el fuego, así perecerán los impíos ante Dios.

Salmo 34.
Señor, pelea contra los que me atacan; combate a los que luchan contra mí.
Sufran una derrota y queden avergonzados los que me persiguen a muerte.
Vuelvan la espalda llenos de oprobio los que maquinan mi perdición.
Sean como polvo frente al viento cuando el Ángel del Señor los desbarate.
Sea su camino oscuro y resbaladizo, cuando el Ángel del Señor los persiga.
Porque sin motivo me tendieron redes de muerte, sin razón me abrieron trampas mortales.
Que les sorprenda un desastre imprevisto, que los enrede la red que para mí escondieron; que caigan en la misma trampa que me abrieron. Mi alma se alegra con el Señor y gozará de su salvación.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Súplica a San Miguel Arcángel.
Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires” (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y a tan “alto precio rescatados” (I Cor. 6, 20) de la tiranía del demonio. Con las huestes de los ángeles buenos pelea hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia y contra sus ángeles apóstatas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo. “Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente el denominado diablo y Satanás, el seductor del universo: fue precipitado a la tierra y con él fueron arrojados sus ángeles” (Apoc. 12,.8-9).

He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de “ángel de luz” (II Cor. 11, 14) con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.

Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.

La Iglesia te venera como su guardián y patrono, se gloría que eres su defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la suprema felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor (Salmo 78, 8), y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las naciones (Apoc. 20). Sigue…

Después de esto, confiados en tu protección y patrocinio, con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia, nos disponemos a rechazar la peste de los fraudes diabólicos, confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.

He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.

R. Ha vencido el León de la tribu de Judá, la raíz de David.
Señor, que tu misericordia venga sobre nosotros.
R. Como lo esperamos de Ti.
Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
(El Señor esté con vosotros. (Sólo si es un sacerdote)
R. Y con tu espíritu).

Oremos. Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu santo Nombre y suplicantes imploramos tu clemencia, para que, por la intercesión de la Inmaculada siempre Virgen María Madre de Dios, del Arcángel San Miguel, de San José Esposo de la Santísima Virgen, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, te dignes prestarnos tu auxilio contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos que vagan por el mundo para dañar al género humano y para la perdición de las almas. Amén.

Exorcismo: Te exorcizamos todo espíritu maligno, poder satánico, ataque del infernal adversario, legión, concentración y secta diabólica, en el nombre y virtud de Nuestro Señor Jesu + cristo, para que salgas y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas por la preciosa Sangre del Divino Cordero +. En adelante no oses, perfidísima serpiente, engañar al género humano, perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el trigo +. Te lo manda Dios Altísimo, a quien en tu insolente soberbia aún pretendes asemejarte, “el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (II Tim. 2). Te lo manda Dios Padre + te lo manda Dios Hijo +; te lo manda Dios Espíritu Santo +. Te lo manda la majestad de Cristo, el Verbo eterno de Dios hecho hombre, quien para salvar a la estirpe perdida por tu envidia, “se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte” (Fil. 2); el cual edificó su Iglesia sobre roca firme, y reveló que los “poderes del infierno nunca prevalecerían contra ella, Él mismo había de permanecer con ella todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mat. 28, 20). Te lo manda el santo signo de la Cruz y la virtud de todos los Misterios de la fe cristiana +. Te lo manda la excelsa Madre de Dios, la Virgen María, quien con su humildad desde el primer instante de su Inmaculada Concepción aplastó tu orgullosa cabeza +.

Te lo manda la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los demás Apóstoles +. Te lo manda la sangre de los mártires y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas +. Por tanto, maldito dragón y toda legión diabólica, te conjuramos por Dios + vivo, por Dios + verdadero, por Dios + santo, que “de tal modo amó al mundo que entrego a su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que viva la vida eterna” (Juan 3); cesa de engañar a las criaturas humanas y deja de suministrarles el veneno de la eterna perdición; deja de dañar a la Iglesia y de poner trabas a su libertad. Huye Satanás, inventor y maestro de toda falacia, enemigo de la salvación de los hombres. Retrocede ante Cristo, en quien nada has hallado semejante a tus obras. Retrocede ante la Iglesia una, santa, católica y apostólica, la que el mismo Cristo adquirió con su Sangre. Humíllate bajo la poderosa mano de Dios. Tiembla y huye, al ser invocado por nosotros el santo y terrible Nombre de Jesús, ante el que se estremecen los infiernos, a quien están sometidas las Virtudes de los cielos, las Potestades y las Dominaciones; a quien los Querubines y Serafines alaban con incesantes voces diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos.

Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.
(El Señor esté con vosotros. (Sólo si es un sacerdote)
R. Y con tu espíritu).

Oremos. Dios del Cielo y de la tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes, Dios que tienes el poder de dar la vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios fuera de Ti, ni puede haber otros sino Tú mismo, Creador de todo lo visible y lo invisible, cuyo reino no tendrá fin: humildemente te suplicamos que tu gloriosa Majestad se digne libramos eficazmente y guardamos sanos de todo poder, lazo, mentira y maldad de los espíritus infernales. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

De las asechanzas del demonio.
R. Líbranos, Señor.
Haz que tu Iglesia te sirva con segura libertad.
R. Te rogamos, óyenos.
Dígnate humillar a los enemigos de tu Iglesia.
R. Te rogamos, óyenos.

(Se rocía con agua bendita el lugar y a los presentes).

Señor, no recuerdes nuestros delitos ni los de nuestros padres, ni tomes venganza de nuestros pecados (Tobías 3, 3).

Padre nuestro …

 

Via http://radiocristiandad.wordpress.com/2014/11/18/texto-completo-del-exorcismo-de-leon-xiii-invocando-a-san-miguel-arcangel/

EXORCISMO DE LEON XIII COMPLETO

EXORCISMO CONTRA SATANÁS Y LOS ÁNGELES REBELDES

San Miguel

Publicado por orden de Su Santidad León XIII

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Salmo 67.
Levántese Dios y sean dispersados sus enemigos y huyan de su presencia los que le odian.
Como se disipa el humo se disipen ellos, como, se derrite la cera ante el fuego, así perecerán los impíos ante Dios.

Salmo 34.
Señor, pelea contra los que me atacan; combate a los que luchan contra mí.
Sufran una derrota y queden avergonzados los que me persiguen a muerte.
Vuelvan la espalda llenos de oprobio los que maquinan mi perdición.
Sean como polvo frente al viento cuando el Ángel del Señor los desbarate.
Sea su camino oscuro y resbaladizo, cuando el Ángel del Señor los persiga.
Porque sin motivo me tendieron redes de muerte, sin razón me abrieron trampas mortales.
Que les sorprenda un desastre imprevisto, que los enrede la red que para mí escondieron; que caigan en la misma trampa que me abrieron. Mi alma se alegra con el Señor y gozará de su salvación.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Súplica a San Miguel Arcángel. 
Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires” (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y a tan “alto precio rescatados” (I Cor. 6, 20) de la tiranía del demonio. Con las huestes de los ángeles buenos pelea hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia y contra sus ángeles apóstatas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo. “Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente el denominado diablo y Satanás, el seductor del universo: fue precipitado a la tierra y con él fueron arrojados sus ángeles” (Apoc. 12,.8-9).

He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de “ángel de luz” (II Cor. 11, 14) con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.

Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.

La Iglesia te venera como su guardián y patrono, se gloría que eres su defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la suprema felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor (Salmo 78, 8), y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las naciones (Apoc. 20).  Sigue…

Después de esto, confiados en tu protección y patrocinio, con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia, nos disponemos a rechazar la peste de los fraudes diabólicos, confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.

He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.

R. Ha vencido el León de la tribu de Judá, la raíz de David.
Señor, que tu misericordia venga sobre nosotros.
R. Como lo esperamos de Ti.
Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
(El Señor esté con vosotros. (Sólo si es un sacerdote)
R. Y con tu espíritu).

Oremos. Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu santo Nombre y suplicantes imploramos tu clemencia, para que, por la intercesión de la Inmaculada siempre Virgen María Madre de Dios, del Arcángel San Miguel, de San José Esposo de la Santísima Virgen, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, te dignes prestarnos tu auxilio contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos que vagan por el mundo para dañar al género humano y para la perdición de las almas. Amén.

Exorcismo: Te exorcizamos todo espíritu maligno, poder satánico, ataque del infernal adversario, legión, concentración y secta diabólica, en el nombre y virtud de Nuestro Señor Jesu + cristo, para que salgas y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas por la preciosa Sangre del Divino Cordero +. En adelante no oses, perfidísima serpiente, engañar al género humano, perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el trigo +. Te lo manda Dios Altísimo, a quien en tu insolente soberbia aún pretendes asemejarte, “el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (II Tim. 2). Te lo manda Dios Padre + te lo manda Dios Hijo +; te lo manda Dios Espíritu Santo +. Te lo manda la majestad de Cristo, el Verbo eterno de Dios hecho hombre, quien para salvar a la estirpe perdida por tu envidia, “se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte” (Fil. 2); el cual edificó su Iglesia sobre roca firme, y reveló que los “poderes del infierno nunca prevalecerían contra ella, Él mismo había de permanecer con ella todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mat. 28, 20). Te lo manda el santo signo de la Cruz y la virtud de todos los Misterios de la fe cristiana +. Te lo manda la excelsa Madre de Dios, la Virgen María, quien con su humildad desde el primer instante de su Inmaculada Concepción aplastó tu orgullosa cabeza +.

Te lo manda la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los demás Apóstoles +. Te lo manda la sangre de los mártires y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas +. Por tanto, maldito dragón y toda legión diabólica, te conjuramos por Dios + vivo, por Dios + verdadero, por Dios + santo, que “de tal modo amó al mundo que entrego a su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que viva la vida eterna” (Juan 3); cesa de engañar a las criaturas humanas y deja de suministrarles el veneno de la eterna perdición; deja de dañar a la Iglesia y de poner trabas a su libertad. Huye Satanás, inventor y maestro de toda falacia, enemigo de la salvación de los hombres. Retrocede ante Cristo, en quien nada has hallado semejante a tus obras. Retrocede ante la Iglesia una, santa, católica y apostólica, la que el mismo Cristo adquirió con su Sangre. Humíllate bajo la poderosa mano de Dios. Tiembla y huye, al ser invocado por nosotros el santo y terrible Nombre de Jesús, ante el que se estremecen los infiernos, a quien están sometidas las Virtudes de los cielos, las Potestades y las Dominaciones; a quien los Querubines y Serafines alaban con incesantes voces diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos.

Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.
(El Señor esté con vosotros. (Sólo si es un sacerdote)
R. Y con tu espíritu).

Oremos. Dios del Cielo y de la tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes, Dios que tienes el poder de dar la vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios fuera de Ti, ni puede haber otros sino Tú mismo, Creador de todo lo visible y lo invisible, cuyo reino no tendrá fin: humildemente te suplicamos que tu gloriosa Majestad se digne libramos eficazmente y guardamos sanos de todo poder, lazo, mentira y maldad de los espíritus infernales. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

De las asechanzas del demonio.
R. Líbranos, Señor.
Haz que tu Iglesia te sirva con segura libertad.
R. Te rogamos, óyenos.
Dígnate humillar a los enemigos de tu Iglesia.
R. Te rogamos, óyenos.

(Se rocía con agua bendita el lugar y a los presentes).

Señor, no recuerdes nuestros delitos ni los de nuestros padres, ni tomes venganza de nuestros pecados (Tobías 3, 3).

Padre nuestro …

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